Idolatría

Hay ahora en Melilla, a medida que se acerca la fecha de las fundamentales elecciones de mayo 2023, mucho interés en volver a realizar planes de desarrollo para nuestra ciudad, que anda -como hemos resaltado aquí, en nuestro periódico, más de una vez- como pollo sin cabeza, política y económicamente hablando. Eso sí, cada partido político hace su plan, radicalmente enfrentado al del enemigo (no contrincante, sino enemigo a muerte).

No es solo Melilla la ciudad española afectada por ese mal del radicalismo, también lo padece el resto de España. “Del esfuerzo común y la ilusión colectiva del 92 -el año de la Expo- se ha pasado a una ausencia total de proyecto para España, como nación y como Estado”, titulaba el lunes pasado su Editorial el diario ABC. Entonces existía en España un consenso bipartidista en las grandes directrices de la acción política y económica, había una conexión nacional, ahora -treinta años después- inexistente, con el agravante de que nos encontramos en medio de una crisis económica sin precedentes que, en el específico caso de Melilla, esta gran ciudad piloto, es especialmente grave y peligrosa, para contento de nuestro vecino Marruecos que ve cómo va consiguiendo su objetivo económico de empobrecer Melilla y Ceuta, las dos ciudades que pretende adjudicarse, sin importarle que también se empobrezcan los entornos marroquíes de las dos ciudades españolas, desaprovechando así las ocasiones brindadas por la proximidad de dos ciudades de la Unión Europea.

La idolatría parecía cosa de un pasado muy lejano, ya superado. Pero los hechos nos demuestran, una y otra vez, que no es así. “La devoción que entre sus íntimos despertaba el señor Azaña solía rayar en la idolatría, y los idólatras jamás disienten del ídolo”. Lo escribió el socialista Indalecio Prieto, en 1940, hace 82 años, en plena guerra civil, de la que en gran parte Prieto culpaba a Manuel Azaña y sus ministros, que le idolatraban. ¿Algún parecido idólatra con la situación actual de Pedro Sánchez, sus ministros y colaboradores, incluyendo entre ellos, de manera muy destacada, a la secretaria general del PSOE melillense, Gloria Rojas (ver sus declaraciones, de amor sin límites a Sánchez, del lunes pasado)? En Melilla también hay ídolos políticos, enfrentados entre sí, idolatrados (al menos públicamente) por sus correligionarios. También predomina un afán destructivo, un fácil y pernicioso recurso de afirmación de lo propio a base de fomentar el odio a lo ajeno y está latente en nuestra ciudad una especie de guerra civil de tintes religiosos, harto peligrosa.

Gloria a Ucrania

No debemos olvidar el peligro, que no nos olvida, que está ahí y creciendo. Como lo está el peligro de la invasión de Ucrania, por mucho que algún dirigente europeo pretenda -como los hechos, desmintiendo sus palabras, demuestran- que dure, para seguir utilizándola como excusa y como causante de todos los males que el tal dirigente -europeo, quizás español-, origina y que se muestra incapaz de evitar. No quiero colaborar a tal propósito, a tal “deuda, trampa y maldición”, no quiero dejar de escribir sobre Ucrania.

Por eso resumo lo que publicó el 22 julio 2022, en sus Ensayes Liberales, Tom Burns Marañón: “Un mes más y habrán sido seis desde que Vladímir Putin ordenó a su tropa invadir Ucrania. No era nada personal, decía el capo de Moscú, mero business: unas maniobras militares especiales y a los dos días mis tanques estarían paseándose tranquilamente y entre aplausos por los bulevares de Kiev. El zar (Putin) se equivocó de par en par, cosa que suele ocurrir con los totalitarios, y en Washington y en Bruselas se empezaron a contar muchas trolas, todas muy propias de un mundo de fake news. La principal de las falsedades es que habiéndose volcado para defender Ucrania y penalizar a Rusia, la OTAN y la Unión Europea siguen estando a la altura de la emergencia. Esta halagüeña descripción que enmarcó la cumbre en Madrid hace veinte días, es discutible y los próximos seis meses pondrán a prueba la unidad occidental. Cuando asoma el reto de la recesión, cada cual se ocupa de lo suyo y las guerras de desgaste apolillan… Los amigos de Ucrania se baten en retirada…Es lo que pasa cuando las guerras se prolongan. Una densa niebla –the fog of war que decía Robert McNamara, el secretario de Defensa de Estados Unidos durante la Guerra del Vietnam– lo envuelve todo y lo descoloca. Es muy difícil tomar decisiones acertadas en medio de un conflicto armado. Y es muy arduo conseguir que remen juntos aliados que se la juegan de una manera distinta en una guerra que les involucra a todos…La tentación apaciguadora es enorme porque ningún político quiere que su electorado esté titiritando de frío este invierno. Es difícil explicar que las democracias liberales han de racionar el gas porque se empeñan en enviar misiles a Ucrania. Putin cuenta con todo ello”.

Para mayor desconsuelo ucraniano, Boris Johnson, el gran defensor de Ucrania, va a desaparecer de la escena política mundial. Como alumno avezado de Churchill que era, Johnson sabía que el supremo crimen internacional es violar las fronteras establecidas e iniciar una guerra de agresión de apetencias inciertas y nunca saciadas. Otros líderes occidentales no lo tienen tan claro, evidentemente.

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