“La Guardia Civil ha dejado muy en alto el honor de las armas”

Entrega de una placa de reconocimiento por el Comandante General de Melilla al Coronel Núñez tras su conferencia.
Entrega de una placa de reconocimiento por el Comandante General de Melilla al Coronel Núñez tras su conferencia.

Entrevista a Jesús Núñez, Coronel de la Guardia Civil y doctor en Historia. Delegado en Andalucía de la Asociación Española de Militares Escritores

PREGUNTA: Su conferencia ha sido la última del Ciclo que ha organizado la Comandancia General para conmemorar el Centenario de la Campaña de Melilla de 1921. ¿Cuál fue el papel de la Guardia Civil?

RESPUESTA: Bueno, primero tengo que agradecer al Ejército de Tierra y en especial al general de división José Miguel de los Santos Granados, que nos hayan invitado a participar en este ciclo. Creo que es muy importante que se haya llevado a cabo pues como dijo el comandante general cuando presentó el pasado 30 de abril el programa de actividades de este Centenario, “los militares tenemos el deber ineludible de honrar a nuestros héroes”. 

P: ¿Hubo muchos héroes en aquella Campaña?

R: Claro que los hubo. La Campaña de Melilla estuvo llena de héroes, pero donde no quedaron supervivientes no hubo testigos que posteriormente lo relataran. Murieron más de siete mil soldados españoles y más de dos mil soldados indígenas que permanecieron leales a España. Seguro que hubo muchos centenares de actos de heroísmo que nunca se conocerán.

P: ¿Hubo también héroes y muertos de la Guardia Civil?

R:  Sí. Su número no puede compararse con los del Ejército ya que solo había 76 guardias civiles en la zona de Melilla, pero desde luego los hubo. Combatieron y murieron con sus compañeros de armas.

P: ¿Dónde había guardias civiles entonces?

R: En la región de Melilla había una compañía reducida de infantería así como una sección de caballería de la Guardia Civil que estaban encuadradas en la Comandancia de Marruecos cuya jefatura estaba en Ceuta. Allí había otra compañía así como otra en Tetuán y otra en Larache, además de un escuadrón de caballería en Ceuta y otra sección más en Larache.

P: ¿Y los guardias civiles de Melilla dónde estaban?

R: En la ciudad de Melilla estaban los puestos del Mantelete y de Batería Jota bajo el mando del teniente Valero Pérez Ondátegui. En Nador y Zeluán había también puestos bajo el mando del teniente Ricardo Fresno Urzay, así como en Segangan y San Juan de las Minas, a cuyo frente estaba el alférez Lisardo Pérez García. El jefe de todos ellos era el capitán José García Agulla, en Melilla.

P: ¿Qué misión tenían esos guardias civiles?

R:  Su misión principal era la entonces denominada de orden público hoy día llamada seguridad ciudadana que ejercían tanto sobre la población europea como indígena. También prestaban la que entonces se llamaba de servicio de campaña, desempeñando funciones de policía militar en los campamentos del Ejército. En aquella época la vigilancia fiscal del puerto de Melilla lo hacía una sección de Carabineros que eran los encargados de perseguir el contrabando. No obstante la Guardia civil practicó también algunas intervenciones contra el contrabando de armas que existía en las cábilas.

P: ¿Qué pasó con los guardias civiles en la Campaña de Melilla de 1921 y en especial en los sucesos de julio y agosto?

R: Los que estaban en Melilla tuvieron como misión principal controlar el puente de Triana que era la principal entrada procedente de Nador. En la alcazaba de Zeluán los guardias civiles combatieron y murieron junto a sus compañeros del Ejército. Cuando tras nueve días se les acabaron las municiones y víveres, capitularon y se entregaron, pero no se les respetó la vida y cuando estaban desarmados para regresar a pie a Melilla, los masacraron brutalmente. Los cuerpos de cuatrocientos españoles quedaron insepultos hasta que en octubre se reconquistó Zeluán. Entre ellos estaban los del cabo Francisco Carrión Jiménez que era el comandante del puesto de la Benemérita y los de los guardias civiles Paulo Antonio Sánchez Sáez, José Noguera Aznar, Constantino Ferrero López y Sotero Alonso Herranz. Lo mismo sucedería seis días después con millares de soldados que se encontraban sitiados en Monte Arruit.

P: También hubo guardias civiles en la famosa defensa de la fábrica de harinas de Nador, ¿no?

R: Así fue. Allí estuvieron desde el 24 de julio los guardias civiles destinados en Nador y Segangan, bajo el mando de un teniente coronel del Ejército. Participaron activamente en la defensa del edificio junto a centenar y medio de soldados de diferentes unidades. El teniente Fresno resultó herido en una pierna y se distinguieron el cabo Laureano Lozano López, el guardia 1º José Sánchez Callejón y el guardia 2º Manuel Almarcha García. Éste sería propuesto para la cruz laureada de San Fernando por su valor heroico, si bien finalmente no se le concedió, citándosele posteriormente como distinguido en la orden general del Ejército. Agotadas las municiones y los víveres capitularon el 2 de agosto. Esta vez el enemigo respetó el pacto y pudieron salir a pie hacia Melilla. Como anécdota decir que a los oficiales del Ejército y los guardias civiles les permitieron conservar sus pistolas.

P: ¿Y los guardias civiles de San Juan de las Minas?

R: Pues realmente son los que tuvieron más suerte, ya que tras replegarse sobre la vecina población de Segangan, que se encontraron abandonada, se defendieron hasta agotar sus municiones y al intentar escapar por la noche hacia Nador fueron descubiertos y hechos prisioneros junto a varios familiares. Estos eran la esposa del comandante de puesto, sus tres hijas menores de edad y una hermana de aquél. Se trataba del cabo Juan Ruiz Sánchez y los guardias civiles Cándido Puertas Ruiz, Félix Quintero Ojeda, Matías Labrador Moreno y Manuel Rastrojo Reyes. Tras cuatro días de cautiverio unos indígenas adictos a España los disfrazaron y el 28 de julio los trasladaron de noche, sanos y salvos, hasta Melilla a cambio de una cantidad de dinero

P: ¿Dónde estaban los demás familiares del resto de guardias civiles?

R: Los que trajeron a sus familias aquí residían la mayor parte en Melilla y Nador. Cuando comenzó a evacuarse la población civil europea hacia Melilla, los guardias civiles enviaron allí a sus familias mientras que ellos se quedaron para cumplir con su deber.

P: Transcurrido ya un siglo de aquello, ¿qué visión tiene como historiador?

R: Me resulta muy complejo resumirlo en pocas palabras, pero primero pondría en contexto el terrible impacto que tuvo en la opinión pública española y en el propio Ejército la tragedia acaecida aquel verano de 1921. Se padecía entonces en España una elevada conflictividad político-social y constantes alteraciones del orden público. El pistolerismo estaba en pleno auge en Cataluña y en los tres últimos años se habían formado nueve gobiernos. El último de ellos había sido nombrado por Alfonso XIII el 13 de marzo. Cinco días antes había sido asesinado en Madrid por unos anarquistas el presidente del gobierno, Eduardo Dato Iradier.

P: Usted estuvo destinado en Melilla hace muchos años. ¿Eso influyó en que investigase lo que sucedió aquí?

R: Así fue. Estuve destinado entre 1988 y 1991 como teniente en la antigua casa-cuartel del Mantelete, hoy desaparecida y allí encontré los primeros informes sobre lo sucedido y me hizo interesarme por ello. Incluso publiqué entonces algún artículo en MELILLA HOY. Con el paso del tiempo me matriculé en la UNED y tras más de una década, pues es difícil compaginar los estudios con el servicio, pude conseguir el grado de doctor en historia, habiendo publicado ya un par de monografías y una veintena de artículos relacionados con el periodo de las campañas de Marruecos entre 1909 y 1927.

P: Por último, hace ya más de treinta años que se marchó de Melilla, ¿cómo ha encontrado la ciudad?

R: Bueno, ya no existe ni el cuartel del Mantelete donde prestaba servicio ni la casa donde yo vivía, lo cual me ha causado cierta tristeza pero he visto muy arreglada Melilla la Vieja así como numerosos edificios nuevos por el resto de la ciudad. No es la misma ciudad ni los mismos problemas que existían hace tres décadas pero he seguido manteniendo contacto con las buenas amistades que hice entonces y siempre me he considerado un embajador de Melilla allí donde he estado, tanto en mis destinos dentro de España como en el extranjero. Lo mejor y más emotivo de todo ha sido reencontrarme con varios de los antiguos guardias civiles con los que estuve entonces destinado en la Policía Judicial.

P: ¿Algo más que quiera decir? 

R: Tan sólo recordar el titular de la Revista Técnica de la Guardia Civil, correspondiente a septiembre de 1921, donde se relataba lo acaecido: “La Guardia Civil, en Melilla, como en todas partes, ha dejado muy en alto con su propio honor, el honor de las armas”. Muchas gracias por todo.

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