“No podemos hacer que vuelvan sus seres queridos, pero sí que lo comprendan mejor, lo adapten a su memoria y que lo utilicen para seguir adelante”

Grupo de personas en un homenaje a las víctimas de un accidente ferroviario

El psicólogo melillense Juan Manuel Fernández Millán señala, sobre el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), que primeramente hay que acompañar, escuchar, normalizar e incluso dar técnicas de relajación a las víctimas

 

Una semana después del trágico accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) que segó la vida a 45 personas, familiares, amigos y conocidos de las víctimas aún lloran su marcha, intentando asimilar lo ocurrido de la mejor manera posible y recobrar la normalidad de sus vidas. Es en este escenario cuando el papel del psicólogo se vuelve esencial.

“Nosotros no podemos hacer que vuelvan sus seres queridos ni hacer que olviden por lo que han pasado, pero sí que lo comprendan mejor, lo adapten a su memoria y que lo utilicen para seguir adelante”, señala al MELILLA HOY el psicólogo clínico melillense Juan Manuel Fernández Millán.

“Dejar el por qué me ha sucedido esto y empezar a pensar en qué voy a hacer con ello y para qué me va a servir”, ha agregado Fernández Millán, que explica a este Diario que lo primero que se debe hacer ante tragedias como la que sacudió la semana pasada al municipio cordobés es acompañar a las víctimas, escucharlas, normalizar la situación, darles algunas técnicas de relajación y aconsejarles en algún momento porque, quizás, precisan de más ayuda psicológica en las próximas semanas, ya que algunos irán “remitiendo el dolor y los síntomas”, pero otros “no podrán salir solos”, por lo que necesitarán esa ayuda profesional de un psicólogo clínico.

Fases

Fernández Millán ha explicado que los familiares de víctimas de tragedias como la de Adamuz pasan primero por una fase de incertidumbre en la que necesitan disponer de la información “más clara y concisa” de lo sucedido lo antes posible, ya sea buena o mala, para acabar con el sufrimiento y comenzar a procesar el duelo. “Por eso muchas veces s complica cuando la persona ha desaparecido, porque luego el duelo se convierte en un duelo patológico”, agrega.

Respecto a los supervivientes del accidente, pasan primero por una fase de shock que puede durar minutos u horas. En esta fase predomina la credulidad, “lo vives como si fueras un tercera persona” y se produce un enlentecimiento del tiempo, “o todo lo contrario”. “Si captamos que esa persona está todavía en fase de shock, simplemente la acompañamos, alejarlos de la zona peligrosa y acompañarlos para estar ahí en el momento que esa persona vaya saliendo de esa fase de shock y pueda empezar a encarar lo que es la fase de reacción. Es decir, ya sí sé lo que me ha pasado y ahora reacciono contra eso”, explica.

En última fase, prosigue, los psicólogos acompañan a la víctima para que comience a hablar, “narre y le de forma a su miedo y a lo que le ha pasado”.

Por último, se le plantea a la víctima el cómo continuar con su vida. En este sentido, Fernández Millán apunta que “cuanto antes coja un papel activo, menos le va a repercutir negativamente lo ocurrido”. “Si yo empiezo a hacer cosas por mi mismo y empiezo a notar que no soy una figura pasiva, entonces puedo reaccionar y hacer que la situación no sea tan traumática para mí ni tan fóbica. Porque si yo puedo actuar contra cualquier cosa que me da miedo, ya no es tanto el miedo que me da porque ya parte de lo que ocurra depende de mí”, explica.

Por último, cree difícil calcular cuánto tiempo tardará la ciudadanía en recuperar la confianza en el sistema ferroviario tras los accidentes en Adamuz y Gelida (Barcelona). A su juicio, va a depender mucho de la respuesta institucional a ambas tragedias.

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