Para mi abuelo

Paula Alfaya Remartínez

Ojalá esto no se hubiese escrito nunca. 

Despedirme de ti ha sido la cosa más complicada que he hecho en toda mi vida. 

Todavía no lo entiendo por más que lo piense. En mi cabeza no cabe la idea de no verte nunca más. 

Cuantas veces habré escuchado estos días: “Así es la vida”. Si así es la vida, libremente digo que no estoy preparada para vivirla. 

¿Dónde te enseñan a vivir sin los que más quieres? 

¿Cómo se les puede recordar sin que se te parta el corazón sabiendo que nunca más van a estar a tu lado? 

Nuestro último abrazo fue distinto. 

Te pedí que me apretases fuerte la mano porque necesitaba que supieses que estaba ahí contigo y así lo hiciste. 

Nuestro último te quiero fue bajito, pero con el que más esfuerzo pronunciaste. 

Abuelo, te prometo que no habrá ni un solo día en el que no me acuerde de ti. 

 Esta pena que llevo por dentro es el precio de haberte disfrutado tanto, y solo por eso soy capaz de soportar tanto dolor. 

Te has llevado un trozo de mi vida.

Yo me quedo aquí abuelo, cuidándote a lo que más quieres en este mundo, tus niñas Pilar y Alicia. 

Solo espero estés sintiendo tan cerca como dentro llevo esto que te escribo.

Es mi forma de desahogarme y de quitarme este punzón con el que llevo 5 días en la garganta. 

Gracias por haber sido el piloto y el motor de este avión al que yo llamo FAMILIA.

Estoy segura de que gracias a ellos podré seguir adelante. 

Ahora vas a volar tan alto como lo hacías con tu avioneta.

Te admiro y te quiero con todo mi corazón y mi alma Abuelo. 

¡Qué orgullo ser tu nieta! 

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