¿Mayoría absoluta?

Jano García publicó, en twitter, el 18/7: “El apocalipsis climático es una farsa, una burda competición de bobos y una pantomima para que los vacíos de espíritu rellenen su existencia jugando a salvar el planeta mientras la población se arruina por culpa de los políticos”. “El cambio climático mata”, declaró, más o menos al mismo tiempo, Pedro Sánchez, mirando un incendio… provocado por un hombre. Podía haber dicho que el incendio era una muestra más de la violencia machista que está destruyendo España, pero, por lo visto, no le pareció necesario, en esta ocasión, y con lo del cambio climático -disfrazado de hombre que prende el fuego- ya creía tener bastante para la propaganda -su arma preferida- del momento.

La otra arma de Sánchez es desembarazarse de los que ya no les son útiles, aunque le sigan siendo fieles. Dolores Delgado, es su última víctima y ha dejado, “por enfermedad”, de ser fiscal general del Estado. Más o menos por un motivo similar -pasando del embarazo al dolor de espalda- al del de la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, la ya exlátigo del PP. Algo se mueve en el PSOE, de Pedro Sánchez. Algo que ataca a la salud de las/los que ya no son útiles al dios.
Debería tenerlo en cuenta la delegada del Gobierno en Melilla, Sabrina Moh, que ha declarado (MELILLA HOY, el miércoles) que la prioridad del Gobierno (de Sánchez, porque el Gobierno español es cada vez más de Sánchez, y de nadie más) “es proteger a la ciudadanía de las consecuencias económicas de la guerra en Ucrania”. Un mono de repetición no hubiera repetido mejor y con menos raciocinio las órdenes de Pedro Sánchez. Ese mismo día, el miércoles, yo escribí mi Carta con el título de “Saber algo de economía para votar bien”. A Sabrina Moh le es todavía más que necesario empezar a aprender algo, lo mínimo, lo primario de la economía, para no hacer el ridículo repitiendo mantras -la repetición constante de una idea, habitualmente falsa o vacía de contenido- de quien, como su adorado jefe, Pedro Sánchez, utiliza la mentira constantemente como arma política.
El objetivo de Sánchez no es “proteger a los ciudadanos españoles de la guerra de Ucrania” sino protegerse él en su puesto de presidente, del que está en creciente peligro de caer, porque la economía española se hunde, mucho más profundamente que las economías de nuestro entorno, que, por cierto, están mucho más directamente afectadas por la guerra de Ucrania -país al que esos países de la Unión Europea están ayudando económicamente mucho más que el Gobierno español- y que no se excusan en Putin como argumento único para intentar ocultar sus fallos económicos, que son los propios e inevitables de toda política totalitarista, antiliberal, antieconómica del tipo de la de Pedro Sánchez y sus monos de repetición (para ejemplo muy próximo: la economía de Melilla)
Pongamos que -como Joaquín Sabina hacía con Madrid- yo hablo ahora de Melilla y me pregunto y pregunto a todos ustedes si son, o no, las mayorías absolutas una especie en extinción. En Andalucía -la última Autonomía en la que se han celebrado elecciones- ha habido, en contra de casi todos los vaticinios, una mayoría absoluta del PP liderado por Juanma Moreno, lo que hace suponer que no es cierto que tales mayorías no se puedan producir en estos tiempos. ¿Ocurrirá en nuestra Melilla algo parecido a lo que ha sucedido en la para nosotros tan cercana Andalucía, a la que administrativamente pertenecíamos en tiempos no tan lejanos?
Hay algunos -entre los que se encuentra el actual presidente del PP local, Juanjo Imbroda, que es muy listo- que están convencidos de que el PP logrará en Melilla esa mayoría absoluta de al menos 13 diputados locales. Hay otros, muchos, que creen que el PP ganará las elecciones en Melilla, pero no conseguirá la mayoría absoluta, si no cambia.
Los primeros, los que creen que el PP obtendrá 13 o más diputados -3 más de los que consiguió en las elecciones locales últimas, las de 2019- se basan en que Ciudadanos prácticamente ha desaparecido y que sus votos de 2019 pasarán al PP, además de los votos de muchos de los desilusionados con el PSOE y con CpM por su actuación y sus resultados como gobierno de coalición durante estos últimos años. Los segundos, los que no creen en la mayoría absoluta del Partido Popular, emplean el argumento de la presumible incapacidad de ese partido para cambiar de liderazgo y al posible crecimiento de Vox como receptor de los desencantados con un PP que no cambia. Y -esto es muy, muy importante y preocupante- de fondo existe una profunda, grave preocupación ciudadana que ve el peligro de que la política melillense pase a ser una confrontación no política ni económica, sino religiosa, del tipo -dicho sea con todo cariño y respeto- de “moros contra cristianos”, un argumento que casi nadie exterioriza pero que no pocos practican y que casi todos los melillenses -menos los económica y directamente favorecidos por la confrontación- temen, con fundamento.

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