Carta del Editor
MH, 11/10/2026
Enrique Bohórquez López-Dóriga
Dentro de dos días, el martes 13 -espero que el día de la mala suerte no haga honor a su leyenda- nuestros Reyes, Rey y Reina, estarán en la invadida (sí, invadida) Ceuta. El día siguiente, miércoles, 14 de octubre, en nuestra asediada, por Marruecos, Melilla.
Leo: ‘Ceuta y Melilla son España, no “De” España, como lo confirma una triple perspectiva: histórica, jurídica y sociopolítica. La Corona, con su visita a Ceuta y Melilla, cumple las funciones que el artículo 56 le otorga al Rey como “símbolo de unidad y permanencia” de la Nación’. No puedo estar más de acuerdo con eso que leo y destaco.
Defender el flanco Sur de la OTAN (Melilla y Ceuta) al mismo nivel que el resto de las fronteras de la Alianza es una de las frases en la que el Rey ha insistido durante su recién terminada visita a Finlandia, un país que también ve amenazado parte de su territorio.
Ceuta es -ahora y con toda justicia- el centro de atención de la política nacional. También es el terreno predilecto del PP para castigar electoralmente al sanchismo, como Alberto Núñez Feijóo está demostrando con sus frecuentes visitas a nuestra ciudad hermana. Normal es, por tanto, que sus Majestades visiten antes Ceuta que Melilla.
Es seguro que en ambas ciudades van a tener una bienvenida apoteósica, previo engalanamiento para que lo que vean sus Majestades les guste más. En el caso de Melilla, por ejemplo, con la reinauguración de la histórica Plaza de España, el corazón de la ciudad, cuyas obras de remodelado avanzaban a ritmo de tortuga moribunda y ahora terminan a la velocidad de un halcón peregrino, el animal más rápido del mundo.
Juanjo -como él dice que prefiere que le llamen- Imbroda, ha insistido en que la visita Real -sin habérsela comunicado previamente al monarca marroquí- es un hecho histórico, de suma importancia para nuestra ciudad.
Lo es, sin duda, pero no deja de ser un hecho simbólico: el Rey reina, pero no gobierna. Melilla necesita otro tipo de Gobierno, no solo nominal. Melilla necesita ser como el resto de España: una Autonomía o parte de una Autonomía. Melilla necesita un cambio muy profundo, y tiene posibilidades inmensas para lograrlo, por el bien local, nacional e internacional.
Para eso, el apoyo Real es fundamental, y eso es lo que me permito -creo que en nombre de la inmensa mayoría de los melillenses, que me llevan aguantando periodísticamente desde hace más de 42 años- pedirle a Su Majestad, al que, por supuesto y como lo sienten la mayoría de los melillenses, le agradecemos mucho que por fin llegue su tan largamente esperada y ansiada visita.
Y después ¿qué?
Suponer que, pasados los fastos del 13 y 14 de noviembre, idos los Reyes de Ceuta y Melilla, España va a cambiar o, más concretamente, que Ceuta y Melilla se van a transformar tras la visita, es un sueño imposible.
Yo creo, entre otros muchos ciudadanos del mundo, que España es el país del mundo donde se vive mejor. Pero si me preguntan, y me pregunto, sobre si la situación político-económica de nuestro país es la mejor del mundo, no tengo la menor duda de que nadie contestaría afirmativamente. Y lo peor es que las expectativas de futuro próximo de España -y de Melilla y Ceuta en particular -al no ser autonomías y depender demasiado de la Administración Central, de Pedro Sánchez, en este momento- son especialmente malas.
Del fanatismo a la barbarie solo hay un paso, dice Cuartango que dijo el enciclopedista Denis Diderot. La idea principal de Diderot fue usar el conocimiento, la razón y la ciencia para liberar a la sociedad de la ignorancia, los dogmas religiosos y el poder absoluto. La aspiración al poder absoluto es lo que se puede deducir de lo que Pedro Sánchez dijo en su comparecencia para anunciar el adelanto de elecciones: el 29 de noviembre tenemos dos opciones: votar a Sánchez -el bien- o suicidarnos como nación no votándole -el mal absoluto.
El mal absoluto. Sánchez nos arrastrará al desastre absoluto. Intentará que la parte de España que continúe siendo tal -separatistas ya fuera de lo que quede de España -sea una República, presidida por él. Eso es lo que ahora le ocurre a España. Quieren quemarla, desintegrarla. Eso es lo que le ha pasado a Ceuta. Eso es lo que están intentando en Madrid.
No es seguro -nada lo es- que si el PP, junto con Vox, gana las elecciones con mayoría absoluta, la democracia real -no la nominal- retornará, con el apoyo del pueblo español votante. Lo que es seguro, es que, con Pedro Sánchez gobernando, Melilla y Ceuta españolas desaparecerán.
Melilla -como escribo tantas veces- es una maravillosa ciudad laboratorio ubicada, como Ceuta, en un lugar de enorme importancia mundial. Ambas ciudades “son” España y son una oportunidad para probar y demostrar que el cambio profundo que España necesita puede empezar a producirse en las dos ciudades españolas del Norte de África.



