MELILLA HOY

Que los árboles nos dejen de ver el bosque

Desde mi otero/ Por Francisco Robles

Usando el refranero, y para no citar el parto de la pobre abuela, traigo el de “mentiras y olas nunca viene solas”, tal vez incluso más apropiado por las olas que la COVID-19 viene arrojando sobre nosotros a la largo ya de más de dos años –y también por las mentiras y triquiñuelas sobre ella, de los que nos gobiernan y la gestionan-; y es que al hecho cierto de las muchas y variadas desgracias que nos ha traído la pandemia, se ha unido la de otra enfermedad vírica conocida como viruela de los monos.

El dr. Fernando Simón, quién incompresiblemente continúa siendo director del Centro Coordinador de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, y que debería de tentarse la ropa antes de hacer estos augurios –por sus antecedentes durante la pandemia-, ha minimizado su posible incidencia en España; afortunadamente, ni su incidencia actual ni sus datos conocidos, hacen prever que tanto el aumento del número de casos como su mayor extensión geográfica –saliendo de las zonas donde era endémico- observadas, pueda ni de lejos asemejar la situación que origine, a la crisis sanitaria mundial del virus sars cov 2, causante de la Covid-19.
Es cierto que la nueva enfermedad, su virus causal fue descubierto en 1958 y el primer caso humano fue descrito en 1970, ha salido fuera de su zona endémica –África central y occidental- de forma notoria; y que Europa es el continente con mayor número de casos (+80) del actual repunte -de los que España tiene ya la mitad de casos-, del total de casos fuera de África.
Sin embargo, los expertos –tanto nacionales como internacionales- consideran muy improbable que se llegue a dar una epidemia de dimensiones considerables, tanto por su baja contagiosidad como por la poca relevancia del cuadro clínico que causa, salvo en personas con enfermedades previas que posibiliten su paso a casos graves.
Por lo tanto no nos despistemos de enemigo, y para ello nada mejor que el recordar que en esta fecha, la COVID es responsable confirmada de más de 525 millones de casos en el mundo –de ellos más de 12 millones en España-, y de más de 6 millones de muertos –oficialmente, más de 105.000 en España-; y aunque es comprensible la preocupación de la opinión pública por un problema nuevo y desconocido para ella, se deben de seguir priorizando tanto la atención –de los que gobiernan, de los medios y de la población- como las actividades preventivas, hacia la epidemia del covid-19.
Porque la pandemia Covid-19 ni mucho menos se está acabando, y a la previsible caída de la inmunidad inducida por las vacunas, que sí o sí, debería de llevarnos a nuevas estrategias de revacunación –el verano es el portal para ellas-, se une la situación de la vacunación, ya que de los casi 8000 millones de personas que viven en el mundo, han recibido una dosis 5170 millones (más del 66%), y esto es una verdadera espada de Damocles para el mundo globalizado en el que vivimos, en tanto se consiga un porcentaje de protección eficaz.
Hasta entonces deberemos de seguir observando las medidas personales de prevención, especialmente fuera de nuestro ámbito habitual –familiar, social, laboral y de residencia-.
N.A.- La reciente apertura de la frontera –¿nadie lo imaginaba?-, ha supuesto la mejor “campaña de sensibilización” para la vacunación en nuestra población, al menos de esa parte de la población reacia a vacunarse por diferentes motivos y todos de carácter espurio; a la saturación de los servicios documentales, se une la de los servicios de vacunación, y todo ello causado por una actitud tan insolidaria e irresponsable como incomprensible de estos melillenses. Ello no debe de ser óbice para vacunar a la mayor cantidad posible de melillenses, porque la salud de toda la población lo agradecerá.

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