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Opinión

La tecnología nos ayuda a vivir mejor. ¿O no?

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Criptomonedas

Por: Gonzalo Fernández

Miramos a nuestro alrededor y vemos que estamos rodeados de tecnología. Por ejemplo la que nos ayuda a leer el periódico de Melilla, cuando estamos en Madrid, y eso es bueno, muy bueno. Pero también nos permite leer textos y ver videos terribles, plagados de maldad o desinformación, y eso es malo, muy malo.

La tecnología nos ayuda a desarrollar, en plazos muy cortos de tiempo, vacunas que salvan millones de vidas, y eso es muy bueno. Pero también nos ofrece información totalmente equivocada, que hace que millones de personas en el mundo occidental no se vacunen, cuando tienen la oportunidad de hacerlo, poniendo así en riesgo sus propias vidas y las de los demás. Y eso es muy malo.

La televisión o la internet nos ofrecen la posibilidad de acceder a un entretenimiento sano, e incluso a programas culturales que despiertan nuestro intelecto o nos permiten completar estudios oficiales en línea, y eso es muy bueno. Pero también nos ofrecen bazofia como los “reality shows” en los que unas personas se dedican a “despellejar” a supuestos famosos u otros donde personas, pagadas para ello, se dedican a acostarse con quien en principio no deben y a la vista de todo el público. Y eso es muy, muy malo.

También la tecnología nos permite enviar naves al espacio exterior, donde podemos aprender sobre la infinidad de este y nuestra menos que minúscula -no encuentro una palabra común para definirla- presencia en el firmamento. Y eso es bueno. Pero también permite a estados no fiables construir misiles intercontinentales cargados con cabezas atómicas. Y eso es muy, muy malo.

Pero estos ejemplos nos ponen de manifiesto uno de los principales problemas de la tecnología. Su uso puede ser beneficioso o perjudicial, dependiendo del uso que le demos. Y cuanta más tecnología, más es la repercusión positiva o negativa que puede tener sobre nuestras vidas. Desde el tener a nuestra disposición todo el conocimiento de la humanidad, por ejemplo, a “agujerear” nuestro cerebro con información falsa o con los programas de televisión que reflejan lo peor del ser humano y que, muy lamentablemente, millones de personas siguen.

Hay una expresión que resumiría mi opinión sobre la tecnología y su uso: “ten una vida, por favor”. La tecnología debe ser un asistente para mejorar nuestra vida, la vida que tenemos con nosotros mismos y con nuestros semejantes, no para sumirnos en la estulticia o en deplorables vidas ajenas y así justificar las carencias de las nuestras.

Las criptomonedas y los NFT

Pero también hay otro aspecto de la tecnología que merece comentario. Por una parte destacamos las criptomonedas, basadas en una tecnología de enorme utilidad presente y futura, como el “blockchain” y que de alguna forma representan una revolución financiera contra el sistema establecido, que percibimos indeseable. Se ha escrito ya mucho sobre ellas, por lo que no creo se necesita mayor explicación.

Y recientemente han aparecido los “NFT” (Tokens No Fungibles) que representan, en mi opinión, la sublimación de lo incomprensible, de la especulación, al asignarle un valor a algo que en principio no lo tiene, tan sólo porque es único.

Me explico: un billete vale lo que podamos comprar con él, es un bien fungible, con un valor claro. Una criptomoneda, por el contrario, no tiene fijado su valor, sino que lo fija la cantidad que alguien esté dispuesto a pagar por ella, aunque sigue siendo un bien fungible, porque se puede usar como medio de cambio. Una obra de arte no es fungible y su valor también debe ser fijado por el comprador, aunque existen lo que podríamos considerar unos “términos de referencia”, un Van Gogh es más caro que otro cuadro de un pintor determinado, porque así lo ha fijado el mercado del arte.

Pero los NFT, aunque son en principio únicos, no tienen un valor inicial. Por ejemplo, se ha vendido por 200 mil dólares un dibujo digitalizado de una piedra, con la esperanza de que, al ser único, en el futuro se pueda vender por más dinero. Error! Filename not specified.

O una cierta compañía telefónica va a vender un NFT con el primer mensaje que se envió por SMS.  

Y la invasión indeseada de nuestra privacidad

Hay una parte de nuestra privacidad que compartimos voluntariamente en las redes sociales. Es nuestra decisión y nuestro riesgo.

Hay otros datos de nuestra privacidad que “nos roban” al aceptar condiciones de uso que ni tan siquiera leemos, o que son casi forzosas si queremos utilizar nuestros programas informáticos.

Pero el 9 de diciembre surgió la noticia de un error informático, en una cadena de código llamada “log4j”, que es utilizada por las principales compañías y en una mayoría de los programas informáticos existentes en la actualidad. Casi todas las compañías entraron en pánico, dada la importancia de la vulnerabilidad, tratando de parchear el gran agujero recién descubierto lo antes posible .  

Circunstancias como esta nos deberían alertar sobre la importancia de utilizar la tecnología con sentido común, limitando al máximo las vulnerabilidades. No pongamos en la red lo que no queremos que nadie vea. Lo que no está en la red, no puede ser robado en la red.

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