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Editorial

Donde dije digo, digo Diego

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Rojas, De Castro y Aberchán

¿Merecen los melillenses un presidente que falte a la verdad? Obviamente, no. Entonces, ¿por qué tenemos que seguir aguantando esta situación, con la complicidad de unos socios políticos que no pueden ni verse, Coalición por Melilla y PSOE? Seguramente, por querencia al sillón o por miedo a seguir agrandando las grietas de su relación.
Eduardo de Castro se comprometió en la Mesa de la Asamblea, órgano que dirige la institución donde todos los melillenses están representados, a que comunicaría la resolución judicial sobre la petición de medidas cautelarísimas que había presentado nada más entrar en la Asamblea el escrito de Ciudadanos comunicando su expulsión del partido. Una maniobra, seguramente, estudiada en los más de cuatro meses transcurridos desde que Ciudadanos informó que lo había expulsado, a la espera de conocer si su recurso iba a ser o no admitido.
En el acta de la Mesa de la Asamblea celebrada el 26 de julio así aparece reflejado: “También comunica que esta mañana a primera hora se ha presentado en el Juzgado la petición de medidas cautelarísimas sobre la resolución del Partido Ciudadanos, al considerar que se vulneran Derechos Fundamentales. Por lo que si se aceptar las medidas solicitadas, el tema de la expulsión quedará paralizado, por lo que cuando se conozca si se aceptan o no las medidas solicitadas, se comunicará nuevamente a la mesa para la celebración de una nueva reunión”.
Como todos sabemos, no lo comunicó, aun habiendo tenido varias oportunidades para ello. Días después de que el juzgado inadmitiera la solicitud de De Castro, hubo un Pleno de la Asamblea, donde podría haber dicho algo y no lo hizo. Tampoco después de ese Pleno, cuando los periodistas le preguntaron directamente si había alguna novedad sobre las medidas cautelarísimas y no respondió. Ni tampoco al día siguiente, cuando se celebró una reunión de la Mesa de la Asamblea.
Los melillenses, y parte de la Asamblea (o toda, no lo sabemos) se enteraron de este rechazo el 13 de agosto, varios días después de la resolución judicial, por un medio de comunicación. De Castro alegó que no tenía por qué informar de ello al ser una cuestión particular suya. Entonces, ¿por qué se comprometió en la Mesa de la Asamblea a comunicar al respecto?
No es la primera vez, y nos tememos que no será la última, que a De Castro le pillan en una mentira. Es grave, pero ahí sigue sumando falsedades y ya, a estas alturas, no engaña a nadie. Tampoco a quienes supuestamente le respaldan y que, en realidad, lo que apoyan no es a la figura de este presidente, sino al soporte que da al nunca existente tripartito, como el propio De Castro se ha encargado de revelar al quejarse de que no volvió a saber nada de los cargos orgánicos de Ciudadanos desde que el 15 de junio de 2019 se saltó sus directrices para la sesión de investidura.
No, los melillenses no merecemos un presidente que nos mienta, ni gente a su alrededor que lo justifique basándose en que hizo posible “el cambio”. Un cambio que, por lo que nos va diciendo la historia, no fue a mejor, ni mucho menos.

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