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Opinión

Héroes y cobardes

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El Gran Capitán

Por Gonzalo Fernández

Con mi anterior artículo sobre el Monumento a los Héroes pensé dar por terminada mi contribución sobre ese tema, pero la estulticia y cobardía de los que siguen con su afán destructor de todo lo que represente la brillante historia de España y, en particular, su historia militar, me impulsan a hacer una muy breve recapitulación sobre algunos de los héroes de España, los que empeñaron su vida y en algunos casos la perdieron en el servicio a España, no en el de intereses partidistas o amor a la poltrona y el dinero que ello representa.

Iniciamos con el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, al que el Tercio de la Legión en Melilla debe su nombre. La corte de envidiosos y cobardes que rodeaban al rey pretendían encontrar algo con el que desprestigiar al Gran Capitán y trataron de hacerlo pidiendo una rendición de cuentas miserable, ya que los Tercios bajo su mando con frecuencia no cobraban o lo hacían tarde y mal. Según la tradición, el Gran Capitán justificó las cuentas con la frase: ”en picos, palas y azadones, cien millones”. El héroe de Ceriñola y conquistador de Nápoles murió sin que el rey reconociera sus hazañas. Utilizando palabras de Calderón de la Barca, el Gran Capitán es uno de los soldados españoles a los que se les puede aplicar la frase “todo lo sufren en el asalto, sólo no sufren que les hablen alto”.

Diego García de Paredes, fue un soldado conocido por su extraordinaria fuerza física y sus múltiples hazañas. Combatió como capitán de infantería en las guerras de Italia, norte de África y Navarra. Se hizo famoso sirviendo con las tropas del Gran Capitán en el asedio de Cefalonia, en Grecia, combatiendo contra los turcos. Las crónicas de la época afirman que Paredes combatió dentro de las murallas de la ciudad durante tres días haciendo grandes estragos, sin que los turcos pudieran matarle o apresarle, hasta que le rindió el cansancio y el hambre. Una vez hecho prisionero, consiguió escapar para de nuevo contribuir a la captura de la fortaleza.

Juan Sebastián Elcano fue el capitán que completó la circunnavegación del mundo empezada bajo el mando de Magallanes. De las cinco naves y 216 hombres que iniciaron la expedición, tras tres años tan sólo una nave y 18 hombres regresaron a España con Elcano, tras haber sufrido terribles penurias. El cronista de la expedición escribió: “La galleta que comíamos ya no era más pan sino un polvo lleno de gusanos que habían devorado toda su sustancia…”. 

Fernando Álvarez de Toledo, Duque de Alba, es considerado por los historiadores como el mejor general de su época y uno de los mejores de la historia. Combatió en los Países Bajos, Flandes, con frecuencia en condiciones de inferioridad y sin recibir las pagas que España les debía enviar.  Su coraje y decisión en el combate eran tales que, durante muchos siglos, a los niños flamencos se les asustaba diciendo “que viene el Duque de Alba”. Las hazañas de estos Tercios de Flandes están bellamente narradas en algunas de las novelas de Pérez Reverte. 

Miguel de Cervantes, autor del Quijote de la Mancha, considerado la máxima figura de la literatura española. Participó en la Batalla Naval de Lepanto contra los turcos, donde recibió dos arcabuzazos en el pecho y uno en la mano, dejándosela inservible y adquiriendo así el sobrenombre de “el manco de Lepanto”. De su valor dan cuenta las crónicas que se encontraba enfermo en el momento del combate, pero que cuando le ofrecieron quedarse bajo cubierta respondió que: “más quería morir peleando por Dios y por su rey, que no meterse so cubierta”.

Blas de Lezo, luchó contra fuerzas inglesas superiores defendiendo la ciudad de Cartagena de Indias, en la actual Colombia. Tuerto, con un brazo inmovilizado y una pierna arrancada, plantó cara a 90 barcos y 30.000 marinos británicos, con tan solo seis navíos y 3.200 hombres. 

Juan Martín Diez, conocido como El empecinado, fue el jefe de una de las guerrillas legendarias que derrotaron repetidas veces al ejército napoleónico, creando además una forma de combatir en inferioridad de condiciones, la guerrilla, que se ha extendido por todo el mundo y muchos lenguajes.

Luis Noval Ferrao, conocido tras su heroicidad como el cabo Noval. Tras ser hecho prisionero por el enemigo rifeño, fue obligado a dirigirse a las posiciones españolas y hacer pasar al enemigo por españoles. Cuando se encontraba dentro, aceptó una muerte segura en defensa de sus compatriotas al gritar “disparad soldados sobre mí que el enemigo está dentro”.

El monumento al Cabo Noval se encuentra en la plaza de Oriente de Madrid y en estos días el Ayuntamiento de la capital ha anunciado que va a proceder a su restauración para devolverle el lustre que se merece.

Este es el ejemplo que se debería seguir, no excusarse tras una supuesta y muy discutida Ley de Memoria Histórica que en ningún caso aplica al Monumento a los Héroes situado en Melilla. Aún menos cuando la memoria de Melilla está íntimamente ligada a la de sus Fuerzas Armadas y por tanto a la de sus héroes.

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