(FOTOS GINER Y FATI)
“Te pedimos Señor, fortaleza para saber imitarte y poder tener el honor de llamarnos hijos tuyos, que nos acojas en tus venerables y santas manos para guiarnos, y que nuestras vidas sean reflejo de tu amor, compasión y gracia”, dijo el desagraviador Carlos Muñoz Salazar
Nuestro Padre Jesús El Humillado procesionó ayer Martes Santo por las calles del centro como “manantial de vida, como la bendita agua que nos da fuerza y resucita”, en mitad de un mar de silencio y recogimiento por los golpes en las mejillas, moratones en los brazos y llagas en las rodillas. Pero también de un latido coral de alegría en todos los melillenses cofrades como si de tambores se tratasen, mientras los pasos firmes y serenos de nazarenos, cofrades y militares acompañan la melodía procesional que sale de cada uno de los instrumentos de la Banda de Música.
Y es que la sagrada imagen no se sintió sola en ningún momento por las calles de Melilla durante todo el itinerario procesional. Su pueblo no lo abandonó a pesar de que los soldados romanos se mofaban de él en el pretorio. Una vez que el gobernador Pilatos se lavó las manos y lo condenó a muerte.
“Ellos, por ignorancia, no eran conscientes de ser el instrumento de un acontecimiento que cambiaría el mundo. Sin embargo, otros que sí conocían las profecías que anunciaban tu llegada como eran sacerdotes y escribas prefirieron mantener su comodidad y estatus social a doblegarse ante la evidencia”, manifestó en el discurso de desagravio Carlos Muñoz Salazar.
“La piedra del escándalo”
“Eras la piedra del escándalo que ponía en su sitio a esa parte de la sociedad diciéndoles las verdades que no estaban dispuestos a admitir”, agregó.
Ayer Martes, los cofrades se mostraron “con humildad y reflexión profunda reconociendo el inmenso sacrificio que hiciste con el corazón lleno de gratitud, pero también con un profundo arrepentimiento”. “Entregaste tu vida por nosotros, enfrentaste el dolor más indescriptible y cargaste con nuestros pecados. Lo hiciste no por obligación, sino por un amor infinito y una misericordia sin límites”, señaló, reconociendo al mismo tiempo que, a menudo, “te fallamos en corresponder a ese amor que nos das”.
“Amaos los unos a los otros”
Por ello, “perdónanos señor por nuestras debilidades, porque escogemos la comodidad a cargar con la cruz que nos corresponde. Perdónanos por no sabernos poner en el lugar del otro queriendo que prevalezca nuestra opinión y no seguir aquel mandamiento nuevo que nos diste. Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.
“Pero has de saber que aun siendo imperfectos, tu sufrimiento no fue en vano, y que, a través de él, nos mostraste el camino para hacer tu voluntad. Por ello, te pedimos fortaleza para saber imitarte y poder tener el honor de llamarnos hijos tuyos, que nos acojas en tus venerables y santas manos para guiarnos, y que nuestras vidas sean reflejo de tu amor, compasión y gracia”.
“La luz que nos guías”
“Acepta pues nuestras disculpas Señor, no solo con palabras, sino también con obras”, ha apostillado, agradeciendo por último al Humillado porque “olvidaste la ira y detuviste ante tu pueblo la mano que lo castiga”. “Eres el camino al padre, la luz que nos guía, la mano que nos sostiene, y el techo que nos cobija”, sentenció.











