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Editorial

Nuestras fronteras con Marruecos

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Frontera de Beni Enzar

La apertura de las fronteras de Melilla con Marruecos, según informó ayer la oscura Delegación del Gobierno en Melilla, ha sido retrasada por parte española hasta el próximo 31 de octubre, pendiente del desarrollo de las circunstancias y de la consecuente decisión por parte del ministro Marlaska o de quien sea. Queda pendiente la decisión por parte de Marruecos, aunque hay indicios de que también considera la posibilidad de una próxima apertura, pendiente de no se sabe quién. De momento se desconoce en qué condiciones concretas se realizaría, por ambas partes, esa apertura. 

Hay opiniones favorables a la apertura de la frontera en las mismas condiciones en las que se encontraba antes del cierre forzado, según declaraciones oficiales, por la epidemia de COVID. Otros defienden una apertura regulada, tanto para el tráfico de mercancías como para el de personas, lo que parece la opción más probable. También hay quien, como el partido político Vox ha declarado sorprendentemente, piensa que la apertura de la frontera no se debería producir hasta que Marruecos reconozca de forma explícita y vinculante la españolidad de Ceuta y Melilla.

La apertura desregulada de las fronteras, la vuelta al que se llamó “comercio atípico”, que quizás proporcionaría ventajas a algunos melillenses, ocasionaría grandes desventajas a la mayoría, por el descontrol en el paso de personas que, con mucha frecuencia, ha ocasionado problemas, disturbios y aumento de delitos en nuestra ciudad.

La apertura regulada favorecería el comercio con Marruecos, obviando el paso de mercancías y personas no controladas o deseadas, pero dejaría sin resolver algunas de las dificultades actuales para el comercio de bienes con la Península. El cierre sine die de la frontera propuesto por Vox, con una clara finalidad política, significaría una excepcionalidad a las normas y ventajas del libre comercio y por tanto un perjuicio a la economía de Melilla y a la marroquí.

Analizando todas las posibilidades desde el punto de vista del interés a largo plazo para nuestra ciudad algo aparece claro: no hay solución que garantice a largo plazo la viabilidad económica de Melilla que no incluya la inclusión de nuestra ciudad, y por supuesto la de Ceuta, en la Unión Aduanera, de tal forma que la frontera con Marruecos sea una frontera de la Unión Europea a todos los efectos. 

Además de las obvias y fundamentales ventajas políticas, suprimiría gran parte de los engorrosos trámites de aduanas actualmente existentes que, sin proporcionar ventaja alguna a la ciudad, dificultan y hasta encarecen la actividad administrativa de las empresas e incluso la satisfacción de algunas necesidades de los ciudadanos, pues si quieren traer alguna mercancía de la Península, deben hacer frente por sí mismos a caros y engorrosos trámites o encargarlos a alguna empresa, con el consiguiente encarecimiento y tardanza de la llegada de los productos al usuario final.

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