El fervor y calor de Melilla ‘sana’ las heridas del ‘Flagelado’ a su paso por las calles de la ciudad en el Jueves Santo

A pocos pasos de él, las lágrimas de Nuestra Señora del Mayor Dolor señalaron el camino de cientos de melillenses que acompañaron a estos sagrados titulares desde su salida en Batería Jota

Las múltiples líneas rojas que cruzaban toda su espalda no dejaban lugar a dudas. Era él. Tres años después, las marcas sangrientas de los latigazos de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación volvieron a conmocionar al pueblo melillense desde la salida de este sagrado titular de su casa de la hermandad en Batería Jota, dispuesto a buscar por las calles de Melilla el elixir y bendición que le ayudase a sanar sus heridas. La dignidad que le habían arrebatado dibujándole horrendos y dolorosos trazos de sangre en su cuerpo.

Su mirada triste y desangelada lo decía todo, al igual que la de ‘su madre’, Nuestra Señora del Mayor Dolor la cual, después de que el diputado local y presidente del PP, Juan José Imbroda, ‘llamara a su puerta’, siguió a su hijo llevada en volandas por los cofrades de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación y Nuestra Señora del Mayor Dolor.

Una dura travesía

Ese dolor que portaron los sagrados titulares estuvo latente en los cientos de melillenses que los acompañaron en su larga y dura travesía por las calles de la ciudad, los cuales, con su fervor y calor cristiano sanaron las heridas del ‘Flagelado’. La Agrupación Musical ‘Nuestro Padre Jesús de la Flagelación’ les acompañó también con su música durante todo el recorrido.

Las palabras del vicario episcopal de Melilla, Eduardo Resa, así como la oración que se rezó por su alma en la Avenida Juan Carlos I, fue la cura y el bálsamo que Nuestro Padre Jesús de la Flagelación precisó para poder continuar con su arduo camino de regreso. Una senda tranquila y apacible que ya no le iba a dejar dolorosas marcas en su ser.

En cuanto a Nuestra Señora del Mayor Dolor, Resa le pidió que nos facilite a “todos nosotros la edición actualizada de las grandes virtudes humanas que te hicieron grande a los ojos de Dios”.

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