El Centro de Historia y Cultura Militar de Melilla destaca este mes el libro “Nociones del Arte Militar”

Imagen de Villamartín

Como continuación a la campaña de divulgación iniciada por el Centro de Historia y Cultura Militar y con la finalidad de dar a conocer sus fondos, la Biblioteca Militar de MELILLA pone en conocimiento de los ciudadanos, el libro elegido para este mes que son las “Nociones del Arte Militar” del Comandante Francisco Villamartín con motivo de los 150 años de su fallecimiento, el 16 de julio de 1872.

Corrían los tiempos del rey Federico el Grande de Prusia. El general español don Juan Martín Álvarez de Sotomayor pedía audiencia al monarca prusiano al haber sido comisionado para investigar los éxitos militares de las campañas prusianas. El rey se sorprendió ante los motivos expuestos por el militar y le comentó que no entendía que hubiera hecho tal viaje cuando las fuentes en las que se había inspirado estaban en la misma piel de toro. No eran otras que las Reflexiones Militares del Marqués de Santa Cruz de Marcenado.

Similar situación aconteció años después con la obra “Nociones del Arte Militar” de la que ahora hablamos, del entonces Capitán Villamartín. Tuvo que ser el Emperador Napoleón III el que elogió ante el rey regente Francisco de Asís la obra de este militar español, la cual era totalmente ignorada en los círculos militares españoles.

Villamartín nació en el seno de una familia militar el 23 de julio de 1833. Siguió la carrera de las armas y a los 16 años era promovido al empleo de Subteniente. Siempre se caracterizó por mantenerse fiel a los gobiernos constituidos. Por ello con la “Vicalvarada” en 1854 fue promovido por gracia real al empleo de teniente y, en 1856, en los sucesos de Barcelona, donde con 20 hombres defendió el Cuartel de San Pablo, al de capitán.

Tras el reconocimiento de su obra fue ascendido a comandante y se le concedió la Orden de Carlos III en 1865. La publicación de sus “Nociones” le dejó prácticamente en la ruina por lo que hubo de escribir otros libros históricos a fin de mejorar su situación. Ya no le acompañaría la fortuna pues siendo ayudante de campo del Marqués de Novaliches se produjo en 1868 la revolución “gloriosa” de septiembre que llevó a Isabel II al exilio. Por su comportamiento en la batalla de Alcolea fue propuesto para el ascenso a teniente coronel que no llegó nunca al haberse mantenido en las fuerzas realistas. Postergado en el olvido, la enfermedad que tuvo en su época destinado en Santiago de las Vegas (Cuba) le llevó, en 1872, a la tumba. Fueron sus compañeros quienes evitaron que fuera a una fosa común con la ayuda de su antiguo general don Manuel Pavía, Marqués de Novaliches.

En la actualidad, un monumento en su memoria se levanta en el Alcázar de Toledo, dominando la ciudad. Es justo mantener un recuerdo a su figura de militar ilustrado al cumplirse los 150 años de su muerte.

En la Biblioteca Militar de Melilla podemos encontrar un ejemplar de su obra editado en 1883, pieza básica de filosofía de la guerra, concepto de mando, psicología y ética militar e interpretación histórica.

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