Siete años de un gran susto

Hoy se cumplen siete años de aquel 25 de enero de 2016, el día en que Melilla sufrió uno de los mayores temblores de tierra su historia. El tercero en magnitud, para ser más exactos, tras alcanzar los 6,3 grados en la escala Richter, provocando momentos de nervios, miedos y no pocos daños que tardaron tiempo en ser reparados del todo.
El Gobierno de la Nación y la Ciudad Autónoma, a través de un plan de ayuda a los damnificados, y el Consorcio de Compensación de Seguros, en el caso de aquellos que tenían seguro de hogar, hicieron frente a buena parte de los gastos para arreglar los desperfectos ocasionados en casas y edificios.
Arreglar las cicatrices que dejó el terremoto en forma de grietas y desperfectos en paredes y fachadas como consecuencia del temblor de tierra supuso, en muchos casos, una oportunidad para que el patrimonio de Melilla recuperara su esplendor. Ejemplos de ello fueron el Palacio de la Asamblea y el Casino Militar, edificios enclavados en el corazón de nuestra ciudad, que lucen más bonitos que antes del 25 de enero de 2016 gracias a las obras que hubo que hacer en ellos.
En otros casos, la oportunidad fue cultural e histórica. Porque gracias a las obras que hubo que hacer en la Iglesia de la Purísima Concepción como consecuencia del terremoto, se encontraron restos que han dado paso a complejas excavaciones arqueológicas, con un resultado de gran valor para nuestra historia. Los trabajos siguen y todo apunta a que la iglesia del Pueblo no recuperará en un tiempo prudencial la normalidad que tenía hasta hace siete años.
Esta revalorización de nuestro patrimonio histórico artístico que se ha conseguido en Melilla tras las rehabilitaciones que se han llevado a cabo a raíz del terremoto nos lleva a una conclusión clara, y es que no falla el dicho popular de «no hay mal que por bien no venga». Está claro que el terremoto fue un trago amargo para todos, sobre todo para la treintena de ciudadanos que sufrieron heridas y los más de 300 que tuvieron que ser desalojados de sus casas. También para miles de personas que, sin tener que salir de sus casas, sufrieron daños en sus propiedades. Pero Melilla logró pasar página de manera ejemplar, aprovechando un mal momento para darle la vuelta y buscar el lado positivo. Con eso tenemos que quedarnos siete años después de que la tierra temblara dándonos un gran susto aquella madrugada del 25 de enero de 2016, que quedará grabada, sin duda, en la memoria de todos durante mucho tiempo.

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