Carta del Editor.MH, 22/2/2026
Enrique Bohórquez López-Dóriga
Lo que empezó como una visita de cortesía terminó en una entrevista del director del periódico, Mustafa Hamed, y mía al director del Centro Tecnológico de Melilla, Pablo Martínez Catalán, firmemente convencido -como Musti destaca en otra página de hoy del periódico- de que Melilla “es puntera en infraestructuras de telecomunicaciones”.
Yo conozco y soy amigo de Pablo desde hace muchos años, desde que, en 1988 -tres años después del nacimiento del periódico- llegó a Melilla, como soldado y, como destacado jugador de tenis, empezó a trabajar en La Hípica, entonces una institución deportiva (muy por encima de lo que, desafortunadamente, la histórica Hípica es hoy) en la que yo jugué -mucho y muy bien- al baloncesto, en mi infancia, y estaba jugando -bien, pero no tan bien- al tenis, cuando Pablo llegó.
Pablo Martínez: “es importante tener ilusión y creer que algo es posible; si se pone empeño en llevarlo a cabo y se dispone de recursos económicos, es posible cualquier cosa, y en Melilla tenemos los recursos y medios suficientes para hacer, entre todos, una gran ciudad en la que podamos vivir nosotros y nuestras futuras generaciones”.
Pablo tenía -y sigue teniendo- un destacado sentido empresarial, así que contribuyó mucho al desarrollo del tenis en La Hípica, como ahora, y desde hace ya muchos años, está haciendo en toda Melilla desde su posición como presidente de la Federación Melillense de Tenis.
Ahora, y desde hace ya muchos años, desde 1996, con diferentes partidos y consejeros varios, el longevo Director General, sigue intentando lo mismo: un desarrollo de tipo empresarial en su (destaco lo de su) Dirección General de la Sociedad de la Información.
“Por sus frutos los conoceréis» (o «por sus hechos») es una enseñanza bíblica de Jesús en el Evangelio de Mateo (7:16-20), utilizada para identificar la verdadera naturaleza o carácter de una persona a través de sus acciones y resultados, en lugar de sus palabras. Se trata de una metáfora que compara a las personas con árboles: un árbol bueno da frutos buenos, mientras que uno malo da frutos malos. Si juzgamos a Pablo Martínez como director general de la Sociedad de la Información (una denominación general que se presta a equívocos) por sus hechos públicos y lo hacemos -como es mi caso- después de haber conocido el interior del edificio en el que él trabaja, hay que concluir que el fruto del área que Pablo dirige es muy bueno y, por lo tanto, él, como director general de ese área -tan importante- de la Ciudad Autónoma, también es muy bueno (calificación positiva que se puede aplicar a algunos otros de los muchos directores generales de la CAM, pero no a todos, dicho sea entre paréntesis).
El edificio de la Dirección General está ubicado en un extraño e histórico sitio, medio abandonado, en la calle Fuerte de San Miguel 1. Por razones de seguridad, el edificio no tiene identificación externa alguna y está medio camuflado entre escombros centenarios. Casi nadie -yo incluido- sabe/sabía dónde está (hasta que se propone saberlo, claro). Su objetivo declarado, sus competencias, son: el impulso de las TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones), la administración electrónica (un término algo vago) y la mejora de la conectividad en la Ciudad Autónoma.
Fomentar la transformación digital
La Dirección General de la Sociedad de la Información, en Melilla, depende de la Consejería de “Presidencia, Administración Pública e Igualdad”, nada menos- cuya consejera es ahora Marta Fernández de Castro. ¿Qué hace la Dirección General?: gestionar la implantación de tecnologías de la información, comunicaciones, internet y nuevas herramientas digitales en Melilla. Su declarado y ambicioso objetivo es “fomentar la transformación digital”. ¿El resultado, a día de hoy de tal transformación? Muy, muy lejos de lo que Pablo desearía…y de lo que Melilla tanto necesita.
En eso, fomentar la transformación digital, como en tantas otras cosas de la Administración Pública melillense, con escasas excepciones, lo habitual es mucho hablar, mucho prometer y poco hacer, exactamente lo que se puede esperar de una política comunista -todo es público- que se eterniza en y martiriza a …nuestra ciudad.
Ser gobernados por políticos con visión solo política, a corto plazo, no más allá de las elecciones, puede beneficiar a los que viven de la política, pero perjudica el presente y el futuro – el de nuestros descendientes- en una ciudad que tiene enormes posibilidades de desarrollo…con otro tipo de políticas
El gran sociólogo que fue Amando de Miguel, hace 16 años publicó un libro sobre “El cambio que viene”, con atención especial al comunismo (Podemos) y al separatismo (muchos). Uno de los párrafos finales del libro es perfectamente aplicable a lo que hoy, 16 años después, ocurre: “El Estado se siente incómodo con la actividad empresarial, que tolera a regañadientes con el fin de cobrar impuestos…Un efecto muy pernicioso de la maraña burocrática es la persistencia de altas tasas de corrupción política y de economía sumergida… Una tendencia posible para España es que muchos servicios públicos se van a privatizar, lo más seguro es que la gestión de los servicios públicos pase a organizarse como si fueran privados, un modelo privado de gestión, con un gran sentido de lo público”. Algo así es lo que ha hecho Pablo, en Melilla.
Pablo Martínez es una excepción a esa regla. Él considera -y así actúa- que la formación de personas (tecnológica, por ejemplo) y las empresas instaladas (y por instalar) en Melilla, son claves para el desarrollo de nuestra ciudad. Él es un evidente enamorado de Melilla, y su objetivo (creo que públicamente declarado) es “mejorar el uso de nuevas tecnologías tanto en la administración local como en el ámbito ciudadano”. Ese objetivo sí lo ha conseguido, en la medida en lo que él puede hacerlo.Al final de la entrevista con Pablo Martínez, realizada el lunes pasado y que publicamos hoy, él resalta que “es importante tener ilusión y creer que algo es posible; si se pone empeño en llevarlo a cabo y se dispone de recursos económicos, es posible cualquier cosa, y en Melilla tenemos los recursos y medios suficientes para hacer, entre todos, una gran ciudad en la que podamos vivir nosotros y nuestras futuras generaciones”.
Coincido con él e insto a los melillenses a participar activamente en la política de nuestra ciudad, conscientes de que, como ya dijo Cicerón, todo poder tiende siempre a rebasar los límites. No debemos olvidarlo jamás y debemos abandonar la pasividad política colectiva que padecemos en una ciudad, la nuestra, que podía tener el nivel de Mónaco, por ejemplo, y que ahora, inmersos en un comunismo rampante (casi todo es público) da pena. Hasta nuestros propios hijos se ven forzados a abandonarla.
Ser gobernados por políticos con visión solo política, a corto plazo, no más allá de las elecciones, puede beneficiar a los que viven de la política, pero perjudica el presente y el futuro – el de nuestros descendientes- en una ciudad que tiene enormes posibilidades de desarrollo…con otro tipo de políticas. Bienvenidos sean los empleados públicos que, como Pablo Martínez, tienen una visión de emprendimiento e ilusión y amor por nuestra ciudad.



