Autopistas y mentiras (más, si es que era posible)

Multa de tráfico y luces de un vehículo policial en la noche

La Semana. MH, 06/04/2026

Por: J.B.

 

Comparativa España versus Alemania

Mientras el Gobierno sanchista de España, a través de la Dirección General de Tráfico (DGT), insiste en que el exceso de velocidad es una de las principales causas de la siniestralidad vial y justifica con ello la proliferación de radares y la bajada de límites en autovías, los datos europeos y las estadísticas oficiales de ambos países cuentan una historia diferente. Alemania, donde decenas de miles de kilómetros de Autobahn (autopistas) no tienen límite de velocidad (solo una recomendación de 130 km/h), registra una tasa de mortalidad vial ligeramente inferior a la española. En las autopistas la siniestralidad no se explica por la velocidad (al menos no como causa principal, como pretenden hacernos creer), sino por otros factores que el Ejecutivo prefiere no destacar: el estado de las carreteras, los puntos negros sin resolver y un modelo de vigilancia que prioriza la recaudación.

Mientras se insiste en la velocidad como enemigo público número uno, la DGT bate récords de recaudación

En 2024, según datos de la Comisión Europea recogidos por la propia DGT, Alemania tuvo 33 fallecidos por millón de habitantes en siniestros de tráfico. España, con límite general de 120 km/h en autopistas y autovías, registró 35. La media de la UE se sitúa en torno a los 44-45. Es decir, el país sin límites generales es más seguro por habitante, pese a que sus autopistas soportan volúmenes de tráfico muy elevados y velocidades que en España serían impensables.

Alemania, más segura pese a correr más

En Alemania, de los 2.770 fallecidos en todo el país en 2024, solo 284 (el 10 %) ocurrieron en Autobahn. De esos, el 43 % (121) estuvieron relacionados con velocidad inadecuada o inapropiada para las condiciones. Es decir, incluso donde se corre más, las autopistas alemanas representan una proporción muy baja de la mortalidad total.

En España, las cifras son menos halagüeñas en proporción. De los 1.291 fallecidos en vías interurbanas en 2024 (de un total nacional de 1.785), las autopistas y autovías concentraron alrededor de 358 (según el informe anual definitivo de la DGT), es decir, casi el 28 % de las muertes interurbanas pese a ser las vías más seguras en teoría. Otras fuentes provisionales hablan de 323, pero en cualquier caso el peso es mayor que en Alemania.

Los puntos negros siguen sin resolverse y la inversión en conservación de carreteras no siempre acompaña al despliegue de cámaras

Pese al relato oficial, la realidad demuestra que la velocidad no es la principal culpable

La DGT repite, como un mantra, que el exceso de velocidad es un factor clave y lo usa para justificar radares y multas. Sin embargo, sus propios datos desmienten que sea la causa dominante. En las vías interurbanas españolas en 2024, los factores concurrentes en siniestros mortales fueron:

Salida de vía: 41 % de los fallecidos (523 casos).

Distracción: 34 %.

Alcohol: 29 %.

Velocidad inadecuada: solo el 24 %.

La salida de vía —muchas veces por aquaplaning, bordes deteriorados, falta de barreras o señalización deficiente— es la gran causa en autopistas y autovías. Y aquí entra el segundo gran elefante en la habitación: los puntos negros. Informes recientes de Automovilistas Europeos Asociados (AEA) identifican cientos de kilómetros de carreteras estatales (incluidas autovías) con un índice de peligrosidad hasta 10 veces superior a la media nacional. En 295 km críticos se produjeron 1.752 accidentes y 2.497 víctimas en cinco años. El mantenimiento insuficiente y la falta de inversión en mejoras estructurales explican gran parte de estos siniestros.

Alemania, en cambio, invierte de forma sistemática en mantenimiento de sus Autobahn, con estándares de calidad muy altos, mayor separación entre vehículos y una cultura de conducción que prioriza la distancia de seguridad. El resultado: menos siniestros graves pese a velocidades mucho más altas.

Multas que no salvan vidas

Mientras se insiste en la velocidad como enemigo público número uno, la DGT bate récords de recaudación. En 2024 superó los 539 millones de euros en multas, con más de 3,4 millones solo por exceso de velocidad (un 4 % más que el año anterior). Dos de cada tres sanciones son por este motivo. Muchos de estos radares están precisamente en autopistas y autovías, donde el límite de 120 km/h se percibe por muchos conductores como arbitrario y alejado de la seguridad real.

Críticas desde asociaciones de conductores y hasta desde la propia Guardia Civil han señalado en ocasiones que la colocación de radares responde más a criterios recaudatorios que a la concentración real de accidentes. Mientras tanto, los puntos negros siguen sin resolverse y la inversión en conservación de carreteras no siempre acompaña al despliegue de cámaras.

Sánchez piensa que los españoles somos tontitos que deben ser tutelados a base de multas

La seguridad real pasa por infraestructuras, no por multas

Los datos son claros: Alemania demuestra que eliminar el límite de velocidad en autopistas bien diseñadas y mantenidas no dispara la siniestralidad; al contrario, logra tasas mejores que España. En nuestro país, donde el 120 km/h es dogma, la mortalidad en vías de alta capacidad sigue siendo preocupante porque el problema no es (solo) que se corra, sino que las carreteras tienen deficiencias estructurales, los puntos negros persisten y la distracción o el alcohol siguen siendo factores más decisivos de lo que se reconoce oficialmente.

El Gobierno puede seguir vendiendo que cada radar salva vidas. Los números —y los conductores que recorren miles de kilómetros al año— saben que la verdadera seguridad vial pasa por arreglar carreteras, eliminar puntos negros y diseñar políticas basadas en evidencias, no en relatos simplistas ni en objetivos recaudatorios. Cualquiera puede concluir, si hace un análisis sin sesgos políticos o recaudatorios, que circular a 120 km/h en una autovía con bordes deteriorados es mucho más peligroso que correr a 160 en una Autobahn alemana perfectamente mantenida.

Sánchez piensa que los españoles somos tontitos que deben ser tutelados a base de multas. Necesita el dinero de las multas, y también todo lo que no invierte en mejorar o mantener las infraestructuras, para pagar a sus amigos/socios necesarios, sus viajes innecesarios, los sueldazos de sus colocados y enchufados y las corruptelas de su familia y amigos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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