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Opinión

El PP, un pollo corriendo sin cabeza

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Ayuso y Pablo Casado
Ayuso y Pablo Casado

Por Gonzalo Fernández

Las noticias que, día tras día, leemos sobre el PP, llevan a pensar que el partido se asemeja, cada vez más, tanto a nivel nacional como local, al tradicional pollo al que se le ha cortado la cabeza pero todavía escapa corriendo … hacia su propia muerte.
A nivel nacional, con la venganza cainita de Casado contra Ayuso, supongo que por haber tenido la “desfachatez”, en opinión de Casado, de atreverse a demostrar, sin ningún tipo de duda, que es una política de mucho mayor tirón personal y capacidad, que debería ser la presidenta del PP en Madrid y en el futuro próximo del PP a nivel nacional, del gobierno de España.
Ayuso no necesita de la asignación de puestos por cuotas ni de otras acciones supuestamente feministas, que tan solo parecen asumir que las mujeres son incapaces de alcanzar ciertos puestos por su propia valía, y que por ello se necesita darles puestos a dedo, “pobrecitas”. Nadie le ha regalado su puesto a Ayuso, ni cualquier otro puesto que, con toda razón, quiera asumir en el partido. Por el contrario Casado, con este dislate, tan solo ha demostrado que no es el presidente que el PP necesita, ya que ha antepuesto su orgullo, sus intereses personales, a los intereses del partido, que obviamente deberían ser el tratar de contar con las mejores personas en los puestos más importantes.
También Casado se ha empeñado en demonizar a Vox, sean cualesquiera que sean las ideas que este partido defienda. Sería comprensible, e incluso deseable en pluridad democrática, que el PP discrepara de algunas o muchas de las ideas que Vox defiende, como debería hacer con las de cualquier otro partido. No debemos olvidar que Vox es un partido político legal, estemos o no de acuerdo con sus ideas. El demonizar a Vox es hacerlo con el sistema democrático en su conjunto, ya que es ese sistema el que incluye al partido entre los legalizados. Y cuando partidos con tendencias separatistas o incluso criminales, están en el espectro político actual.
Lo que no es entendible es satanizar a VOX cuando el PP no lo hace con Podemos, partido que no respetan los mínimos ideales democráticos, que defiende el sistema político más desacreditado de la historia, el comunismo, y que aplaude a los dictadores y dictadorzuelos de todo el mundo. Lo que no les impide comprase chalets en las mejores zonas de Madrid. Se podría decir que son comunistas, pero no tontos. Comunismo para los demás, capitalismo para mí.
Vox es en la actualidad el único aliado posible del PP para luchar contra el gobierno social-comunista, que no tiene otro ideal que la defensa a toda costa del sillón, aunque cueste la integridad de España y la ruina económica.
Vamos ahora a tratar el tema del PP, pero en Melilla. La extraordinariamente enérgica condena -mayor incluso que la de otros partidos- al presidente de Vox, capitán marítimo de Melilla, por un comentario realizado, solo se puede entender en ese mismo contexto antes citado, tratar a toda costa de descalificar a Vox pensando -ingenuamente- que van a captar los votos que supuestamente ese partido perdería. Es triste ver como la política, en Melilla y en España, ha abandonado las ideas, los ideales, para tratar tan solo de captar votos a cualquier precio. Rectifico, eso es solo cierto si consideramos al voto como necesidad absoluta para la satisfacción del que realmente es el único objetivo: llegar a la poltrona, mantenerse en ella y, en bastantes casos, adquirir tanta riqueza como sea posible sin que sea fácil el ser descubierto.
El PP de Melilla incurre en muchos de los defectos anteriormente citados. Un personalismo a ultranza: yo soy el único capaz de hacerlo, para lo que me aseguro de que ningún otro mejor que yo pueda tener la oportunidad de demostrarlo. Una renuncia a los valores defendidos por el partido, apuntando tan solo al voto “barato” y cortoplacista. Una descalificación fiera de quien pueda quitarme votos, aunque sus ideas sean más cercanas a las mías que las de otros partidos.
La muy triste conclusión es que hacen falta, también en Melilla, otras personas y otras formas. Repasando los antecedentes, vemos que los políticos más prominentes de Melilla llevan décadas en el ejercicio de la política y generalmente continúan en las mismas posiciones que las que ocupaban entonces.
Una revolución (del latín revolutio, «una vuelta») es necesaria y cuanto antes suceda, mejor para el futuro de Melilla.

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