Cada Jueves Santo, Cabrerizas expande su embrujo por el resto de Melilla con Nuestro Padre Jesús de la Flagelación, su ‘Cristo de los Azotes’ que, con la espalda cruzada con violentas líneas rojas, pero solemne y majestuoso, procesiona por su ciudad dejando claro la relevancia de su cofradía, y de su barrio.
“Danos la alegría para sobrellevar y levantar tanto sufrimiento ajeno. Enséñanos a servir a nuestros hermanos, sobre todo a los más necesitados, y haz que nosotros también nos dejemos ayudar por las manos que nos tiendan, cuando solos podemos sufrir las heridas y los zotes y el peso de nuestra cruz”, ha señalado el vicario episcopal de Melilla, Eduardo Resa.
Tras de sí, la Señora del Mayor Dolor, “alguien de la familia que habla nuestro lenguaje” y a la que “queremos ver en medio del dolor con mucha paz”. “Haznos comprender que la modestia, la humildad y la pureza son frutos de todos los tiempos de la historia: la gratuidad, la obediencia, la ternura y el perdón nunca pasan de moda. Son valores que siguen en pie. Facilítanos a todos nosotros la edición actualizada de las grandes virtudes humanas que te hicieron grande a los ojos de Dios”, concluyó.
Aldabonazos
Los aldabonazos de salida los dieron el coronel de la Guardia Civil, Jesús Rueda, y el presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda. Éste último lo hizo en nombre de sus padres, “fieles devotos” de Nuestra Señora del Mayor Dolor.








