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Opinión

Doble encrucijada: Union Aduanera y Schengen

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Hoja de Ruta de entrada en la Unión Aduanera

Por: José Luis Martínez Lázaro

Estamos en una encrucijada para nuestro futuro. La estructura económica de nuestra Ciudad basada en dos pilares (Administración Pública y servicios) necesita una reconversión, máxime cuando el comercio fronterizo -tal como lo hemos conocido en las últimas décadas- ha adelanto su previsto final como consecuencia de la pandemia y las intenciones de Marruecos de asfixiarnos para satisfacer sus ambiciones soberanistas.

Partimos de la base que casi la mitad de los asalariados de la Ciudad cobran del sector público y ello le garantiza un estatus social y económico muy distinto al resto de la población de Melilla y sus únicas preocupaciones -compartidas con el resto de los melillenses- son tener buenos servicios en la Ciudad (limpieza y mantenimiento de las infraestructuras, abastecimientos asegurados, mejores comunicaciones, educación de mejor calidad) y, sobre todo, seguridad en las calles. Están instalados en una zona de confort que les genera un cierto “egoísmo” a la hora de mantener sus privilegios.

El resto de los melillenses, la otra mitad o más, no tenemos la suerte de tener el condumio y el futuro económico de nuestras familias asegurado. Los trabajadores por cuenta ajena o autónomos, los parados -el de los jóvenes es sangrante- y los empresarios somos los que estamos más necesitados de un Plan de recuperación o reconversión diseñado por el Gobierno central y esperemos que de la mano del Gobierno de la Ciudad. Por tanto, cuando se planifique el mismo se debe priorizar a estos colectivos en situación de desamparo. Por ahora, solo nos han puesto sobre la mesa dos temas concretos a estudiar: Unión Aduanera y Schengen.

Ya he manifestado mis dudas sobre las “ventajas” -nunca enumeradas por sus defensores- de entrar en la Unión Aduanera y hasta que el Parlamento o la Comisión Europea no responda a la pregunta que va plantear la CEME sobre si se van a poder mantener las bonificaciones de nuestro actual Régimen Económico y Fiscal, no merece la pena seguir debatiendo sobre “galgos o podencos”.

El otro tema candente es el de Schengen. Parto de la base que, desde el primer momento, hemos estado incluidos en su Territorio con la excepción de lo relativo a los visados incluida en el Acta Final de Adhesión. Que venga FRONTEX a Melilla no debe ser rechazado por nadie -y cuanto antes mejor- aprovechando el ofrecimiento del Parlamento Europeo que -por vez primera- nos ha definido claramente como Frontera Sur de Europa.

En la reciente Resolución del Parlamento Europeo se indica que debemos mantener y potenciar las buenas relaciones de vecindad y, en este punto, debemos valorar los pros y contras de la eliminación del visado a los residentes en la provincia de Nador. De hacerlo, no solo los trabajadores fronterizos (construcción, hostelería, empleadas de hogar y otros servicios) serían condenarlos a la miseria de sus familias, sino que los que venían a comprar, consumir o ver a sus familiares dejarán de poder hacerlo. Nadie que consiga un visado Schengen lo quiere para venir a Melilla por unas horas sino para emigrar a Europa en busca de un futuro que no encuentra en su país. Y los melillenses, en justa reciprocidad, deberemos sufrir las colas y el trato “amable” al entrar o salir de Marruecos. 

Entiendo que una vez se abra la frontera, no van a venir a Melilla los miles de personas que entraban a diario para participar en el comercio fronterizo a través de Farhana o Barrio Chino y volveremos a lo que era un pequeño tráfico fronterizo “normal” en ambos sentidos. Por tanto, el control fronterizo podrá ser mejor controlado y fluido (si coopera Marruecos) – tanto a la entrada como a la salida- con refuerzo de Frontex, de más dotaciones del CNP especializadas en fronteras y la puesta en marcha de la frontera inteligente.  Quedaría por resolver la asignatura pendiente de detectar, localizar y expulsar a todos los que se aprovechan de esta facilidad de entrada para quedarse de forma ilegal en Melilla -empezando por los cientos o miles que ya tenemos dentro-  y que se dedican a trabajos ilegales o a cometer actos delictivos y llevar la inseguridad a nuestras calles. Para ello, solo cabe incrementar los efectivos de Policía como se nos viene prometiendo desde tiempos inmemoriales por todos los responsables políticos de turno. No hay otra.

Se ha indicado por algunas personas la posibilidad de explorar la vía del Reglamento (CE) no 1931/2006 del Parlamento Europeo y del Consejo de 20 de diciembre de 2006 por el que se establecen normas relativas al tráfico fronterizo menor en las fronteras terrestres exteriores de los Estados miembros. Podría ser de aplicación pues se cumplen los requisitos exigidos pero el art. 16 del citado Reglamento dice que “Las disposiciones del presente Reglamento no afectarán a las normas especiales que se aplican a las ciudades de Ceuta y Melilla”. Debemos elegir entre un régimen u otro, creo.

Si renunciamos al actualmente vigente y nos acogemos a este Reglamento, nos encontramos que su art. 4 establece que “los residentes fronterizos podrán cruzar la frontera terrestre exterior de un Estado miembro vecino en el marco del régimen de tráfico fronterizo menor, siempre que “posean un permiso de tráfico fronterizo menor y, cuando así lo exijan los acuerdos bilaterales pertinentes a que se refiere el artículo 13, un documento o documentos de viaje válidos

Se podría solventar esta exigencia de documento de viaje si así lo establece un Tratado bilateral entre España y Marruecos. ¿Existe ese Tratado y recoge esa no exigencia? No lo sé. Si alguien lo sabe podría indicarlo para salir de dudas. Y en todo caso, habría que consultarlo con la Comisión según indica el art. 13.

Tampoco veo qué aporta el Reglamento 1931/2006 que no exista en la excepcionalidad recogida en el Acta Final salvo que exige una reciprocidad del país vecino y la existencia de carriles especiales en los pasos fronterizos. Esto ni siquiera lo tenemos en nuestro lado. Lo deja claro el art. 7. 2   que, una vez pasada la frontera exterior, su circulación se limitará a la zona fronteriza del Estado miembro de expedición, por lo que habría que mantener los controles en el puerto y aeropuerto para impedir su embarque hacia la Península.

Personalmente, soy partidario de suprimir el visado a los marroquíes no residentes en Nador y Tánger limitado a las dos ciudades de Ceuta y Melilla que permitía múltiples entradas y salidas («visado limitado múltiple»). En todo caso, se podría estudiar suspender temporalmente -un año, por ejemplo- la exención de visado a los vecinos de Nador y evaluar sus efectos en la población y la economía de Melilla y la evolución de la postura de Marruecos respecto a las buenas relaciones que propugna la UE.

Por mucho que queramos y debamos mirar al norte, no podemos olvidar que estamos obligados a vivir y convivir con nuestros vecinos del sur y más nos vale a todos llevarnos bien y crear, como plantea la Unión Europea y nuestro Gobierno- una “zona de prosperidad compartida” entre Ceuta y Melilla con las provincias de Tetuán, y Nador.

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