agosto 12, 2022 17:01

Melilla, de nuevo y para mal, diferente

Francisco Robles

En el 55º Congreso de la SEPAR –en Pamplona-, las U.C.R.I. (Unidades de Cuidados Intermedios Respiratorios) de todas las Comunidades Autónomas, han recibido un merecido reconocimiento por su trabajo en la pandemia, a través de las sociedades científicas que las apoyan; estas unidades, que se crearon sobre un núcleo central formado por el neumólogo, el personal de enfermería y el de fisioterapia, constituyeron un escalón asistencial más especializado para los enfermos de Covid-19, que las salas de hospitalización general, previo a su ingreso en la U.C.I. de ser necesario. Melilla no estuvo presente en este acto, aquí no llegó a funcionar la U.C.R.I..

Con la pandemia, además de aprender a retomar el camino de la humildad- ante tanto desconocimiento y carencia de recursos-, los sanitarios fueron conscientes de la necesidad de trabajar en grupo y de forma multidisciplinar, nada nuevo bajo al sol pero que un erróneo sentido del corporativismo, había ido debilitando en la práctica diaria, salvo honrosas excepciones que siempre existen.

En dicho congreso se vino a concluir que la actuación de estas unidades, especialmente en la época inicial y por la trágica carencia de recursos, su funcionamiento evitó muchas muertes.

¡Qué paradoja! En este ambiente de reconocimiento a unos sanitarios por su labor,  viene a la actualidad el dato del aumento de las agresiones a los sanitarios. Qué lejos quedan ya aquellas convocatorias a las 20h., para aplaudir a todos los profesionales que se dejaron hasta sus vidas cuidando de las nuestras.

La epidemia, a pesar de los repuntes ocasionales propios de la época, sigue su lenta evolución hacia su “normalización”, que no hacia su desaparición, sino a su –esperémoslo- control e introducción en el ecosistema de nuestras enfermedades, ya que la Covid-19 ha venido para quedarse entre nosotros, al menos por una larga temporada.

Y en el razonable y eficiente uso de los recursos, el Sistema Nacional de Salud no debería demonizar la colaboración público-privada, porque además de ser legal en España, en la peor época de la epidemia, la colaboración con los centros hospitalarios privados permitió salvar muchas vidas, al menos en aquellas autonomías que desoyeron la sectaria indicación oficial de evitar dicha colaboración, para el uso de estas instalaciones.

N.A.- Un reciente estudio sobre ello de la prestigiosa revista ‘The Lancet Infectious Diseases‘, publica el dato de que las vacunas han evitado 20 millones de muertes en el mundo, sin poder hacerse una extrapolación a España ni a Melilla mínimamente aceptable, por las variables que condicionan la cuestión; sin embargo, está claro que un despliegue más temprano y más amplio de la vacunación, ejerció un efecto preventivo mayor, y ante esto nos debemos de preguntar qué hubiera pasado en Melilla si la población se hubiera vacunado como en el resto de España –en Melilla siempre hemos estado por debajo de los datos medios nacionales-, y se hubieran evitado las colas bochornosas de la vacunación, que ocasionó la apertura dela frontera.

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