EUROPA

Barco con libros sobre Europa en un mar agitado

Carta del Editor

MH, 15/3/2026

Enrique Bohórquez López-Dóriga

 

Ayer

“El mundo de ayer. Memorias de un europeo’, un enorme libro de Stefan Zweig, nostalgia de la gran Europa de comienzos del siglo XX, cuna y partenón de la civilización occidental, convulsionada entre las dos guerras mundiales, un drama que él no pudo vitalmente soportar. La pregunta inevitable:¿Qué es, hoy, Europa?

El mundo de ayer, las memorias de Stefan Zweig son mucho más que un testimonio personal: son el epitafio de una civilización que creyó haber alcanzado la armonía entre cultura, progreso y razón. Zweig evocaba la Europa de finales del siglo XIX y comienzos del XX como un ecosistema intelectual sin fronteras, donde Viena, París, Berlín o Bruselas formaban una sola cultura. Aquella Europa se veía a sí misma como heredera directa de Atenas, Roma y la Ilustración.

Pero ese mundo —que Zweig llamó con dolor “el mundo de la seguridad”— se derrumbó con la Primera Guerra Mundial y quedó definitivamente herido tras la Segunda Guerra Mundial. El propio Zweig, incapaz de soportar el hundimiento moral de Europa y el ascenso del nazismo, terminó quitándose la vida en 1942, en Brasil.

Zweig añoraba una Europa de la cultura; la nuestra es más bien una Europa de las instituciones. La suya era frágil pero brillante; la nuestra es estable pero a veces gris

Hoy

Europa ya no es el centro indiscutible del mundo, pero tampoco es únicamente un museo del pasado. Hoy Europa es, al menos, tres cosas simultáneamente:

1. Un proyecto político inédito. Tras el trauma de las guerras, los europeos intentaron algo que parecía imposible: transformar siglos de rivalidad en cooperación. De ahí nace la Unión Europea. No es un imperio ni una nación, sino un experimento político: un espacio donde antiguos enemigos comparten soberanía para evitar repetir la tragedia.

2. Un continente en crisis de identidad. Europa ya no domina la economía global ni la geopolítica como en 1900. La emergencia de potencias como Estados Unidos o China ha desplazado su centralidad histórica. A esto se suman tensiones internas: populismos, envejecimiento demográfico, debates sobre inmigración y soberanía.

3. Una potencia cultural silenciosa. Aunque ya no impone imperios, Europa sigue irradiando valores: derechos humanos, estado de derecho, cultura, ciencia y bienestar social. En muchos sentidos, la idea europea se ha universalizado más allá de Europa.

La paradoja europea

Zweig añoraba una Europa de la cultura; la nuestra es más bien una Europa de las instituciones. La suya era frágil pero brillante; la nuestra es estable pero a veces gris.

Sin embargo, quizá el mayor logro contemporáneo es este: durante más de setenta años, el corazón del continente que produjo dos guerras mundiales ha vivido el periodo de paz más largo de su historia.

Tal vez la cuestión no sea solo qué es Europa hoy, sino si Europa aún cree en sí misma. Zweig pensaba en Europa como un destino cultural compartido. Hoy muchos la ven simplemente como un mercado o una burocracia. Y sin embargo, cada vez que el mundo vuelve a fragmentarse, la vieja pregunta europea reaparece: ¿Puede una civilización construirse sobre la cooperación en lugar de la fuerza? En cierto modo, esa sigue siendo la apuesta y el desafío europeo.

¿Se puede construir una civilización sobre la cooperación en lugar de la fuerza, como Stefan Zweig soñaba? Solo con la Unión Europea, que es muy importante pero no mundialmente decisiva, ni es económicamente líder mundial, la respuesta, hoy, es “NO”.

Corolario

La deslealtad produce deslealtad. La paz, soñada por Woodrow Wilson como de duración eterna, no fue más que una obra imperfecta. “Cuando el barco de Wilson zarpa de la costa europea, vencidas sus ilusiones de paz y seguridad, se desvanece la eterna quimera de un mundo humanizado”, escribió Zweig, en 1940, en su ‘Momentos estelares de la humanidad’, probablemente su libro más famoso, hoy vigente.

Han pasado 86 años, desde entonces, y es necesario tener en cuenta que la Unión Europea (UE) no es toda Europa. Gran Bretaña decidió salir de la UE, y está más cerca de los Estados Unidos que de la UE. La mandamás de la UE, Ursula von der Leyen, considera que España, con Pedro Sánchez como presidente, y Hungría, presidida por Viktor Orbán, son dos obstáculos, más que dos colaboradores. Rusia también es Europa, pero es más bien un adversario de la UE. Francia es, según opinión muy extendida, un Estado fallido. Y etc, etc.

Repito la pregunta: ¿se puede construir una civilización sobre la cooperación en lugar de la fuerza, como Stefan Zweig soñaba? Solo con la Unión Europea, que es muy importante pero no mundialmente decisiva, ni es económicamente líder mundial, la respuesta, hoy, es “NO”.

 

 

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Enrique Bohórquez López-Dóriga

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