La Semana. MH, 26/01/2026
Por: J.B.
Llevaba, antes de escribir este artículo, toda la mañana tarareando, sin razón aparente, la pegadiza y famosa canción “el muerto vivo”. Algunos fragmentos de la famosa canción, de 1967, de Peret y Sergent García:
Hay muchos casos de “muertos vivos”, pero me voy a centrar en tres especialmente trascendentes: Melilla, el Real Madrid y Pedro Sánchez.
“A mi amigo Blanco Herrera le pagaron su salario
Y sin pensarlo dos veces salió para malgastarlo
Una semana de juerga y perdió el conocimiento
Como no volvía a su casa todos lo dieron por muerto
Y no estaba muerto no, no
Y no estaba muerto no, no
Y no estaba muerto no, no
Estaba tomando cañas, lerelele…
Pero al cabo de unos días de haber desaparecido
Encontraron uno muerto, un muerto muy parecido (mira)
Le montaron un velorio y le rezaron la novena
Le perdonaron sus deudas y lo enterraron con pena
(otra vez el estribillo: Y no estaba muerto….)….
Pero un día se apareció lleno de vida y contento
Diciéndole a todo el mundo «¡Eh, se equivocaron de muerto!»
El lío que se formó eso sí que es puro cuento
Su mujer ya no lo quiere, no, no quiere dormir con muertos
(estribillo de nuevo)…”
Hay muchos casos de “muertos vivos”, pero me voy a centrar en tres especialmente trascendentes: Melilla, el Real Madrid y Pedro Sánchez.
El Real Madrid estaba muerto, según pensaban muchos (como pasó con el amigo de Peret, Blanco Herrera), cuando perdió la final de la Supercopa con el suertudo (pudo empatar el Real al final) Barcelona e hizo el ridículo ante el Albacete en Copa, siendo eliminado por un equipo de segunda. Era un esperpento de equipo incluso antes de esas dos debacles (más la segunda derrota que la primera), ya que cualquier equipo le ponía en complicaciones, dada su patente desidia defensiva y la pésima forma de algunas de sus estrellas como Vinicius, Bellingham o Valverde.
Este señor (Sánchez) lleva de parranda siete años y el “muerto vivo” reaparece una y otra vez para anunciar, pese a los crecientes escándalos y catástrofes que asolan a su Gobierno y a España, que está vivo, que va a terminar la legislatura y que (¡Oh my God!= ¡Dios mío!) se va a presentar a la reelección.
Pero, como “el muerto vivo” de la canción, el Real Madrid no estaba muerto, estaba de parranda (más bien lo estaban sus jugadores) y ahora, con un cambio de entrenador y apenas unos días después, parece otro equipo: todos corren, todos parecen haber mejorado. Una enseñanza que suele avalar la historia: si no cambias cuando las cosas van mal, lo lógico es que el resultado sea el mismo, pero si cambias cosas es posible que los resultados mejoren e incluso sorprendan (como ha sido el caso de la resurrección del Madrid).
Luego tenemos a Pedro, Pedrito, Pedrete (que diría el famoso locutor, José María García) Sánchez. Este señor lleva de parranda siete años y el “muerto vivo” reaparece una y otra vez para anunciar, pese a los crecientes escándalos y catástrofes que asolan a su Gobierno y a España, que está vivo, que va a terminar la legislatura y que (¡Oh my God!= ¡Dios mío!) se va a presentar a la reelección. Pero su mujer (en este caso España) ya no le quiere porque (como en la canción) no quiere dormir con muertos (en este caso, soportar/padecer a un muerto). El cambio, como dije antes, es necesario en el Gobierno de España. Que el “muerto vivo” muera de verdad (me refiero a políticamente) es vital para que España tenga futuro.
Ya que tenemos (en Melilla) la lacra de una administración local mastodóntica, al menos intentemos que tanto empleado público (mejor pagado en Melilla que el resto de melillenses) gaste en la ciudad que tanto les da.
¿Y Melilla? Me da pena decir esto, pero es la triste realidad: Melilla es un muerto muy poco vivo y no parece fácil que reaparezca, como sí lo hizo el protagonista de la canción.
Tres refranes que vienen a cuento: “Renovarse o morir”, “Cambiar duele, pero no cambiar es morir lentamente”, “La única manera de vivir es crecer, la única manera de crecer es cambiar”. Melilla debe cambiar para sobrevivir y debe ser un cambio profundo y no estético (lo que pasa actualmente). Está bien fomentar el turismo, está bien traer empresas de fuera (pocas, de momento) e inversiones (también pocas, de momento), pero lo principal es que haya empresas en la ciudad y que se fomente a estas para que doten a Melilla de todo lo necesario para evitar que los melillenses vayan fuera a gastarse el dinero. Ya que tenemos la lacra de una administración local mastodóntica, al menos intentemos que tanto empleado público (mejor pagado en Melilla que el resto de melillenses) gaste en la ciudad que tanto les da. También es importante desmarroquinizar Melilla, es decir, se debe evitar la dependencia de Marruecos (más un enemigo que un amigo).



