MELILLA HOY

junio 27, 2022 10:30

Sublime ambientación y fotografía para una historia amena

Hoy vamos a hablar de la nueva película del director mexicano Guillermo del Toro: ‘El callejón de las almas perdidas’, adaptación de la novela de William Lindsay Gresham llevada anteriormente al cine en 1947.

No vamos a comentar su sinopsis porque es mejor adentrarse en ella si es posible sin saber nada de su planteamiento, simplemente vamos a analizar los aspectos técnicos y artísticos del filme sin desvelar detalles de la trama.
Lo primero que destaca nada más comenzar el filme es su cuidada ambientación, que nos envuelve y traslada a la época en que se desarrollan los acontecimientos desde el primer instante. La atmósfera es opresora y atrayente a partes iguales, provocando que queramos saber más sobre este particular mundo y los personajes que lo pueblan. Los acontecimientos se van desarrollando muy lentamente, sustentados principalmente por dicha atmósfera mística y seductora conseguida a la perfección gracias a un diseño de producción y vestuarios magistrales.
Las interpretaciones son correctas, pero viendo el reparto tan espectacular que tenemos (Bradley Cooper, Rooney Mara, Cate Blanchett, Toni Collette, Willem Dafoe, Ron Perlman…) no se puede dejar de tener la sensación durante todo el metraje de que la gran mayoría están desaprovechados y sus papeles no consiguen extraer todo el potencial que podrían alcanzar. Si bien es cierto que casi todos tienen algún pequeño momento en que sus personajes pueden brillar, al terminar la película tenemos la sensación de que todos ellos podían haber extraído mucho más de unos personajes complejos y atormentados si hubiesen tenido oportunidad de desarrollarlos plenamente.

La fotografía es otro de los puntos fuertes del filme, con una iluminación cuidada y un espléndido uso del humo y las sombras, lo que ayuda a acrecentar el aura de misterio y misticismo que impregna todo el filme. La composición de todos los planos está milimétricamente estudiada, con un uso de la steady-cam en constante movimiento que aporta gran dinamismo a muchas conversaciones que suceden mientras los personajes recorren los exquisitos escenarios, durante las cuales sigue estando presente el mimo por el detalle del cineasta mexicano en cada elemento que vemos en pantalla.
La historia que se nos presenta es bastante sencilla, sustentando casi todo el peso la ambientación y el buen hacer del equipo técnico y artístico del filme, quienes impulsan el proyecto y consiguen que el espectador se enganche a la historia desde la primera imagen del filme (enormemente evocadora y poderosa, por cierto). La historia está dividida en dos partes claramente diferenciadas, siendo la primera hora mucho más evocadora, intrigante y mística, pero con un segundo acto correcto que hace avanzar la trama hasta su sorprendente desenlace.
En definitiva, estamos ante una película muy disfrutable que, pese a su lentitud en el avance de la trama, consigue que se nos pasen volando las dos horas y media que dura, pero que al llegar al final tenemos una leve sensación de que se podía haber sacado más provecho a los personajes y situaciones. Pese a todo, un filme muy disfrutable y recomendable.

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