Martina Giménez leyó una emotiva carta dirigida a su padre, Óscar Giménez Barrios, conocido cariñosamente como la ‘Voz del Deporte de Melilla’ y persona referente por su trayectoria multifacética como atleta, árbitro, speaker en pruebas locales, nacionales e internacionales, fotógrafo, locutor radiofónico, comentarista y colaborador habitual en iniciativas impulsadas desde la Consejería de Deporte, en un acto cargado de sentimiento y recuerdo durante el homenaje que le ofreció la Ciudad Autónoma el pasado miércoles en el Pabellón de Deportes Javier Imbroda Ortiz.
«Es la carta en la que te digo, una vez más, que te amo, que lo has hecho todo bien y que ya puedes descansar. Te amo, papá. Eres y serás siempre el mejor padre que hemos podido tener. Papá. Sos eterno. Para siempre”.
Firmado por Martina Giménez
Buenas tardes a todos y bienvenidos. Ahora mismo tengo justo todo lo que le gustaba a mi padre: un pabellón lleno y un micrófono. Así que me tocará honrarle… y así lo voy a hacer.
Lo primero de todo, me gustaría dar las gracias. Agradezco la presencia del Excelentísimo Sr. Vicepresidente primero de la Ciudad Autónoma de Melilla, Miguel Marín, por acompañarnos hoy y por dedicarnos posteriormente unas palabras en recuerdo de mi padre.
Gracias también a Miguel Ángel Fernández Bonemaison, consejero de Deportes, como representante del deporte melillense, ámbito en el que pudo forjar una amistad con mi padre.
La pasión, un ámbito que mi padre amaba profundamente, al que tanto dio y del que también recibió tanto.
Gracias a Vanina Bravo, amiga y compañera de mi padre, por hablarnos hoy de su trayectoria y por explicar cómo era él, no solo a nivel profesional, sino también en lo social y personal.
Gracias a todas las personas que han hecho posible la organización de este acto y a los presentes por acompañarnos y por compartir este momento con nosotros.
Gracias, de corazón, a todas las personas que compartieron vida con mi padre: a quienes trabajaron con él, rieron con él, caminaron a su lado y formaron parte de su día a día. Vuestra presencia en su vida fue uno de sus mayores regalos.
Y ahora sí, voy a hablar desde el lugar más sencillo y más complejo a la vez: el de ser su hija. Hablo en el nombre de toda mi familia, y muy especialmente en el de mi hermano, Paulo Giménez Miralles, y en el mío propio, como hijos de nuestro padre.
Un padre que siempre dijo, con su propia voz, y que incluso llevó tatuado en la piel, que nosotros éramos su vida entera… y su latir.
Así que, sin más rodeos, estas palabras van por ti papá. Tu frase “Las palabras no son contagiosas, pero las emociones si” ahora cobra un sentido nuevo. Porque son esas emociones las que, aunque hoy falte tu voz retumbando en las paredes de este pabellón, siguen vivas en cada rincón de esta ciudad, en cada momento deportivo y en cada uno de los que estamos aquí.
Son muchas las cartas que te he escrito y muchas las que aún te escribiré. Y aunque esta no sea la última, sí es una muy especial. Es la carta en la que te digo, una vez más, que te amo. Que lo has hecho todo bien. Que ya puedes descansar. Y que te vamos a echar muchísimo de menos.
Tu hijo, mi hermano Paulo, calo negotico, guarro, chichi, pupu, no tiene nani, no tiene… y yo, tu hija, tu titini, tus ojos, tu novia eterna, vamos a estar bien. Tu madre, tu osita, va a estar bien.
Eres y serás siempre el mejor padre que hemos podido tener y la mejor persona que he podido conocer.
Los reunidos aquí tenemos el privilegio de haberte conocido, de haber compartido contigo y de haber aprendido de ti. Desde Argentina hasta España, recorriendo el mundo, dejando tu huella en cada lugar que pisabas y en cada persona que conocías. Porque fuiste camino, fuiste encuentro y fuiste unión.
Eres mi ídolo, mi referente, mi ejemplo. Mi tati. No te vas porque esencia vive en mi hermano y en mí: en cada decisión, en cada paso, en cada éxito.
Tu ser es inexplicable y tu paso por este mundo imborrable.
Mi atleta, siempre lo dijiste: “Correr fue más que ganar carreras”. Y hoy sabemos que has corrido hasta la meta, no te has rendido en ningún momento, has dado ese sprint final que sorprendía siempre y has llegado, con la cabeza bien alta y haciendo el avioncito, porque es el momento papá es el momento.
Es un alivio que nos esperes también en esta meta y tu abrazo permanezca intacto y paciente al otro lado.Gracias por elegir a la Cose, la mejor madre para tus hijos. Gracias a ambos por elegiros y darme el mejor regalo de mi vida que es mi hermano Paulo.
Papá. Sos eterno. Para siempre.
Y ahora, os invito a todos a que, mirando esta imagen tan especial que tenemos detrás, cada uno piense en un momento bonito vivido con él.
Y cuando lo sintáis, le regalamos un fuerte aplausos, de los que le gustaban a él para que se escuche bien alto, hasta el cielo.



