La U.D. Melilla necesita autocrítica y renovación para recuperar el rumbo de su proyecto deportivo

Jugadores de la U.D. Melilla celebrando un momento en el campo.

La U.D. Melilla vuelve a caminar por un terreno demasiado conocido. La situación actual no es fruto de un mal partido ni de una mala racha puntual, sino la consecuencia de tres temporadas consecutivas marcadas por errores repetidos, decisiones fallidas y una ausencia clara de rumbo deportivo, aunque el presidente de la U.D. Melilla, Luisma Rincón, indicó el pasado miércoles que se está aprendiendo de esos errores y que se están tomando decisiones para corregirlos, reconociendo la complejidad del fútbol y la necesidad de equilibrar proyecto y plantilla.

El cese de Rafa Ocaña como director deportivo, con el equipo en puestos de descenso, ha reabierto un debate inevitable. No tanto por la decisión en sí, sino por pensar que el problema se soluciona señalando a una sola persona. Lo ocurrido en el club no es responsabilidad exclusiva del director deportivo. Es el resultado de una planificación errónea sostenida en el tiempo, con cambios constantes de entrenadores, fichajes que no han dado rendimiento y proyectos que nunca terminan de cuajar.

La comparecencia del presidente, Luisma Rincón, sirvió para asumir parte de esa autocrítica y defender la gestión del club, pero también dejó una reflexión significativa: “se han tenido jugadores, pero no se ha conseguido formar un equipo”. Y ahí reside gran parte del problema. Se han firmado nombres, pero no se ha construido una identidad ni un modelo reconocible. En este contexto, resulta imprescindible que el club cuente voces críticas y que sean capaces de decir lo que se está haciendo mal, no solo escuchar mensajes complacientes. Sin críticas dentro, el riesgo de repetir errores es permanente.

Afortunadamente, en medio de este escenario, el club parece haber entendido la necesidad de recuperar el sentimiento de pertenencia y el ADN melillense, apostando de nuevo por jugadores de la tierra y por perfiles que sienten el escudo. Ese camino, aún incipiente, puede ser una de las bases sobre las que reconstruir el proyecto deportivo si se mantiene con coherencia y continuidad.

La U.D. Melilla necesita algo más que cambios de nombres. Necesita un proyecto real, coherente y sostenido en el tiempo, como ocurre en Ceuta, independiente de lo que ocurra de aquí al final de Liga. Y la afición, cansada de ver cómo la historia se repite, merece hechos, no más discursos.

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Antonio Calderay

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