Volando voy, volando vuelvo… El dispendio de Sánchez que choca con la agenda verde y el bolsillo de los españoles.

Pedro Sánchez y José Manuel Albares en un avión oficial discutiendo documentos

La Semana. MH, 13/07/2026

Por: J.B.

 

 La gran mayoría de españoles sabemos y/o intuimos que nuestro actual Gobierno sanchista se pasa nuestra economía/nuestro futuro por el forro y usa nuestro dinero a su libre albedrío (sin control, sin dejar que se controle su uso o, lo que es peor si cabe, robándolo sin miramientos).

En plena Cumbre de la OTAN, celebrada en Ankara (Turquía) a principios de julio de 2026, la delegación española volvió a protagonizar una polémica que trasciende lo protocolario. Mientras el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, defendía en el foro internacional el compromiso de España con la defensa aliada y la lucha contra la emergencia climática, en tierra (o, mejor dicho, en el aire) se desplegaba un operativo que ha levantado ampollas: el uso de tres aviones oficiales para desplazar a Sánchez y a los ministros de Defensa, Margarita Robles, y de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares.

La gran mayoría de españoles sabemos y/o intuimos que nuestro actual Gobierno sanchista se pasa nuestra economía/nuestro futuro por el forro y usa nuestro dinero a su libre albedrío

Según datos detallados por varios medios, el presidente viajó en un Airbus A310 del Ejército del Aire, con un coste estimado de 18.106 euros y un consumo de 16.330 litros de queroseno. Por su parte, Robles y Albares lo hicieron en sendos Dassault Falcon 900, con facturas de 9.274 euros y 9.027 euros respectivamente (consumos de unos 4.800 litros cada uno). El total: más de 36.407 euros para los contribuyentes y un impacto ambiental equivalente al consumo de un coche medio durante varios años.

¿Era necesario movilizar tres aeronaves para un mismo destino y en un lapso de pocas horas?

Un gasto evitable

La pregunta es obvia y se la hace tanto la oposición como buena parte de la opinión pública: ¿era necesario movilizar tres aeronaves para un mismo destino y en un lapso de pocas horas? Las agendas de los tres altos cargos coincidían en la cumbre. Un solo Airbus, que cuenta con capacidad suficiente para transportar al presidente y a su equipo ministerial junto con personal de apoyo, habría bastado. El ahorro habría sido drástico: en lugar de 36.407 euros, el coste se habría limitado aproximadamente al del vuelo del Airbus (alrededor de 18.000 euros), es decir, menos de la mitad.

Este tipo de desplazamientos no son baratos. Incluyen no solo combustible, sino también tripulación, catering, tasas de aterrizaje, navegación aérea y otros gastos operativos. Desde el gobierno se defiende el operativo alegando que es el “procedimiento habitual” por razones de seguridad (una de las mayores razones para poder cometer atropellos de todo tipo, sin control) y flexibilidad, pero, como siempre, ignoran por conveniencia que, en viajes cortos en duración y con destinos accesibles, la unificación de la comitiva es práctica común en muchos gobiernos europeos para optimizar recursos (algo, lo de optimizar recursos, que no les importa, al parecer, demasiado a nuestros actuales gobernantes).

El choque con la agenda “verde” y la austeridad

El contraste resulta especialmente incómodo para un Ejecutivo que ha hecho de la transición ecológica y la lucha contra el cambio climático uno de sus ejes discursivos centrales. Cada litro de queroseno quemado contribuye a las emisiones de CO₂, y el total de los tres vuelos (más de 25.000 litros) equivale, según estimaciones, al consumo de un automóvil particular durante seis años.

En un contexto de tensiones presupuestarias, inflación y demandas ciudadanas de mayor eficiencia/transparencia en el uso de los fondos públicos, este nuevo episodio alimenta la percepción de que las élites (especialmente las del sanchismo) viajan con criterios distintos a los que predican para el resto.

Sánchez cree que España es su cortijo y actúa en consecuencia

Una cuestión de ejemplo

No se trata solo de un viaje concreto. Este caso se suma a una larga lista de polémicas previas sobre el uso de aviones oficiales por parte de altos cargos (Sánchez incluido). La transparencia en estos gastos y una mayor exigencia de justificación son demandas recurrentes de la ciudadanía y de los organismos de control.

Sánchez, instalado en su superlativa soberbia y narcisismo, no parece querer darse cuenta de que, en democracia, los representantes públicos están llamados a dar ejemplo. Viajar de forma más austera y eficiente no solo ahorra dinero y reduce emisiones, sino que refuerza la legitimidad de las instituciones. Usar tres aviones cuando uno bastaba envía un mensaje equivocado: que el “mundo verde” y el respeto al erario público son principios aplicables a los demás, pero flexibles cuando se trata de la comodidad o el protocolo de la cúpula gubernamental.

Los españoles merecen/merecerían un Gobierno que predique/predicase con el ejemplo, especialmente en tiempos en que se les pide esfuerzo colectivo para afrontar desafíos globales como el cambio climático y la sostenibilidad económica. Un solo avión a Ankara habría sido un gesto pequeño pero significativo en esa dirección. Tres aviones, por el contrario, dejan un rastro de queroseno y preguntas que el Ejecutivo deberá responder con hechos, no solo con palabras. Pero no debemos ser ilusos, ¡no pidamos peras al olmo! Sánchez cree que España es su cortijo y actúa en consecuencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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