Sería el año 2000 aproximadamente, no lo recuerdo con claridad. No nos presentaron, ya nos conocíamos por el recorrido periodístico de mi padre que también era el mio. Yo entraba en Televisión Melilla y tú ya estabas allí.
Por aquel tiempo yo pasaba noches enteras de fin de semana en casa de unos amigos comunes, Juan Carlos y María de Mar y pasábamos las horas cantando las canciones de autor que a mí por edad no deberían sonarme pero que me las sabía. Recuerdo perfectamente tu voz cómica cantando a Krahe y éxitos de "La mandrágora “que a mi tanto me gustaban.
Por esa y otras uniones me enganché a tu personalidad siempre interesante cuando nos hicimos compañeros y el primer trabajo que hicimos juntos, bueno, lo hiciste tú y yo lo copié sobre la remodelación de un edificio modernista. Conservo el libro de consulta que me regalaste señalado.
Desde entonces hasta el domingo siempre me gustó hablar contigo. Siempre tenías algo que contar que a mí me gustaba escuchar. Tu particular manera de contar las batallitas políticas de esta nuestra Melilla a mi me hacían guardar silencio para romperlo con risa. Esa manera de conocer la idiosincrasia de nuestra sociedad yo la quería para mí.
Recordar la letra de "Hasta siempre comandante” en esas noches que no por vividas pero sí escuchadas como propias me hace vivir de nuevo todas esas conversaciones.
Irene formó parte de mi vida por formarla en la de mi padre y tú por ende también.
Hasta que me he hecho mayor no he sabido lo difícil que es perder a un compañero. Se supone que los compañeros nos vamos juntos a pesar de la diferencia de edad, porque cuando algunos comparten espacio, trabajo, día a día e intereses parecidos esos algunos se hacen iguales.
El lunes te fuiste sin dar las explicaciones que tanto me gustaban y ahora vuelvo a nuestro trabajo y aunque no te viera a diario siento tu ausencia. Irene queda cuidada por la gente que la quiere que es mucha y por todos los que formamos parte de esta vida a la que llegué mucho más tarde que tú pero que ya era nuestra, la comunicación en una ciudad tan peculiar como Melilla.
Vamos a echarte de menos en tertulias y espacios especiales. Vamos a mirar por El Retrovisor de una forma algo más melancólica pero sobre todo vamos a perpetuar esa memoria que a través de tu trabajo devolviste a algunos y nos regalaste a los que vinimos detrás. "Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu divina presencia…"
Hasta siempre camarada. Encantada de haberte conocido.
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¡Hasta siempre comandante!
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