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Editorial

No hay dos sin tres

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Imagen de Melilla

Melilla, capital de los rumores, vive estos días una concentración de polémicas en el ámbito político. No es la primera vez. Es más, es incluso frecuente que esto pase. En el Gobierno se quejan al unísono los dos partidos que lo conforman, y el presidente sin partido que está a la cabeza (en teoría) de este ruido político que no les deja centrar la atención ciudadana en la supuesta gestión que realizan. Y es sorprendente que lo hagan (quejarse), puesto que ninguno de ellos, ni los de la oposición tampoco, podría ser candidato en estos momentos a un premio a la concordia. Unos y otros han polemizado y lo siguen haciendo cada vez que les interesa, estando en el Gobierno o en la oposición. Y unos y otros han entrado, o no lo han hecho, también en función de sus intereses. Lo mismo puede decirse respecto a las denuncias en los tribunales.
Una de esas polémicas de la actualidad política afecta de lleno al consejero de Turismo, Emprendimiento y Reactivación Económica, Mohamed Mohand, conocido por todos por su etapa anterior al frente de Salud Pública. El PP lo acusa de supuesta corrupción y amenazas. Y el consejero se defendió en una rueda de prensa negando ambas acusaciones. Lo que llama la atención es que ninguno de sus compañeros de Gobierno, ni siquiera los del PSOE, han puesto la mano en el fuego por él por ahora. Ha pasado casi una semana desde que el PP sacó a la luz este asunto y no ha habido un solo integrante del Ejecutivo de Melilla que haya salido en defensa de Mohamed Mohand en este asunto.
Eduardo de Castro y Coalición por Melilla, preguntados al respecto, respondieron que tendría que ser el propio consejero el que diera explicaciones. Su compañera de partido, la consejera de Cultura, Elena Fernández Treviño, dijo que el PP tendría que demostrar esas graves acusaciones. Y Gloria Rojas, la jefa política de Mohamed Mohand, contestó ayer que este tema deben trabajarlo en el seno de la Ejecutiva del PSOE, sin querer entrar a hablar más públicamente de ello hasta que eso no ocurra.  
La soledad de Mohamed Mohand en este asunto, al menos, parece evidente. Habrá que esperar, pues, a lo que se decida en la Ejecutiva socialista, que tiene una patata caliente en sus manos. Porque si esa decisión va encaminada a cesar o expulsar al consejero de Turismo, su número dos en las listas electorales, puede encontrarse con que éste no quiera irse y se quede con el acta, como hemos visto ya en otros dos casos en esta legislatura. No hay dos sin tres.
¿En qué situación quedaría entonces el PSOE? En una mayor debilidad ante sus socios, porque con su aportación no podría ya garantizar la mayoría absoluta, y también de cara a la opinión pública, pese al gesto de honradez y limpieza que supone alejarse de manera clara de cualquier presunto chanchullo.
Mientras los socialistas no zanjen la decisión en uno u otro sentido (y ya están tardando), todo apunta a que la polémica no hará más que agrandarse cual bola de nieve cuesta abajo.

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