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Opinión

Israel, la lucha por la supervivencia

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Mapa de Israel

Por Gonzalo Fernández

En uso de la libertad que el Editor me concede para escribir sobre lo que estime oportuno y de la forma que considere conveniente, voy a comentar hoy una noticia que sé que origina controversia, pero que pretendo poner brevemente en contexto para justificar mi punto de vista.
Para entender la reciente noticia del asesinato, por parte de Israel, del principal científico nuclear iraní, es preciso primero saber cómo se llegó, en contra de la voluntad de todos los países árabes, al establecimiento en 1948 del estado de Israel en la antigua patria de los judíos, Judea.
El reino de Judea bajo control romano comienza en el año 37 a.c. Dado que los judíos no acataban gustosamente la dominación romana, fueron reprimidos en numerosas ocasiones y en el año 135 cambiaron el nombre de Judea a Palestina o Provincia Siria Palestina. Esta denominación perduró hasta nuestros días para denominar una zona de terreno, no un país.
Tras los múltiples pogromos que a lo largo de su historia ha padecido el pueblo judío y las consecuentes migraciones de estos a la “tierra prometida”, la mayoría de la población en la Palestina Británica era de religión judía. El Reino Unido prohibió en 1939 las migraciones judías a Palestina pero, tras el horror de las matanzas nazis, muchos judíos trataron de establecerse allí pese a la oposición encontrada.
Ante la dificultad de la situación, autoprovocada por la negativa británica, este país recurrió a las Naciones Unidas que, en noviembre de 1947, decidieron la partición de Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío, quedando Jerusalén bajo la administración de las Naciones Unidas.
La mayoría de los judíos en Palestina aceptaron esta partición, pero muchos países árabes la rechazaron y trataron de ocupar el territorio asignado a Israel, tan pronto como los británicos abandonaron el territorio. Fuerzas de Jordania, Irak, Siria, Egipto y el Líbano entraron en el territorio asignado a Israel y fueron confrontadas por la Haganá, un improvisado ejército israelí que luchaba a muerte por su supervivencia, la del estado de Israel y el futuro del pueblo judío.
Como suele ocurrir, quien lucha por su supervivencia tiene una fuerza más, por lo que el “ejército” israelí no solo conservó el territorio asignado por Naciones Unidas, sino que expandió el mismo.  Ello dio lugar a la imposición de un alto el fuego, firmado por ambas partes, que asignaba al nuevo estado de Israel los territorios que ocupaba a la finalización del conflicto.
Esta situación se ha repetido en el tiempo con los ataques árabes o la defensa adelantada judía, en los que Israel ocupó nuevos territorios y conservó los anteriormente adquiridos. Lo que no debe sorprender, ya que los países que han perdido las guerras, sobre todo si las han iniciado, han sufrido generalmente las consecuencias de sus derrotas.
Y llegamos aquí al momento clave de mi presentación. Todos los estados árabes, con la excepción de Egipto y Jordania, siguieron en guerra larvada contra Israel y/o no reconocieron la existencia de éste hasta el año 2020, cuando Estados Unidos consiguió que Marruecos, Baréin, Emiratos Árabes Unidos y Sudán lo reconociesen. Egipto fue recompensado, por su temprano reconocimiento, con la devolución por parte de Israel de la Península del Sinaí. Ello hace pensar que, de proceder de igual forma, otros estados árabes quizás hubieran podido también conseguir, o pueden conseguir en el futuro, acuerdos beneficiosos.
No es el caso de Irán, cuyos dirigentes han manifestado reiteradamente su voluntad de destruir a Israel. No es difícil suponer que Israel, como todos supongo haríamos en circunstancias similares, trate de evitar que Irán adquiera las capacidades precisas para alcanzar su objetivo.
Sabemos que Israel tiene armas atómicas, aunque nunca las ha usado ni tan siquiera cuando las circunstancias le eran desfavorables, como fue el caso durante la llamada guerra del Yom Kipur. Pero una potencial capacidad nuclear de Irán, ahora su más agresivo enemigo, podría igualar la capacidad de destrucción nuclear en ambos bandos, obligando a Israel a dirimir una potencial contienda sin la amenaza de uso de esas armas y consecuentemente con gran desventaja, dada su limitada población y su muy escaso territorio.  
Ante la imposibilidad aparente de alcanzar un acuerdo pacífico entre Israel e Irán, en el que este último reconozca al estado de Israel y se comprometa a respetar sus fronteras y a su población, así como la limitada o nula capacidad de otros países, incluidos los Estados Unidos, para forzar a Irán a adoptar esa postura, la única solución que Israel cree que tiene a su alcance es la eliminación del programa nuclear de uso militar de Irán.
Para ello puede recurrir a ataque aéreos, mucho más peligrosos para los israelíes dada la capacidad de defensa aérea de Irán y la posibilidad además de ocasionar indeseables y cuantiosos daños colaterales, o la que está empleando, la eliminación selectiva mediante acciones de operaciones especiales de instalaciones y personal relacionado con dicho programa nuclear de uso militar.
No debemos olvidar que las últimas inspecciones a que se ha sometido Irán por parte de las autoridades de verificación han sufrido graves limitaciones y demoras que han impedido asegurar que Irán no tenga muy cercana la posibilidad de fabricar armas atómicas.
Esta muy breve y como tal, imperfecta, descripción del problema, nos lleva al ataque y asesinato del jefe científico del programa nuclear iraní, Mohsen Majrizadeh, al que Israel pretendía eliminar desde hace catorce años. El ataque se produjo con una ametralladora manejada a mil quinientos kilómetros de distancia, mediante satélite, por un tirador israelí.
Esto fue posible por una serie de errores en la seguridad del científico, empezando por su negativa a utilizar un coche blindado, sino un sedán comercial en el que viajaba conduciendo él y acompañado por su esposa. Asimismo, la unidad de la Guardia Revolucionaria encargada de su protección no le obligó a tomar las medidas adecuadas y no percibió señales obvias para un ojo entrenado, como la existencia de un coche estropeado poco antes del lugar del atentado, con su conductor dentro del mismo, y poco después una camioneta de carga aparcada al costado de la carretera, en la que estaba la ametralladora, las cámaras y la antena de satélite, cubiertas con material para trabajos de construcción. Lo que es aún más grave, los agentes israelíes sobre el terreno desaparecieron, sin que se haya podido saber cómo y cuándo lo hicieron.
Esta extracción sin posibilidad de error forma parte del modus operandi actual del Mossad, desde que hace años uno de sus agentes fue detenido, torturado y ejecutado tras reconocer su participación en un atentado.
Puedo concluir que, en contra de la opinión de muchos, la situación geopolítica de Israel es tal que no se puede permitir conceder ventaja alguna al enemigo potencial.
Y también concluir que, como en el caso de Egipto, una aceptación del Estado de Israel y una declaración de paz quizás podría conducir a concesiones importantes por parte del Estado de Israel, lo que realmente contribuiría a conseguir una paz duradera y satisfactoria en la región, para todas las partes.
Usando una simbología cuasi bíblica, si te declaras mi enemigo a muerte, mi única posibilidad es defenderme a muerte. Si por el contrario buscas mi amistad, seré generoso en la aplicación de esta y te invitaré a comer a mi mesa.

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