La división empresarial no es la solución

Una “nueva” Asociación de Empresarios, autotitulada “PYMES Melilla”, se ha presentado en nuestra ciudad de manera harto singular, nada empresarial, por cierto. Lo ha hecho yendo a rendir pleitesía a la representante de lo administración pública en Melilla, la ineficaz Sabrina Moh.

Como a la representante en Melilla del Gobierno socialcomunista de Madrid no le gustó -porque al Gobierno central no le había gustado- que la Confederación de Empresarios de Melilla (CEME) hiciera público un comunicado en que se aseguraba que Melilla estaba económicamente muerta, la nueva PYMES Melilla le ha ido a comunicar a la delegada Moh -no a los medios de comunicación como se podría esperar de cualquier asociación empresarial- que ellos tienen un discurso completamente diferente del de la CEME y completamente de acuerdo con el de la delegada del Gobierno: “Melilla está viva y tiene futuro”.

Sobre todo si seguimos viviendo a base de subvenciones… que es precisamente lo que a cualquier empresario, grande, mediano o pequeño, no le debe de gustar, porque ha sido y es eso -la burocratización, el convertir toda actividad en algo público, el depender de las subvenciones públicas, el machacar las iniciativas privadas, el sometimiento a las “autoridades”- lo que ha llevado a Melilla al borde del colapso económico, la casi muerte económica, si se quiere decir así.

Las Asociaciones, de empresarios o de lo que sea, no son fines en sí mismos -como no lo son los partidos políticos- sino medios para intentar conseguir determinado objetivos.

En el caso de las asociaciones de empresarios, el fin es que las empresas, las únicas que pueden crear riqueza, funcionen mejor, con menos trabas públicas y con mayor libertad, que es la única manera de poder crear riqueza. Si las asociaciones de empresarios se supeditan a lo público, que es lo contrario de lo privado, pierden todo su sentido y toda su utilidad. La división entre empresarios, especialmente en estos más que preocupantes momentos, es una mala noticia. Las nuevas y las antiguas asociaciones deberían recapacitar y buscar, uniendo esfuerzos, nuevos caminos para salir de la catástrofe sin paliativos en la que nos encontramos. La división empresarial no es la solución, sino una manera más de agravar el grave problema económico en el que nos encontramos. Que tiene solución, sí, pero buscando nuevos caminos y evitando reinos de taifas.

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