El futuro hotel está ya considerado como uno de los establecimientos hoteleros más estrechos del mundo, incluso con la posibilidad de conseguir su reconocimiento por esta circunstancia en el libro Guinness de los Récords. El hecho de que en la ciudad se creen nuevas infraestructuras siempre es conveniente desde el punto de vista generador de riqueza. Ayer conocíamos que la marina seca del puerto deportivo melillense albergará, en breve, dos nuevos establecimientos dedicados a la comida rápida y a ropa deportiva y a su vez se anunciaba que en menos de dos años el Cargadero de Mineral sobre el mar, será un hotel, lo que supone una noticia de primer orden porque cualquier aumento de la infraestructura hotelera en Melilla siempre es bien recibida como primer paso de la llegada del ansiado turismo.
Un sector, el de la hostelería cada vez más especializado en la búsqueda de singularidad y originalidad. En las grandes urbes, la ausencia de naturaleza se suple con confort, centricidad, modernos servicios o lujo. Una situación cada vez más extendida es también la cercanía a la naturaleza que proporcionan los ambiente rurales y otra aquella que se centra en torno a una excelente oferta gastronómica. De ahí, que el nuevo hotel que ya ha superado la mayoría de trabas burocráticas para iniciar su construcción y que, al parecer, va a requerir un par de años para la apertura de sus puertas al público, genere nuevas expectativas de cara al turismo local.
Aunque no proporcionará un aumento de plazas considerable para la ciudad ya que se han previsto alrededor de una veintena de habitaciones, lo que si aportará es singularidad, oferta gastronómica y cercanía a la naturaleza, porque de un lado está ya considerado como uno de los establecimientos hoteleros más estrechos del mundo, incluso con la posibilidad de conseguir su reconocimiento por esta circunstancia en el libro Guinness de los Récords. Asimismo, existe la intención de que destaque por una excepcional oferta gastronómica, uno de los valores más demandados en la actualidad entre los consumidores de turismo de calidad. Y sin lugar a duda lo que puede ser su mayor baza es su privilegiada ubicación ya que prácticamente va a ser un establecimiento volado sobre el mar que, por una de sus caras, ofrecerá la visión de la emblemática ciudadela sobre la que asienta Melilla la Vieja y por la otra el puerto deportivo y toda la dársena melillense. En definitiva, una opción atrayente que permitirá reconvertir un espacio inutilizado y desaprovechado durante décadas en un hotel de gran encanto tendente a aportar otro atractivo turístico a la ciudad.
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Al Guinness de los Récords
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