Meses de mayo y junio I

… El zoco. Está situado, como decimos, a mitad del camino entre el Zaio y Cabo de Agua. En un extremo del zoco se eleva un fortín, que guarnecen fuerzas de la Policía Indígena. Su situación permite dominar parte del Muluya, constituyéndose así en centinela de la frontera. Allá por el año 1877 se presentó en este mismo lugar el Sultán Muley Hassan. Este quiso imponer su autoridad entre las Kábilas de Quebdana, Guelaya, Beni Snasem y Beni Urimech (las dos últimas pertenecientes a la zona francesa), y para conseguirlo ordenó aprisionar al Kaid el Hach Mohamed Ben Bachi Ben Mesaud, jefe rebelde en aquella zona. Los adictos al Kaid el Hach, declararon la guerra al Sultán, y para ello, abandonaron sus viviendas. Pasaron los años y nadie volvió a acordarse del zoco de Guerman, hasta hoy que habiendo cesado las discordias acordaron celebrarlo nuevamente. La animación en el zoco es extraordinaria y el orden perfecto. El teniente Civantos, de la primera mía de policía, con algunas fuerzas a sus órdenes, recorre el recinto, dando acertadas disposiciones. Las transacciones son muy numerosas y los precios de los artículos de más consumo son los siguientes: Borregos, a 30 pesetas cabeza; cabras de 15 a 16 pesetas; cebada a 37 pesetas el quintal; huevos a 10 pesetas el ciento; gallinas, a cuatro pesetas una, y vellones de lana, a 2’50 y 3 pesetas uno.


En Cabo de Agua. Acompañados del teniente Civantos reanudamos a la marcha a Cabo de Agua. En la estación de las lluvias, que tanto elevan el caudal del Muluya, la comunicación con la zona francesa podrá efectuarse por medio de una barca. Al descender al auto en Cabo de Agua, llama la atención de los visitantes un edificio de sólida construcción, propiedad del señor Jorro. Todavía se aprecian en él los efectos de la rebeldía de julio. Saludamos al Comandante Militar de la posición, comandante Baeza, y descendemos al poblado que se extiende sobre la playa. Lo constituyen tres calles paralelas con edificios de plata baja, pintados de colores muy vivos. Emprendemos el regreso a Melilla, donde descendemos del auto a las seis y media de la tarde. La inauguración del servicio que nos ocupa, merece plácemes, pues él será, cuando la pista se dé por terminada, una excelente vía de comunicación necesaria entre los poblados del Zaio y Cabo de Agua. Martínez Abad


10-05-1922. Comienza el embarque de tropas. Dada la extensión del artículo solamente muestro las nominaciones importantes del mismo.
Alocución de despedida. Excitación de la Junta. Las tres primeras expediciones. Las que embarcarán hoy. Un recuerdo a los héroes.
25-05-1922 Accidente de aviación. El viernes 25 de mayo de 1922, un aparato Havilland, pilotado por el suboficial señor del Valle y llevando como observador al capitán Álvarez Buylla, voló sobre el zoko Tlatza de Bu-Beker, donde se había observado una pequeña concentración de rebeldes. Estos hicieron varios disparos de fusil, uno de cuyos proyectiles produjo algunos desperfectos en el radiador.
Después de una hábil maniobra, el Havilland tomó tierra cerca de Bufarcut. Los aviadores resultaron ilesos. El aparato fue trasladado a Dar Drius, desde donde fue llevado al aeródromo de Tauima, para su reparación.


26-05-1922, En señal de duelo, por el naufragio de un Pailebot. En nuestra información telegráfica de ayer, dábamos cuenta del naufragio del pailebot “Dolores”, ocurrido en aguas de Almería, y en el que perecieron ahogados el patrón don José Lloret Loret, el contramaestre don Jesús Palencia García y el marinero Miguel Mulero. Todos eran casados y dejan varios hijos. El pailebot “Dolores” visitaba con frecuencia este puerto. Los náufragos eran muy conocidos y apreciados de la gente de mar de Melilla. En señal de duelo, todos los barcos de cabotaje, surto en el puerto, izaron el pabellón a media asta. Nos asociamos al sentimiento que la desgracia ha causado entre los compañeros de las víctimas.
03-06-1922. De la Campaña. Al recorrer unas galerías encuentran un grupo de moros. Por circunstancias que no son del caso, todavía no se han comenzado los trabajos en la mina «La Alicantina». Según nuestros informes, la explotación comenzará de nuevo muy en breve, y con este motivo tres personas, cuyos nombres desconocemos, interesado en el negocio, giraron anteayer una visita á dichos yacimientos, internándose en las galerías. Al final de una de éstas, los visitantes viéronse sorprendidos por la presencia de varios indígenas, que al ser interrogados, manifestaron que se había ocultado en aquel lugar en espera de que llegara la noche para continuar la marcha á Argelia, donde se proponen tomar parte en las faenas de la recolección. Sin despedirse de las citadas personas, los indígenas abandonaron su escondite, dirigiéndose á la entrada de la galería principal. Los visitantes de «La Alicantina», ante el inexplicable proceder de los moros, buscaron la salida al campo libre por otra galería. Cuando descendían al llano para montar en el vehículo que habían utilizado para hacer el trayecto, vieron nuevamente á los indígenas que abandonaban el yacimiento á pasos precipitados. Debemos consignar el detalle de que los moros ocultos en las galerías de «La Alicantina», no iban cruzados de fusil.


10-06-1922, La tarde del sábado, como de costumbre, salieron del aeródromo de Nador varios aparatos, para continuar el quebrantamiento de las concentraciones enemigas de Beni Ulichex y Tafersit. Después de arrojar numerosas bombas con positiva eficacia, volvieron al punto de partida, excepción hecha del Bristol tripulado por el capitán don José García Peña y teniente don José Florencio.
Volaba muy bajo en su deseo de afinar la puntería y sin duda hubo de parársele el motor, avería muy frecuente, iniciando entonces el vuelo planeado.
Para precisar el lugar donde se hallaba el aparato accidentado, varios Havilland y Bristol volaron en todas direcciones. Desde Dar Drius y meseta de Arkab, como desde las posiciones de Dar Quebdani, se le vió tomar tierra con toda normalidad en territorio enemigo. La poca altura a que se encontraba le obligó a ello, no siéndole posible ganar el campo reconquistado. Inmediatamente el general Berenguer, jefe del sector de Dar Drius, dispuso que una columna de tropas, predominando la caballería, marchara hacia Ben Tieb, por si era posible prestar auxilio a los aviadores y recuperar el aparato que había aterrizado entre la antigua posición citada y Nador de Beni Ulichex.


Esta fuerza se tiroteó con los grupos que habían acudido para apoderarse del aeroplano; y como la hora no era la más indicada para entablar un combate y el aparato había sido ya destrozado por la artillería y otros aviones que inmediatamente se remontaron, dispuso el general el repliegue de la pequeña columna, lo que se hizo sin novedad. Transcurrió la noche del sábado y la mañana del domingo en medio de una gran expectación, por conocer la suerte de los aviadores. Afortunadamente, se ha sabido que están ilesos. Desde el momento que se supo estaban ilesos los aviadores, dio instrucciones el General Ardanaz para su rescate.


El capitán Alonso, de la Policía Indígena, comenzó las negociaciones, presentándose los rebeldes de modo muy favorable a los fines perseguidos. La tarde del domingo existía la impresión de que por la noche nos serían entregados, pues había gran empeño en conseguirlo.


Enterados los beniurriagueles de las gestiones, se opusieron de modo terminante, y como su influencia en Beni Ulichex es decisiva, pasaron a poder de ellos los dos oficiales. La madrugada de ayer, los internaron camino de Annual guardándosele todo género de consideraciones.


23-06-1922. El viernes se elevaron tres hidroaviones, que salieron al encuentro del vapor correo “Sister”, que traía a su bordo, al general Echagüe. Dichos aparatos iban pilotados por los capitanes White, Gamir y Franco.


El que conducía el capitán White, y que llevaba como observador al teniente Merino, cuando volaba cerca del Cabo de Tres Forcas, sufrió averías en el motor, viéndose obligado a amerizar en aquellas aguas. En este momento pasó cerca del aparato el vapor “Sister”, que no se detuvo por ignorar lo sucedido.


El teniente Merino trató de reconocer el aparato, y al intentarlo cayó al mar. Con gran serenidad se reintegró de nuevo al hidro a nado. Los aviadores White y Merino, no considerando peligrosa su situación, se negaron a aceptar los auxilios que les fueron ofrecido por el vapor “Mont Seny”, que a dicha hora se dirigía a Melilla.


Un bote pesquero, primero, y después la draga “Tetuán”, que manda el Sr. Soriano, trajeron a remolque el aparato, después de tomar a bordo a los aviadores. El Sr. Soriano facilitó al teniente Merino algunas ropas, que cambió por el uniforme, completamente humedecido. Una vez en el puerto, la gasolinera del aeródromo de Nador, enviada con gran urgencia por los compañeros que tuvieron noticias del accidente, llevóse a remolque a Mar Chica, al hidro averiado. Los desperfectos sufridos por éste carecen de importancia.


Estamos en las operaciones para la ocupación de Beni Tuzín. Los aviadores hacen su aparición en las primeras horas de la mañana Uno… dos… tres… Nuestros informadores cuentan hasta treinta y cinco aparatos, que arrojan sin cesar bombas y proclamas sobre Beni Tuzín, Tensaman y Beni-Ulichex.


Los rebeldes se disponen a darles caza, y en cuanto desciende uno de los aparatos para asegurar la puntería, una lluvia de balas sale a su encuentro. Todos los aparatos son rozados por las balas. La intervención de los aviadores, sino es decisiva, es muy valiosa. Desde el Cuartel General se observa el ir y venir de los caballeros del aire, siempre temerarios.


24-06-1922, A las seis menos cinco de la tarde del sábado, seis aviones, con base en Tauima, y que componían la escuadrilla de caza, que mandaba el capitán Las Morenas, despegaban para realizar una exhibición de vuelos acrobáticos sobre la ciudad de Melilla, con motivo del regreso a la Península del jefe de la Sección de Aeronáutica del ministerio de la Guerra, general Francisco Echagüe, y con objeto de dar escolta al vapor correo “Monte Toro”, que lo conducía.


Junto a esta escuadrilla también participaba un hidroavión, con base en el Atalayón, pilotado por el capitán Ramón Franco. Los citados aviones iban pilotados por los capitanes Las Morenas (jefe de la escuadrilla) y José Ortiz Echagüe, y tenientes Espence, Gutiérrez, Mateo y Morenés. Los siete aparatos se dirigieron a Melilla, y sobre la ciudad unas veces, y otras sobre la bahía, realizaron admirables vuelos de acrobacia, que fueron presenciados por compacta muchedumbre, estacionada en calles, plazas y azoteas. El entusiasmo del público, por el emocionante espectáculo a que asistía, fue verdaderamente extraordinario. Las aclamaciones y ruidosos aplausos a los aviadores se repetían cada vez que, rozando materialmente los tejados con sus aparatos, volaban por determinados lugares de la plaza. Durante algunos momentos la circulación de personas y carruajes quedó interrumpida en las calles céntricas.


De repente una exclamación de terror, se escapó de todas las gargantas. La catástrofe había surgido inopinadamente, con todas sus fatales consecuencias. En una de las piruetas realizada a una altura de unos 200 metros, colisionaron dos aviones, cuando trataban de elevarse en diagonal para proseguir sus arriesgados vuelos. Al chocar, uno de los aviones perdió un ala y en el otro se produjo una explosión, cayendo violentamente ambos contra el suelo. Uno de ellos fue a parar al final de la calle Francisco de Miranda en el edificio que ocupaba la fonda Victoria, en el barrio del Mantelete (teniente de Ingenieros Enrique Mateo Lafuente) y el otro cerca de la Plaza de Armas próximo al cuartel de la Policía Indígena (teniente de Caballería Carlos Morenés y Carvajal). El cuerpo del teniente Morenés hallábase sobre el tejado, en posición decúbito supino. Con gran diligencia, se procedió a trasladar al desventurado oficial a la explanada próxima al cuartel que en la Plaza de Armas ocupaban las fuerzas de la Policía Indígena. Una vez allí fue conducido al Hospital Central. Antes de llegar a dicho establecimiento benéfico, el teniente Morenés, pronunció difícilmente estas palabras:
–¡Me muero! ¡No dejarme solo!
La enfermera Cristina Navarro, hija del general del mismo apellido, y prima del teniente Morenés asistió, con gran presencia de ánimo, a los últimos momentos del malogrado oficial. El comandante médico señor Iturralde y el capitán médico señor Fiol, certificaron la muerte del aviador. El teniente Enrique Mateo Lafuente murió en el acto. Este desventurado oficial que dejó madre y dos hermanas, regresó de Madrid hacía unos días antes de que le expirara el permiso que disfrutaba. Cuando el asedio de Monte Arruit, voló varias veces con su aparato, arrojando víveres y municiones a los valientes defensores de aquel campamento. El cadáver fue trasladado al hospital Docker. A las cinco de la tarde del día siguiente tuvo lugar el entierro al que concurrió enorme gentío. Desde el depósito, transformado en capilla ardiente, fue conducido el féretro a hombros por oficiales de Aviación. Las cintas que de él pendían, eran llevadas por oficiales de distintos cuerpos.


El duelo fue presidido por el Comandante General Sr. Ardanaz, coroneles de Estado Mayor Sr. Despujol y jefe de la Oficina Indígena Sr. Lasqueti, capitán jefe accidental de aviación Sr. Ríos, vicario castrense Sr. Mazas y comandante Andújar en representación del general García Aldave
También concurrieron al triste acto las clases y soldados de aviación que prestaban servicio en el aeródromo de Tauima, llegados con dicho objeto horas antes.


Fue enterrado en el cementerio de la Purísima Concepción de Melilla, Patio 26, Fila 13, Nº 1. Exhumado los restos el sábado día 4 de noviembre de 1933 se trasladaron al Panteón de Héroes de Aviación, en nicho 4, fila 5.
El teniente Carlos de Morenés y Carvajal (Vizconde de Alessón, era hijo del Conde de Asalto y sobrino del General 2º jefe de la Comandancia General Felipe Navarro Ceballos Escalera, Barón de Casa Davalillos), moría a los pocos momentos de ingresar en el Hospital Central (en Melilla la Vieja). Los dos cadáveres fueron trasladados a uno de los depósitos del cementerio de la Purísima Concepción, convertido en capilla ardiente. Las paredes aparecían cubiertas de paños negros. Al pie de cada uno de los túmulos, se veían hermosas coronas de flores artificiales, de las que pendían grandes lazos de los colores nacionales, con la siguiente inscripción “La Aviación Militar a sus queridos compañeros”, además de las del Tercio de Extranjeros, cuerpo de Ingenieros y regimiento de África.
Para asistir al traslado a la Península del cadáver embalsamado del piloto Carlos de Morenés llegaron sus padres y tres hermanos Ramón, Fernando y Luis. También llegaron la señora marquesa de Esquivel y dos de sus hijos y el teniente de la Escolta Real don Ramón Carvajal. El traslado al vapor correo “J.J. Sister” se efectuó con extraordinaria solemnidad, constituyendo el fúnebre acto, una impresionante manifestación de duelo. Abría la marcha el clero castrense con cruz alzada. El féretro iba envuelto en la bandera de los colores nacionales, cubriéndolo artísticas coronas ofrendadas por la Aviación militar, los compañeros de escuadrilla, el regimiento de Melilla, el Tercio de legionarios, general Echagüe, doña Carmen Martínez, cuerpo de Ingenieros y una cruz de don Rafael Fernández de Castro.


Presidían el duelo, el padre del finado Sr. Conde de Asalto, Comandante General Sr. Ardanaz, comandante de marina Sr. Perate y coroneles de Ingenieros Montero y Soriano. Llevando el féretro a hombros, como asimismo las cintas de las coronas, fueron relevándose durante el trayecto todos los compañeros de aviación del teniente Morenés. También formaban parte del cortejo, las fuerzas de Ingenieros que prestaban servicio en el aeródromo de Nador (Tauima).
Sus restos una vez embarcados fueron trasladados a Málaga, Madrid y Tarragona donde recibieron sepultura en esta última ciudad. Durante el embarque del cadáver, seis aviones, uno de caza, otro Havilland y cuatro Bristol, volaron sobre la rada, rindiendo el último homenaje al bravo piloto…

(Continuará)

Bibliografía…. El Telegrama del Rif
José Antonio Cano Martín

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