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Pedro Sánchez en EEUU

El reciente viaje de Pedro Sánchez a los Estados Unidos ha sido el perfecto ejemplo del fracaso de su Gobierno. No hubo visita a la Casa Blanca, ni siquiera el paseíllo de 29 segundos con Biden en la sede de la OTAN, ante lo cual la propaganda de Moncloa presentó el periplo como un viaje de contenido económico.

Éste consistió en una serie de visitas semiturísticas a diversas instituciones y un par de reuniones con inversores y empresarios de segunda fila. No le prometieron inversión alguna y lo que hicieron fue cantarle las cuarenta: un gabinete español del que forman parte comunistas no supone garantía para las empresas. 

La confirmación de ese radicalismo fue la negativa de Sánchez a considerar la tiranía cubana como una dictadura -¡después de 62 años!- y la petición de que Estados Unidos suprima el embargo a la isla, precisamente cuando el régimen de La Habana reprimía con dureza a los manifestantes que reclamaban pacíficamente libertad. 

La inoperancia de la visita se puso de manifiesto en la atención que recibió Sánchez por parte del diario económico por excelencia, The Wall Street Journal. El periódico no dedicó ni una sola línea al presidente español, prueba de la inutilidad de sus actividades. En cambio, durante esos días publicó un elogioso artículo sobre el salmorejo.

De manera incomprensible, a pesar de encontrarse en Los Ángeles, Pedro Sánchez no incluyó entre sus actividades una visita a los estudios Universal ni a Disneylandia. Hubiera disfrutado mucho. En lugar de ello, se dedicó a descalificar en entrevistas televisivas a la oposición española, lo que constituye una infamia cuando se efectúa en un país extranjero. Supone desconocer las normas más elementales de cortesía política, así como del patriotismo.

Tampoco faltaron ocurrencias, la más destacada proponer que España se convierta en un nuevo Hollywood. Como una de sus principales cualidades es la ignorancia, desconoce que en los años Sesenta, antes de que él naciera, se rodaron en España, entre muchas otras, películas como “Espartaco”, “Doctor Zhivago”, “55 días en Pekín”, “Lawrence de Arabia” y “Patton”. 

Cualquier día de estos, Pedro Sánchez será capaz de descubrir el Mediterráneo.

De momento, su política exterior ha cometido una nueva pifia al recomendar o permitir la asistencia del rey Felipe VI a la toma de posesión del nuevo presidente de Perú, Castillo, un tipo que imita a personajes de Tintín y que efectuó una proclama antiespañola en su discurso de toma de posesión. Sus palabras fueron una completa falsedad, tanto por la apelación a un indigenismo ajeno a la realidad histórica – que fue cruel, despótica y miserable-, como por la descalificación de una Monarquía Hispánica que fue el Imperio más decente que ha conocido la Humanidad. 

Al Gobierno, en todo caso, le ha salido un serio competidor en el campeonato de la tontería. Se trata del presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, que promovió la abstención del PP en la declaración del líder de Vox, Santiago Abascal, como “persona non grata”. 

Ha sido una doble indignidad, por el hecho en sí y por la circunstancia de que su promotora, Fatima Hamed, ha participado en actos de contenido antisemita y propaganda integrista.

Como estamos en días olímpicos, a Vivas le corresponde subir a lo más alto del podio. En lugar de medalla, debería recibir una tiza colgada de una artística cadenilla, para ser la expresión misma del dicho “le gusta más que a un tonto una tiza”. 

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