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Opinión

La era de la desunión europea

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Por Gonzalo Fernández

El perder a la Sra. Merkel como líder de Alemania, la locomotora europea, significa de hecho el incremento de las tendencias centrífugas, divisivas, que están echando raíces en países y sociedades a lo largo y ancho del llamado mundo occidental. A ello se suma la salida del Reino Unido, los “primos” de los Estados Unidos, de la Unión Europea.

Este vacío de poder va a tratar de llenarlo Francia pero, por mucho que le pese, su poder, su prestigio dentro de la Unión Europea, de OTAN y en general en el mundo, está muy lejos del de Alemania. Los tiempos de “la grandeur”, de los supuestamente innumerables y extremadamente heroicos “maquis” que, según la versión preferida en Francia, prácticamente ganaron la Segunda Guerra Mundial, han quedado en el pasado ya lejano. 

Las razones para la disminuida influencia de Francia son múltiples, pero quiero resaltar la permanente y desagradecida oposición a todo lo que venga de los Estados Unidos, olvidando que por dos veces en el siglo pasado han sido ellos los que han recuperado la libertad para Francia, con su dinero y sobre todo con su sangre. Y debemos tener muy en cuenta que cuando se trató de consolidar la unión política “de regis” de Europa, votando la propuesta constitución común, el primer país importante que votó en contra fue la misma supuestamente europeísta Francia.

Una de las importantes razones que estimo están impulsando la desunión política europea, que no la comercial, es quizás el excesivo intervencionismo de la justicia europea, con frecuencia en oposición a lo dictado por los tribunales de justicia nacionales en temas de gran sensibilidad. Y también el excesivo poder del Consejo europeo, que ha pasado de hecho a ser en muchos aspectos un gobierno supranacional. Ambas razones provocan un rechazo en buena parte de las poblaciones nacionales, que no admiten que alguien “de fuera” venga a dictar lo que su país debe o no hacer.  

El día de la Hispanidad.

El día 12 pasado se debería haber celebrado el por muchos años llamado día de la Hispanidad. Digo debería porque en todos los países de América en donde se habla español, mayoritariamente o por una parte importante de la población, excluidos por tanto Brasil y Canadá, dicho día ha pasado a ser llamado con un diverso engendro de nombres. 

La “leyenda negra” anglófila y la muy de moda visión nativista, han mostrado todo su poder para deformar un hecho histórico de proporciones extraordinarias, renunciando no solo a la verdad de la mal llamada conquista de América sino a la herencia cultural española, como si se pudiera renunciar al idioma, a la religión, a los usos y costumbres, a todo lo mucho que de España quedó en esos países. 

En cuanto a la mentira de la leyenda negra tan solo hay que mirar al norte, hacia Estados Unidos, para ver como los ingleses y después los sucesivos colonos europeos, exterminaron casi en su totalidad a la población indígena, recluyendo a los demás en reservas sin posibilidad real de integrarse en la sociedad “blanca”. Por contraposición observemos a los países hispanoamericanos, no renuncio a esa denominación, donde la mayoría de la población tiene sangres mezcladas, española e indígena, lo que niega totalmente el exterminio de la conquista que buena parte de los nuevos gobernantes del área tratan de predicar.

A título de ejemplo citaré el caso de México, donde un señor que se llama Andrés Manuel López Obrador, ahora el presidente del país, ridículamente trata de exaltar como únicas unas raíces y cultura indígenas que obviamente no comparte, como tampoco lo hace su esposa. Como muchos señalamos, si se hubiera producido el exterminio voluntario indígena, lo que realmente no ocurrió, fueron sus antepasados los que son culpables de hacerlo, por lo que de nuevo resulta ridículo exigir a España disculpas por descubrir y colonizar América. 

La mejor, quizás la única razón para el despropósito generalizado en nuestros países hijos, es la frecuente excusa de los dictadores y los incompetentes, que tratan de buscar un enemigo externo para hacerle culpable de los males del país en ese momento. En el caso de México, y según el Sr. López, tras más de doscientos años se supone que España es culpable de que casi la mitad del país esté en la pobreza, de que la corrupción infecte a todas las capas de la sociedad, de que el régimen presidencialista haga cuasi dictadores por seis años y de los otros innumerables males que padece el país.

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