Formación y responsabilidad

Desde el nacimiento, único instante de la vida en el que nuestra capacidad de elección es nula, todo el transcurrir de nuestro tiempo está condicionado por la libertad de elegir entre múltiples opciones que son determinantes en nuestra vida.

No elegimos nuestro padres y por lo tanto tampoco el entorno familiar, social o económico en el que inicialmente nos desenvolvemos. Son ellos también quienes eligen nuestros primeros pasos en la educación y formación del saber y del conocimiento. De aquí la importancia que tiene para la sociedad el fortalecer y no debilitar la institución familiar.
Pero llega un momento en que nos corresponde la capacidad y por lo tanto la libertad de elegir entre las distintas opciones que la vida te ofrece para ir modulando tu personalidad: la profesión a ejercer, la mujer con que conformar una familia, el sentido que le vas a dar a tu vida o tu nivel de implicación en los problemas sociales o políticos de la comunidad en la que convives.
Esta capacidad de elección tiene que ir necesariamente precedida de una formación sólida para tener un hondo sentido de la responsabilidad en cada uno de nuestros actos y decisiones. Sin embargo existe hoy la percepción de que la mayoría de esta nueva generación política, adolece precisamente de la formación adecuada y por lo tanto de la responsabilidad exigida, para enfrentarse a los grandes retos que una sociedad tan convulsa como la de hoy exige.
Por el contrario, son precisamente los deportistas o artistas, los únicos capaces de hacer florecer los sentimientos de orgullo, fortaleza y pasión, que siempre han sido el santo y seña de nuestro carácter. Nadal, Alcaraz, Carolina Marín y ahora la cantante Chanel entre otros, dan un ejemplo constante a nuestra juventud de cómo se ha de optar por la disciplina, la formación y el esfuerzo personal para alcanzar las metas que cada cual se proponga.
Si a esto le añadimos su patriotismo y falta de pudor para envolverse en la enseña nacional y pasearla por todos los rincones del mundo, marcan la diferencia con aquellos políticos y autoridades públicas que incluso callan cuando se la ofende dentro o fuera de nuestras fronteras.
Es, sin duda, una señal inequívoca de la gran distancia que hoy existe entre los miembros de la sociedad civil como la familia, los movimientos sociales u otras organizaciones cívicas o religiosas y nuestros representantes políticos.

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