China, ¿la gran muralla frente al covid-19?

Por Francisco Robles

La Gran Muralla China es una de las siete maravillas del mundo moderno –hay otras siete maravillas del mundo antiguo-, sus más de 21.000 km. fueron construídos a lo largo de veinte siglos, y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987; su objetivo original fue prevenir las invasiones de los pueblos nómadas ubicados al norte de China, aunque en la actualidad es únicamente turístico al ser uno de los lugares más visitados del mundo.

En la pandemia del Covid-19 existe actualmente una situación que puede ser paradójica, y es que como al igual que se reconoce que la misma se originó en el país asiático –esto ya es indudable-, los expertos vinculan también con China, el posible fin de la pandemia; ello se basa en que debido a las campañas de vacunación a nivel mundial, parece que le quedan pocos reductos con un suficiente número de personas susceptibles –no vacunadas- al virus, donde poder no sólo quedarse con una incidencia estable, sino y es lo más peligroso, dar origen a variantes mayores que hagan ineficaces a las actuales vacunas.

Y esto último más que posible es probable en China, porque tiene un gran porcentaje de su población que o bien no se ha vacunado con la pauta completa –dos dosis en el caso de la vacuna china-, y/o no ha recibido la dosis de refuerzo que unánimemente los expertos consideran imprescindible; estos datos en un país con más mil cuatrocientos millones de habitantes, el 15% de la población mundial, dan la suficiente entidad al riesgo que el mundo corre con la actual situación en China, y a la que por si faltaba algo se une desde ayer la celebración del nuevo año chino –el del conejo de agua-, ¡felicidades a la comunidad china de Melilla!. Ello origina millones de desplazamientos de la población china, con especial referencia a los que discurren hacia zonas rurales, donde la asistencia sanitaria y las medidas preventivas(vacunas..) están menos presentes.

Para reforzar los temores fundados en los datos antes expuestos, los rumores e informaciones que circularon sobre la falta de transparencia de las autoridades chinas, respecto a la verdadera situación de la pandemia en China durante el último mes, se han confirmado de una forma trágica; China cambió su estrategia frente a la Covid-19 a inicios de diciembre, y desde entonces se vienen produciendo imágenes de centros sanitarios desbordados y de largas colas en los crematorios. Ante ello, la confirmación por parte de las autoridades chinas de lo que estaba ocurriendo era cuestión de tiempo, y han visto la luz espectaculares cifras de nuevos casos –contados por millones- y de fallecidos -más de sesenta mil-, en apenas un mes.
Eran ciertas las alarmas dadas por las agencias sanitarias internacionales, esta vez sí encabezados por la O.M.S., en el ejercicio del papel y responsabilidades que le atribuyen su carta fundacional.

A una semana de cumplirse el tercer aniversario de su declaración por la O.M.S., China es el gran escenario donde se juega en gran medida el futuro de la pandemia, deseemos que el año nuevo chino y su conejo de agua-signo de mucha suerte-, nos la traiga con la materialización de la esperanza de ver en 2023 su fin.

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