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Editorial

Melilla y España, nada que ver con Alemania

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Pedro Sánchez en el congreso de los diputados

El conocido columnista del periódico ABC Ignacio Camacho ha publicado un interesante artículo titulado “Todas las coaliciones grandes y pequeñas”, en el que explica por qué en Alemania son capaces de grandes y pequeños acuerdos y en España no, algo que también podemos transportar a Melilla, donde en 43 años de democracia apenas han sido posibles las grandes coaliciones.
Si en nuestra ciudad y en nuestro país en general parecen imposibles pactos de los dos grandes partidos para gobernar, en el país germánico es lo común. Así Camacho explica que “cuando en Alemania -sistema electoral proporcional con doble circunscripción- no hay grandes coaliciones las hay pequeñas. Antes de que Merkel gobernase tres exitosas legislaturas con los socialdemócratas y una con los liberales, que a su vez han estado en el poder con casi todos los cancilleres desde 1949, hubo dos mandatos del SPD de Schröder en alianza con los Verdes.”.
Camacho añade que “ahora, en virtud del empate técnico entre los dos grandes partidos, está a punto de producirse un fenómeno nuevo: que las dos formaciones intermedias pacten entre ellas primero para escoger al futuro jefe del Gobierno. Una vuelta de tuerca a la cultura del acuerdo en la que la única condición de partida es la exclusión de los extremos”. Y concluye que si en nuestro país no se ha producido en los últimos años grandes acuerdos, el culpable tiene nombre y apellidos: el presidente del Gobierno Pedro Sánchez Castejón, que ha preferido los llamados gobiernos Frankenstein, sin importarle pactar con los enemigos de España, a sondear otras posibilidades como la de una gran unión PSOE-PP.
En el caso de Melilla, el resultado electoral surgido de los comicios de mayo de 2019 dio pie a infinidad de combinaciones, entre ellas pactos entre grandes partidos, por un lado PP-CPM y por otro PP-PSOE -en ambas superaban la mayoría absoluta-, pero quienes tenían la posibilidad de optar por la estabilidad, lo hicieron por la fragilidad, nombrando presidente a un diputado de una formación con único escaño.  Todo por no llegar un acuerdo con el eterno rival: socialistas y cepemistas eligieron a Eduardo de Castro, dando origen a un mandato marcado por la inestabilidad de una coalición tan frágil que, si los tribunales de justicia así lo ratifican, se rematará con un presidente tránsfuga tras su expulsión definitiva de Cs.

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