La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad

Es frecuente ver en las películas norteamericanas, cuando se escenifica la realización de un juicio en alguna corte penal, a un alguacil demandando de alguno de los testigos el juramento de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, a lo que el testigo suele responder que, con la ayuda de Dios, lo jura. Es decir que el testigo reconoce necesitar de la ayuda de Dios para exponer lo que, a su juicio, es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
Esta semana hemos sabido que el Partido Socialista, por boca de su Secretario de Organización, el señor Santos Cerdán, no necesita la ayuda de Dios para saber lo que es verdad o es mentira. El Partido Socialista ha anunciado la constitución de un Comité de desmentidos de las mentiras de la derecha. No van a analizar las afirmaciones de la derecha para debatirlas o contraponer a ellas los argumentos que consideren oportunos, no. Lo que van a hacer es, por derecho, desmentirlas, porque son mentira y ya está.
Yo creo que ni siquiera el Papa se pronuncia de una manera tan contundente en cuanto a lo que puede considerarse indiscutible. Ante dudas irresolubles por la vía del debate, la Iglesia le reserva al Santo Padre el derecho de pronunciarse infalible en asuntos de fe y de costumbres, para lo que debe hacerlo “ex cátedra” en referencia a la silla de San Pedro en el Vaticano. «El Papa es infalible cuando habla ex cáthedra, es decir, cuando define solemnemente verdades de fe y costumbres»
El Partido Socialista no necesita esa solemnidad porque ellos poseen la verdad absoluta. El que discrepe, miente. Eso es muy fuerte, aparte de totalitario. Pero ya se sabe. Como dice un amigo mío asturiano: “ye lo que hay”.
En este clima de victimismo del Partido mayoritario en el gobierno por pretender sentirse víctima de lo que denomina las mentiras de la derecha, ha irrumpido en el debate político nacional el anuncio del vicepresidente del gobierno de Castilla y León de promulgar un denominado protocolo provida que ha despertado las iras del Partido Socialista.
Ello ha brindado la oportunidad, especialmente a las ministras socialistas del Gobierno de la nación, para arremeter contra el Partido Popular por su pacto de coalición con VOX en el gobierno de esa Comunidad y dejar de hablar por unos días de los agresores sexuales excarcelados o beneficiados en sus condenas por la “Ley del sólo sí es sí” o de las revisiones de penas a los condenados en determinados casos de corrupción o de la eliminación del delito de sedición de nuestro Código Penal.
Hasta tanto ha llegado la impostura y la sobre actuación por parte del gobierno con este asunto que incluso han llevado al Parlamento europeo, no el protocolo, que, por otra parte, aún no existe, sino, ni más ni menos, que el peligro que representa para la estabilidad de la nación española y de toda la Unión Europea la presencia de representantes de VOX en un gobierno autonómico. El mismo gobierno que recrimina a la oposición en España acudir a la Unión Europea en demanda de protección frente a lo que considera abusos y desmanes del gobierno de la nación, que ponen en peligro la pervivencia del Estado de Derecho, acude a la misma Unión Europea para “protegerse” de la presencia de unos representantes políticos en un gobierno autonómico. Hilarante si no fuera trágico.
También han visto la luz estos días los resultados de la última encuesta del CIS en la que se han formulado preguntas de manera radicalmente tendenciosa. Un ejemplo de una de ellas se formulaba de la siguiente manera: “¿Le preocupa que la justicia prohíba votar a los diputados como sucedió en diciembre?” La pregunta es obviamente tendenciosa ya que la justicia no “prohibió” votar a los diputados, sino que el Tribunal Constitucional se pronunció sobre la constitucionalidad de un determinado trámite parlamentario ante la demanda de amparo promovida por más de 50 diputados, como establecen las normas, por estimar la existencia de falta de legalidad en dicho trámite iniciado torticeramente por el gobierno. El Tribunal, simplemente, dio la razón a los diputados demandantes de amparo. Esta es la imparcialidad y el culto a “la verdad” que práctica el actual gobierno de España y sus colaboradores institucionales más aguerridos.
Decía Antonio Machado que “La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad, aunque se piense al revés”. También decía, en expresión que se cita con más frecuencia, que “la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”. Esto es cierto o aplicable a afirmaciones o situaciones que no admiten debate, es decir que no están sujetas a opinión. Hay multitud de afirmaciones o posiciones, por el contrario, que son objeto de opinión, debatibles y cuya veracidad o falsedad, por lo tanto, no puede ser establecida de manera tan simple.
Se pueden tener como veraces las afirmaciones pronunciadas sobre asuntos no opinables. De día hay más claridad que de noche, la acción del sol calienta más que la de la luna, etc.
Pero hay multitud de asuntos, que, por definición, son opinables o más complejos, para los que no cabe más alternativa que la reflexión y el debate para aproximarse a la veracidad sobre los mismos. Decía Julián Marías que “no existe una perspectiva única de la realidad; la perspectiva, para ser real, exige la multiplicidad”.
Creerse en posesión de la verdad en materias opinables conduce al totalitarismo y dificulta, o aún imposibilita, el intercambio de pareceres.
Sé que habrá opiniones diversas sobre todo lo expresado en estas líneas, pero con la ayuda de Dios, la mejor de mis disposiciones y aún a riesgo de que el Comité de desmentidos de las mentiras de la derecha del Partido Socialista desmienta todo lo dicho desde la primera línea hasta la última, esta es, a mi juicio, “la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”.

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