Cartas marcadas

Agua de Trara, por Miguel Platón

Si en lugar de actuar en la política española dedicara sus esfuerzos a un casino de Las Vegas, Pedro Sánchez estaría ya esposado y caminito de la prisión. Es lo que suelen hacer con quienes tratan de jugar con cartas marcadas. Y por supuesto no volverían a dejarle entrar en ningún casino, no sólo de los Estados Unidos, sino del mundo entero.

El todavía presidente español, además, equivale a lo que en el mundo del juego se considera un ludópata. No es capaz de levantarse de la mesa y repite una y otra vez las apuestas. Se dedica a todo: ruleta, póker. Black Jack, máquinas tragaperras…
La ruleta de Sánchez ha sido el teatrillo organizado en Sevilla como supuesta aproximación a la gente. En realidad, una representación sin apenas margen para la espontaneidad. Todo controlado y medido al servicio de la propaganda.
El póker se jugó en el palacio de la Moncloa, con 50 comparsas que habían superado un riguroso “casting” para asegurar que ninguno iba a plantear a Sánchez ninguna cuestión comprometida. Varios, incluso, llevaban una pregunta redactada por el propio Gobierno. Un tongo en toda regla. En un combate de boxeo el público habría coreado ¡Qué se besen!
Y el Black Jack pudo ser el amago de debate en el Senado con el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijoo. Los tiempos lo dicen todo: más de dos horas para Sánchez, menos de media hora para Núñez Feijoo, interrumpido además de forma políticamente obscena por el presidente de la Cámara, Ander Gil García (née Andrés).
Más importante aún que los tiempos fueron las formas y el fondo. Núñez Feijoo estuvo en todo momento en una actitud correcta, con una exposición política impecable, que tendía la mano al servicio de los intereses generales. Sánchez mantuvo de forma continuada, mientras hablaba el líder de la oposición, una risa tan nerviosa como grosera, sin responder luego a una sola de las cuestiones que le había planteado Núñez Feijoo.
Sería bueno que un psiquiatra analizara los gestos y el discurso mental del jefe del Gobierno. No hace falta recurrir a un profesional de las psicopatías para deducir que Sánchez es un narcisista, de temperamento autoritario e incapaz de empatía alguna con quienes no estén al servicio de su continuidad en el poder. Ello le incapacita para actuar como un demócrata.
Es posible que el presidente y los más torpes de los suyos piensen que estas exhibiciones con cartas marcadas les benefician. Han perdido el Norte: la mayoría de los ciudadanos no sólo están irritados con la inflación y sus consecuencias, sino también por las trampas y las concesiones políticas que priman a los enemigos de la democracia y de España, base parlamentaria en la que se apoya Sánchez.
Se ha llegado a un punto en el que la credibilidad del Gobierno ha desaparecido. Todos sus mensajes son considerados como una mentira, mientras no se demuestre lo contrario. La “isla energética” no ahorra ni un solo euro a los usuarios, porque en el recibo tenemos que pagar el gas a precio de mercado, aunque sea en una partida distinta. El desempleo de las empleadas domésticas lo pagarán las familias que las contratan, con un aumento de la tarifa de la Seguridad Social. Las mercedes en materia de transportes o bono joven sólo son una pequeña parte del aumento de ingresos tributarios por la inflación y no deflactar los tramos del IRPF. Y todo así.
Las presiones a la Justicia han estallado con el discurso del presidente del Poder Judicial y del Supremo, Lesmes, en la apertura del Año Judicial. No se trata sólo de la cobertura de vacantes en el Consejo Supremo y el Tribunal Constitucional, sino de una continua manipulación en el nombramiento de Fiscal General, la limitación del Poder Judicial para nombramientos -salvo para lo que interesa al Gobierno-, la concesión de indultos en contra del criterio razonado del Supremo y hasta la oferta a los separatistas catalanes de no recurrir a la defensa de las leyes frente a sus abusos e incumplimientos.
La culpa, como siempre, la tiene el PP. Sería más verosímil que responsabilizaran al Cha-Cha-Cha.

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