La Semana: Una sola frontera para Melilla. Deprisa, deprisa…

Por: J.B.

“Deprisa, deprisa” es una película española dirigida por Carlos Saura en 1981. Cuenta la historia de una banda de delincuentes juveniles, cuatro amigos del extrarradio madrileño de la transición, cuya falta de expectativas es suplida por el dinero fácil y las drogas.

La película, ambientada a finales de los años 70, narra especialmente la historia de la pareja formada por Ángela y Pablo, provenientes de un ambiente marginal y que encuentran diversión y una salida fácil en los robos a mano armada. Robos que poco a poco se van convirtiendo en golpes más grandes y arriesgados. 

Entretanto, los cuatro amigos (algunos actores eran delincuentes reales, entre ellos Jesús Arias, alias el Susi, que empleaba sus permisos carcelarios para los rodajes) llevan una vida apática donde únicamente se dedican a ver pasar el tiempo, disfrutar de su compañía y utilizar las drogas como vía de escape (vive al día y deprisa).

En la vida muchas cosas pasan más deprisa de lo que nos gustaría: el crecimiento de nuestros hijos, la aparición de achaques en nuestros padres y en nosotros mismos o nuestra propia vida, que parece que se nos va yendo de la mano cada vez más rápido.

En nuestra sociedad actual también pasa todo “deprisa, deprisa”, sin apenas tiempo para digerir los acontecimientos que se van produciendo. Últimamente (en los últimos años) las malas noticias/situaciones se suceden a ritmo vertiginoso: primero la crisis del ladrillo; después el coronavirus; junto a este, las subidas desmesuradas del precio de la luz, la gasolina y el gas; y, como colofón final, la invasión/guerra de Ucrania.

“El arte de la vida radica en un constante reajuste a nuestro entorno”. Kakuzo Okakura. “Nos impulsan cinco necesidades genéticas: supervivencia, amor y pertenencia, poder, libertad y diversión”. William Glasser. Sobreviviremos también a la guerra (ya lo hemos ido haciendo, como hemos podido, a todo lo anterior) porque el hombre se adapta a todo (esa es una de las ventajas frente al resto de seres vivos) y la necesidad de supervivencia supera con creces a cualquiera de las otras.

Pese a tener un gobierno inútil presidido por un mentiroso que reacciona, normalmente, tarde, mal o nunca; que busca sólo su beneficio político; que nos está haciendo cada vez más pobres (luz cara-con un gran porcentaje de impuestos-, combustibles carísimos – con, también muchos impuestos que sigue cobrando el gobierno-, materias primas cada vez más caras); pese a todo lo anterior, sobreviviremos. Pero no esperemos demasiado de Pinocho Sánchez y sus acólitos, porque serían ilusiones vanas. Saldremos adelante solos y, si tenemos suerte, sin demasiadas zancadillas por parte de nuestro actual gobierno.

Una sola frontera para Melilla

En 1991, España firmó su entrada en el espacio Schengen, que llevaba creado desde 1985. Como parte de este acuerdo se establecieron dos excepciones para España: Ceuta y Melilla. Estas condiciones estaban recogidas en el acuerdo, conservando las particularidades aduaneras aprobadas en el Protocolo II del acta por la que se unían a la Unión Europea Portugal y España.

La norma recogía también que el movimiento de personas entre las provincias fronterizas  de Tetuán y Nador y  las ciudades de Ceuta y Melilla seguiría teniendo un control diferente del que tienen los residentes de otras zonas de Marruecos, que sí precisan de visados para entrar en Ceuta y Melilla. España debía, por lo tanto, controlar las fronteras marítimas y aéreas entre ambos territorios y la península.

Tras los acontecimientos del pasado mayo en la frontera con Marruecos, España se planteó incluir a las dos ciudades en la frontera única. Esto significaría que el control fronterizo de personas y mercancías se movería de los puertos/aeropuertos de Ceuta y Melilla y pasaría a estar en el paso con Marruecos, lo que haría que se exigiera visado de entrada a todos los marroquíes, incluso a los que trabajan en el territorio de las dos ciudades autónomas.

Debe pasar a ser una prioridad el que tanto Ceuta como Melilla  sean parte de la frontera única. Así dejarían de ser dos ciudades autónomas con dos fronteras y pasarían a ser un territorio más de España (como Madrid, Ciempozuelos o Fuengirola) con una única frontera (en los pasos con Marruecos). Una frontera que debería ser dotada de suficiente personal y medios (además de ser convenientemente impermeabilizada, dejando atrás idioteces) para que tuviera un tráfico ágil de personas y mercancías.

Ceuta y Melilla son España y como tales los ciudadanos de ambas ciudades deben tener las mismas fronteras que el resto de ciudades de  nuestro país. Esperemos que pronto se acabe de una vez con un hecho que nos hace ser españoles de segunda: tener una frontera dentro de España para moverse a otra población española.

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