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Opinión

Melilla Sport Capital en la ciudad del sedentarismo y la obesidad infantil

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Por: Javier Bocanegra- Presidente de Melilla Con Bici

La realización de “ejercicio físico” de forma regular es considerada como una práctica beneficiosa para la salud física y mental debido a las diferentes respuestas y adaptaciones que provoca en nuestro organismo: cardiovascular, respiratorio o musculoesquelético, entre otros, siendo también útil para el tratamiento de diversas enfermedades y ayudando a mejorar así nuestra calidad de vida. Sin embargo, ¿se podría decir lo mismo del deporte profesional? ¿Justifica de alguna manera su enorme gasto público? ¿Se obtiene más allá de la publicidad engañosa, algún beneficio social? Todas estas cuestiones intentaremos responderlas hoy.
El deporte de élite no es saludable, la salud no es condición suficiente, ni necesaria. Para realizar esta afirmación solo nos hace falta observar algunos de los competidores profesionales. Podríamos llegar incluso a afirmar que algunos atletas de élite en el estado de máxima forma física son clínicamente enfermos, al extenuar su resiliencia física hasta el extremo. La salud como objetivo queda, por lo tanto, descartada en el ámbito deportivo profesional.
Todos los estudios referentes a la salud del deporte profesional refuerzan esta afirmación, donde los problemas cardiacos que soportan los atletas o los derivados del aparato locomotor son los más frecuentes, aunque la artrosis o enfermedad degenerativa articular, sobre todo de rodilla, es el cuadro principal de esta “profesión”. Generalmente, esta afectación se produce en deportistas que realizaron deportes de equipo (fútbol, baloncesto) y fuerza, aumentando su incidencia si se han sufrido lesiones en la rodilla, como pueden ser las roturas del ligamento cruzado. Existen también cambios morfológicos en el corazón que se traducen en un aumento de su tamaño. Diversos estudios concluyen que, a consecuencia de esto, el deportista retirado puede sufrir cambios en las cavidades cardiacas, principalmente en ventrículo derecho, que alteran su función y son asiento de arritmias que pueden condicionar su esperanza de vida. Otro factor a tener en cuenta sería el gasto público derivado después de su vida útil como deportista, facturas que engrosaran el débito de la caja de la Seguridad Social, costes de los que nunca se habla y que, sin embargo, en ciertas ocasiones soportamos todos.
Sabemos que la mejora y el cuidado de las capacidades físicas son necesarias para la salud logrando reducir el enorme gasto público. Sin embrago, nos publicitan que toda inversión realizada en deporte es buena para la sociedad en general, como si verlo por la tele mejorara en algo nuestra esperanza de vida, logrando que enfermedades como la hipertensión, la diabetes o el sobrepeso fueran erradicadas.
El Consejo Superior de Deportes aseguraba, basándose en un “estudio”, que las inversiones realizadas en “deporte” podrían suponer un ahorro de un 10% en sanidad. Según este trabajo, el gasto sanitario se reduciría en 5.000 millones de euros (si los españoles hicieran más ejercicio). Esta afirmación la realizó en el año 2016 el presidente de Consejo Superior de Deportes (CDS), Miguel Cárdenas. Podrán observar cómo la palabra deporte se utiliza de forma recurrente, no así el término salud o actividad física, palabras usadas como medio para un fin, que no es otro que procurar un mayor gasto deportivo con la excusa de mejorar la salud de sus participantes y en especial, la de la ciudanía en general. Un mensaje manipulado históricamente en busca del omnipresente “interés económico”, donde un objetivo tan elevado como la mejora en la salud de la sociedad en general, no importó nunca los más mínimo.
A nivel local no existe ningún Plan de la Práctica de la Actividad Física y de la Mejora de la Salud por parte de ninguna consejería, y mucho menos de la responsable del área de deporte. La Ciudad de Melilla debería facilitar programas específicos a todos los grupos de edad, tanto con personal técnico profesional adecuado, como con instalaciones (si están fueran necesarias), en la búsqueda real y no publicitada de la mejora de su salud de todos sus ciudadanos. Podría incluso dar cabida a otros temas de interés, como alimentación, movilidad sostenible, seguridad vial o la protección del medio natural, donde además pudieran implementarse, temas como el género, la coeducación, la inclusión social o las relaciones intergeneracionales, desarrollados estas a través de planes específicos, realizados por Licenciados, Diplomados y TAFAD de la actividad física y no expertos en derecho mercantil.
La mejora de los espacios públicos se hace imprescindible, si pretendemos que puedan desarrollar se distintos usos para la actividad física a pie de calle, estos espacios deberán ser un derecho y no un privilegio de las élites deportivas y sociales. La demanda de una seguridad vial adecuada, corredores verdes naturales, mejora de la calidad del aire o disminución de los ruidos son obligados para lograr un espacio público que logre atraer a las masas y en especial a esos grupos de edad tan sensibles como la infancia o nuestros mayores, un escenario utópico en la actualidad, pero lograble, siempre que se involucren los actores necesarios.
 Resulta lamentable ver a chavales de todas las edades colarse en los centros escolares, con el único objeto de acceder a sus instalaciones para jugar el partidillo del día, “jugándose” el tipo al escalar la reja de turno. Estos son los grandes olvidados de esos “planes de excelencia deportiva que no engañan a nadie” y que el señor Rachid Bussian presenta a cada oportunidad que tiene, negando por otro lado derechos básicos en el entorno urbano (calidad del aire, sombra, biodiversidad, resiliencia, temperatura, espacio público, naturaleza).
Existen numerosos ejemplos que retratan esos intereses egoístas que dan la espalda a la ciudadanía en general, mostrándonos a las claras cómo, a pesar de los grandes capitales invertidos con cargo a las arcas públicas, los “beneficios” son tan ridículos que no pueden ser pasados por alto. Sirvan como ejemplo los saltos en trampolín más recientes, la visita de las Guerreras a la ciudad, el Europeo de este u otro triatlón, intentando vender un sello “Melilla Sport Capital”, como si ese bombo autoimpuesto a golpe de billetera mejorara en algo nuestra imagen de ciudad, más allá de nuestras fronteras.
La primera potencia deportiva mundial nos muestra, sin ninguna vergüenza, cómo esas inversiones salvajes dedicadas a las élites deportivas no son justificables en términos de salud social. “La tasa de obesidad en adultos de los Estados Unidos, superó la marca del 40 por ciento por primera vez, situándose en 42,4 por ciento, según el reporte State of Obesity: Better Policies for a Healthier America, publicado hoy por Trust for America’s Health (TFAH)”. La tasa nacional de obesidad en adultos ha aumentado en un 26 por ciento desde el 2008, el más alto jamás registrado en su historia. “Tener obesidad sabemos que es un factor de riesgo de consecuencias graves durante la COVID”.
La obesidad, derivada del sedentarismo y de los malos hábitos alimenticios, tiene serias consecuencias para la salud, incluyendo un mayor riesgo de diabetes tipo 2, presión arterial alta, aturdimiento y muchos tipos de cánceres. Se estima que la obesidad aumenta el gasto en atención médica en 149 mil millones al año (aproximadamente la mitad de los cuales son pagados por Medicare y Medicaid), siendo el sobrepeso y la obesidad la razón más común por la que los adultos jóvenes no son elegibles para el servicio militar, en EEUU. Unas cifras lamentables que confirman lo absurdo de las políticas deportivas actuales, en toda una potencia mundial y que nuestros políticos quieren copiar de forma absurda.
Nuestra ciudad no es muy diferente: “el 56,8% de melillenses es sedentario en tiempo de ocio”, esta cifra la 2ª más alta del país (27/06/2018). Por géneros, un 48,75% de los hombres melillenses se declara sedentario y, en el caso de las mujeres es de un 64,95%, donde cuatro de cada diez melillenses afirma que está sentado la mayor parte del día, siendo “la cifra más alta a nivel nacional” (Estudio Aladino). Datos vienen a demostrar sin duda alguna, que las inversiones en nuestra ciudad realizadas en deporte profesional no resultan de ningún interés en materia de salud pública.
Esta Consejería, a pesar de las enormes inversiones realizadas, no es capaz de justificar en ningún modo el enorme gasto público, pues aún a día de hoy nadie sabe cuál es su objetivo, más allá de cubrir portada tras portada en los distintos medios de comunicación, un sinsentido que fagocita un dinero público que bien se podrían dedicar a un bien mucho más elevado.
Imagínense una “Consejería de la Actividad Física y la Salud a través del Deporte”, donde un licenciado experto en ciencias de la actividad física fuera su promotor y no alguien sin la máxima formación técnica. Toda una declaración de intenciones que, a buen seguro, los licenciados en Ciencias de la Actividad Física y los sanitarios aplaudirían, aunque si este “político”, sigue destruyendo las pequeñas oportunidades que nos ofrecen esos espacios residenciales mencionados anteriormente, la idea que planteo seguirá siendo poco menos que una utopía. No sería justo por mi parte dejar a este señor toda la responsabilidad en la mejora de la salud de la infancia o de los mayores, consejerías como la de salud pública, urbanismo, educación, seguridad ciudadana, el mayor, distrito, administración pública, participación ciudadana o incluso economía son igualmente responsable de esta debacle en la salud de todos los melillenses.
Debido a la imposibilidad física de contactar con ningún político, aprovecharé la oportunidad que me da hoy MELILLA HOY, haciendo las preguntas que esta consejería nunca responderá, pero que nuestra entidad se ve obligada a hacer: ¿qué implicación tiene el personal técnico de dicha Consejería en el PMUS y en el PGOU? ¿Qué planes de ciudad saludable promueve? ¿Qué objetivos tiene en términos de salud pública? ¿Cómo se adaptará a los objetivos de la AGENDA2030 y al Plan Estratégico de la Ciudad 2020/2029? ¿Conocen términos como la inseguridad vial, la huella de carbono, el sedentarismo, la obesidad, la deforestación, la resiliencia?… Todas estas preguntas que hago hoy merecen una pronta respuesta, en nuestra Melilla Sport Capital.

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