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El problema es Rajoy

El rey está desnudo pero nadie se atreve a decírselo. El problema es Mariano Rajoy. Como en el cuento de Andersen, nadie osa decir que el problema de fondo, la causa última de los sucesivos descalabros electorales sufridos por el PP (europeas, Andalucía, municipales y autonómicas) es la falta de liderazgo de quien lleva el timón.

Cuando el jefe de filas de un partido suscita rechazo entre los afiliados y votantes de ese partido, debería dar un paso atrás, ser humilde y permitir que sus compañeros eligieran a otro. Pero nadie se atreve a decírselo porque a diferencia de lo que ocurre en el Reino Unido

  • donde los diputados se deben a sus electores- aquí, en el PP, todos le deben su encomienda a Mariano. Fue él quien aprobó las listas y quien colocó a quien quiso donde quiso. Resultado: silencio. Algunos barones (Herrera, el primero, Aguirre la última) se han atrevido a decir que era urgente reflexionar sobre las causas que han provocado el abandono de dos millones y medio de electores, pero no han sido secundados. Todavía estamos a la espera de que la secretaria general (María Dolores de Cospedal) en trance de dejar su despacho de la Presidencia de Castilla-La Mancha, asuma los resultados y se pregunte en qué se han equivocado para que tantos electores les hayan dado la espalda. Sigue sin hablar quizá porque está ocupada tratando de asegurarse alguna cartera ministerial siguiendo el "modelo Trini Jiménez" inventado por Zapatero como premio a la derrota en las urnas. Sabíamos que Rajoy era refractario a los cambios, y ahora, también sabemos que Cospedal sólo estaba preparada para ganar. Como Rita Barberá que, acostumbrada a mandar, después de tanto tiempo al frente del Ayuntamiento de Valencia (¡24 años ¡) no soportaba la idea de estar en la oposición y dejó la política. Por lo menos Aguirre, de momento, aguanta y parece dispuesta a seguir. Que es lo que debería hacer Cospedal quedándose en Toledo a controlar el gobierno de García-Page en vez de brujulear para acercarse a La Moncloa y dejar tirados a los que había embarcado tras reducir el número de diputados del Parlamento regional. Que Alfonso Alonso, buena gente y no dañada imagen, pueda adquirir más protagonismo político en el Gobierno, no cambiará las cosas. A cinco meses vista de las generales el problema del PP ya no es de imagen, es de falta de liderazgo. El problema se llama Mariano Rajoy.

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