El régimen iraní ha rebajado a 12 años la edad mínima para que niños se unan a las fuerzas represoras. Ante la creciente oposición, se incrementan los controles en Teherán, mientras el régimen justifica su necesidad de más voluntarios para «defender» el país.
No parece suficiente para el régimen de los ayatolás, una teocracia chiita instaurada en Irán tras la Revolución Islámica de 1979, cuyo Líder Supremo ostenta la máxima autoridad política y militar bajo la doctrina Velayat-e Faqih, controlando las fuerzas armadas, la justicia y el parlamento y que se caracteriza por la represión interna, el control social estricto y la interpretación fundamentalista del Corán, con tratar a las mujeres como cosas o matar a los homosexuales, ahora da un paso más y quiere que niños de 12 años “ayuden” (probablemente obligados) con la represión y el horror.
Desde el inicio de la guerra se han multiplicado los controles en la capital para impedir protestas de la oposición al régimen y este cree necesario el aumento de las fuerzas represoras.
Las autoridades iraníes han decidido rebajar a 12 años la edad mínima requerida para unirse a las filas de los voluntarios que patrullan en Teherán, según anunció un responsable en un discurso televisado el pasado jueves 27 de marzo.
Según el gobierno iraní, concretamente desde una rama de la Guardia revolucionaria, la medida se explica porque «todo el mundo desea contribuir al frente de resistencia formado contra el tirano mundial (fórmula utilizada por el poder iraní para designar a Estados Unidos)» y «tenemos un número muy elevado de voluntarios entre la juventud».
Con el inicio de la guerra, las fuerzas de seguridad iraníes han aprovechado para multiplicar los puestos de control en Teherán con el fin, no escondido, de impedir cualquier manifestación contra la República Islámica.
Estos controles reforzados son llevados a cabo por los basijis, la «fuerza de movilización» compuesta por voluntarios que sumarían unos 600.000 a nivel nacional.
Según la propaganda del régimen, «muchos jóvenes y adolescentes quieren formar parte» de estas misiones confiadas a los basijis, que consisten en «recopilar datos de seguridad y realizar patrullas operativas».



