En 2024, China lideró las ejecuciones a nivel mundial, seguido por Irán, Arabia Saudí e Irak. Aunque se documentaron 1.518 ejecuciones en 15 países, las cifras chinas son secretas. La pena de muerte sigue siendo utilizada para silenciar disidencias, desafiando derechos humanos.
China es (lógicamente, existiendo la pena capital y teniendo una población- en 2023- de 1.411 millones de personas, entre los 5.564 millones existentes en el mundo, es decir, el, aproximadamente, 25 % de la población mundial) fue, en 2024, el país con mayor número de ejecuciones un año más, seguido de Irán, Arabia Saudí e Irak.
Según un informe de AI (Amnistía Internacional), 1.518 personas fueron ejecutadas en 2024 en 15 países, según los casos que esta institución ha podido documentar. Aunque el récord lo tiene China, sus cifras, que se supone se calcularían en miles, son secreto de Estado.
El triángulo de la muerte
La pena de muerte está lejos de desaparecer como medida de castigo en el mundo. Las 1.518 personas que fueron, oficialmente, ejecutadas en 2024 en 15 países, constituyen la cifra más alta de muertes de este tipo desde 2015. El dato, obviamente, no incluye información sobre China, aunque Amnistía Internacional estima que las ejecuciones en China se contarían por miles.
Las cifras se quedan muy cortas en comparación con la realidad, ya que además de no contar con datos de China, tampoco existen sobre Corea del Norte o Vietnam (dos países donde también la pena de muerte es considerada un secreto de Estado), ni sobre Palestina o Siria (por estar inmersas en conflictos bélicos).
Pedro Sánchez, pese a que muchos miembros de su gobierno están contra la pena de muerte, no tuvo problema alguno en visitar, la semana pasada, China (donde se reunió con el líder chino, Xi Jinping) y Vietnam.
El aumento de ejecuciones (hay que resaltar que se trata de las cifras oficiales que, por desgracia, ocultan datos mucho mayores) judiciales en 2024 fue del 32% respecto al año anterior, pese a que aumentó el número de países abolicionistas. Según AI: «Ciento trece países lo han abolido en sus códigos penales para todos los delitos y 145 países en la ley o en la práctica, lo que quiere decir que pueden tenerlas en la ley, pero no las ejecutan».
El triángulo de la muerte (dejando fuera a los países antes mencionados, de los que no hay datos) lo conforman Irán, Arabia Saudí e Irak: El 91% de las ejecuciones contabilizadas en 2024 se realizaron en estos tres países: Irán (pasó de las 853 de 2023 a las 972 en 2024), Arabia Saudí (aumentó, de las 172 de 2023 a las 345 del año siguiente; el 64% de las conocidas en todo el mundo) e Irak (subió en 12 meses de 16 a 63). Según AI, estos tres países llevaron a cabo “el 91% de las ejecuciones conocidas, violando derechos humanos y segando cruelmente vidas por cargos relacionados con drogas o terrorismo».
Creen en AI que, en estos tres países, «las condenas a muerte se usaron para silenciar a defensores y defensoras de los derechos humanos, disidentes, manifestantes, oponentes políticos y minorías étnicas». Afirman que la pena de muerte, especialmente en Irán y Arabia Saudí, “se usa para silenciar a quienes son lo bastante valientes para alzar la voz».
Más del 40% de las ejecuciones se llevaron a cabo de forma ilícita, por delitos relacionados con drogas, contradiciendo el derecho y las normas internacionales de derechos humanos, que indican que la pena de muerte ha de estar restringida a los delitos más graves.
El miedo como excusa
Según el informe de AI, hubo dirigentes que utilizaron la pena de muerte con el falso pretexto de mejorar la seguridad pública o infundir miedo en la población. Subraya el caso de EEUU, que ha ido aumentando el número de ejecuciones desde el Covid-19. En el país de las barras y las estrellas se ejecutó, en 2024, a 25 personas, una más que el año anterior.
Parece que Trump parece a favor del incremento de las ejecuciones. Antes de acceder a la presidencia, prometió que ordenaría al Departamento de Justicia que persiguiera así a «violadores, asesinos y monstruos violentos». Una de las órdenes ejecutivas firmadas por Trump justo después de su jura del cargo, fue para acelerar este asunto, que está ahora en el Senado de EEUU.
Hay opiniones de todos los colores sobre la pena de muerte: algunos, por ejemplo, defienden que la pena de muerte ayuda a erradicar los delitos y ponen como ejemplo a Singapur (hay pena de muerte para los traficantes), donde casi nadie se atreve a traficar; Otros afirman, para defender las ejecuciones en China, que “en China y otros países de Asia la criminalidad que afecta al ciudadano común es casi inexistente y no tienes miedo de caminar por las calles”; Hay quienes la defienden para casos muy claros: “siempre que no quede duda sobre el delito cometido me parece perfecto. Aquí a los criminales los echamos a la calle tras unos años, pocos, entre rejas y vulneramos los derechos humanos de sus víctimas”; Otros, en contra de la pena de muerte, critican abiertamente al gobierno actual: “El gran farsante paseando por la democrática China. ¿Tiene algo que decir el PSOE o Bolaños?. Vergüenza corruptos…”; Muchos critican que se use de forma encubierta para eliminar opositores o personas incómodas para el régimen de turno y que los datos no sean nada más que la punta de un gran iceberg de ejecuciones “no oficiales”.