Mentiras repetidas. No todo es malo.

Pedro Sánchez y su gobierno social-comunista repiten una y otra vez, cual loros, en cualquier foro en el que aparecen, que todos nuestros problemas, y especialmente el IPC disparado, vienen de la guerra de Ucrania (la “guerra de Putin” la llaman ellos).

Nadie les cree, o casi nadie, porque, en caso contrario, no se explica que sigan con la mentira, que también repiten sin descanso, cuan mantra, sus muchos altavoces mediáticos (los muchos comentaristas afines en televisión, radio, prensa, etc.). Todos sabemos, pese a lo que digan Pinocho y sus voceros, que la inflación ya estaba disparada en España antes de que comenzara la guerra, también sabemos que el paro era (y es) de los más altos de Europa  y que hay un paro subterráneo consecuencia de los ERTES que va a aflorar en breve (tampoco se duda de que Pinocho lo achacará a Putin).

Hablando, el pasado fin de semana, con algunos familiares de visita en mi casa, se criticó mucho a los políticos (algo habitual en las reuniones con familiares y/o amigos) y también a lo vendidos que están muchos medios de comunicación a los poderes públicos. Las mentiras y falsas verdades de Pinocho Sánchez y compañía, o de otros políticos locales o autonómicos en sus respectivas áreas de influencia, no convencerían a nadie (cada vez es más difícil engañar a tanta gente, ya lo dijo Abraham Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”) sin la “ayuda” de medios “vendidos” al poder y al dinero (mucho) recibido.

Es preocupante la cada vez más elevada dependencia de la gran mayoría de medios de comunicación de los ingresos públicos. Es cierto que no es algo que se circunscriba a éstos, también se da con las grandes constructoras, con los grandes bancos y con los múltiples concesionarios de las diferentes administraciones estatales y locales. El sistema lo han ido adaptando (los diferentes políticos de turno) para que sea lo más arbitrario posible y para hacer que los medios dependan, para subsistir, de los ingresos públicos.

No se entiende la democracia sin los medios de comunicación y la salud de una democracia se mide por la independencia de éstos. Si los poderes públicos controlan (por la vía de los ingresos: o me apoyas o te ahogo cortándote los ingresos) los medios (como siempre ha pretendido Podemos sin esconderse o el PSOE actual de forma más sibilina), nos vamos acercando mucho a una dictadura (de izquierdas o de derechas, da igual).

Los medios de comunicación deberían tener subvenciones desde su nacimiento, en función algunos parámetros claros (por ejemplo: número de trabajadores, inversión tecnológica, penetración, etc.) y la publicidad institucional debería ser obligatoria. ¿Cómo puedan ser independientes las empresas de comunicación si necesitan los ingresos públicos, que se reparten a conveniencia de los políticos, para subsistir? Algunos se preguntarán por qué debería hacerse con los medios de comunicación y no con otros muchos sectores. La respuesta es evidente: los medios libres garantizan la libertad de pensamiento y acción, son el mejor cortafuegos contra las dictaduras y la garantía de que el político de turno no pueda hacer lo que le de la gana siendo aplaudido por todos (de forma obligada). Hay muchos ejemplos en el mundo de control de la información por parte de gobiernos absolutistas: en Rusia no se puede opinar en contra de Putin; en Corea del Norte toda la población ama a su amado líder (o mueren); en Venezuela los opositores van a la cárcel y Maduro hace y deshace sin crítica interna; que decir de Marruecos donde no hay oposición real, etc.

Pese a lo mucho que critican, con razón, Sánchez y compañía a los nazis, es nuestro gobierno un experto en aplicar las teorías de Joseph Göbbels, la cabeza del Ministerio del Reich para la Propaganda. Su técnica (la de Göbbels) se resumía en una frase a él atribuida: «Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad». Para él todos los medios eran buenos para conseguir sus propósitos, sobre todo cuando se puso en práctica lo que el mismo bautizó como «Guerra Total» (Der Totale Krieg). Pero de las malas experiencias se aprende y la gran mayoría estamos inmunizados ante los intentos de los actuales seguidores de Göbbels: sabemos que las mentiras repetidas no se convierten en verdades.

No todo es malo

No suelo, pese a que me gusta mucho la música de todo tipo, ver los programas musicales que buscan jóvenes y viejos talentos, pero este pasado fin de semana estuve viendo La Voz Kid (A3) y debo reconocer que me emocionó.

En el actual contexto parece que todo es, o será, malo, pero hay muchas cosas en nuestras vidas que merecen la pena y como diría el orondo Laporta: ¡Que no estamos tan mal!

Sí. Vamos a ser, al menos durante algunos años, un poco (o un mucho, según los casos) más pobres; vamos a vivir en un país en recesión con precios disparados, con libertades amenazadas, pensiones en peligro, paro en aumento, etc. Pero saldremos adelante porque somos un gran país de gente trabajadora, que ama la vida y cuyas gentes cuidan de sus familias y amigos. Pese a Sánchez y amigos, saldremos adelante.

Toda la positividad de los dos párrafos anteriores es consecuencia de haber visto La Voz Kid y haber visto cuanto talento tienen los niños, cuanto les quieren (y ellos a su vez les corresponden) sus familiares y la admiración y el cariño sinceros que los coaches/entrenadores (Bisbal, Sebastián Yatra, Aitana, Pablo Alborán, Orozco, etc.) les demuestran. ¡Si luchamos, como hacen los pequeños genios de La Voz Kid, España tendrá un buen futuro!

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