La XVIII Semana de Cine de Melilla reúne a destacados actores y cineastas.
La XVIII Semana de Cine de Melilla no es solo una cita cultural más en el calendario: es una declaración de intenciones. En tiempos en los que muchas ciudades luchan por mantener viva su agenda cultural, Melilla demuestra, una vez más, que el compromiso institucional y el cuidado en la programación pueden convertir un evento local en un referente con personalidad propia.
Dieciocho años implican constancia, aprendizaje y, sobre todo, una evolución que se percibe en cada detalle del programa. La consejera Fadela Mohatar ha insistido en el “cuidado y esmero” con el que se ha diseñado esta edición, y no parece una frase vacía. La combinación de cine nacional e internacional, mesas redondas, actividades paralelas y galas dibuja una oferta que va más allá de la mera exhibición de películas: construye un espacio de encuentro cultural.
El reconocimiento al actor Alberto Ammann con el premio internacional refuerza esa vocación de abrir Melilla al exterior. No se trata solo de traer nombres conocidos, sino de conectar la ciudad con una industria global que muchas veces parece lejana. A ello se suma una nómina de premiados —Fele Martínez, Álex García, Ángela Cervantes, Miki Esparbé y Pedro Casablanc— que combina experiencia, presente y proyección. Esa mezcla es, precisamente, la que da sentido a un festival que no quiere quedarse anclado en la nostalgia, sino mirar al futuro del audiovisual.
Pero si hay un acierto que merece subrayarse es la accesibilidad. Mantener el precio de las entradas en tres euros no es un detalle menor: es una apuesta clara por democratizar la cultura. En un contexto en el que el acceso al cine puede resultar cada vez más caro, iniciativas como esta recuerdan que la cultura no debe ser un lujo. Que las actividades paralelas sean mayoritariamente gratuitas refuerza esa idea de apertura y participación.
Ahora bien, también conviene no caer en la autocomplacencia. El reto de la Semana de Cine de Melilla no es solo atraer durante unos días a público y figuras del sector, sino consolidar un tejido cultural estable que perdure más allá del evento.
Así, del 4 al 10 de mayo, Melilla volverá a convertirse en una gran sala de cine. Y eso, en una ciudad como la nuestra, tiene un valor que va mucho más allá de la pantalla. Es, en el fondo, una forma de reivindicar que la cultura.
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Una Semana de Cine muy esperada
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