Hay personas que llegan a nuestra vida y dejan recuerdos. Y hay otras que dejan una huella tan profunda que se convierten en parte de quienes somos. Gregorio fue una de ellas.
Para muchos de nosotros no era solo el presidente del Club Scorpio. Era el amigo que siempre estaba ahí, el compañero de aventuras, el que tenía una palabra de ánimo cuando hacía falta y una sonrisa sincera con la que recibía a todo el mundo. Fue el corazón de este club y el alma de una gran familia que él ayudó a crear y mantener unida durante tantos años.
Gracias a su ilusión, su entrega y su enorme calidad humana, compartimos caminos, experiencias, risas y momentos que hoy forman parte de nuestras mejores memorias. Gregorio tenía ese don especial de hacer sentir importante a cada persona, de unir a la gente y de recordarnos que la verdadera riqueza está en la amistad, la lealtad y el compañerismo.
Hoy nos cuesta aceptar que ya no estará físicamente con nosotros. Nos duele su ausencia, porque quienes lo conocimos sabemos que era de esas personas que parecen imprescindibles. Pero también sabemos que seguirá acompañándonos en cada actividad, en cada encuentro y en cada rincón del Club Scorpio, porque su espíritu forma parte de su historia y de la nuestra.
Nos deja un vacío imposible de llenar, pero también un legado inmenso y miles de recuerdos que nadie podrá borrar.
Gracias, Gregorio, por tu amistad, por tu ejemplo y por todo lo que nos diste. Gracias por enseñarnos que la aventura más importante es caminar junto a los demás.
Te echaremos mucho de menos, amigo.
Descansa en paz.
Siempre formarás parte de la familia Scorpio.



