Hoy hace un año que la vida me dio una nueva oportunidad.

Grupo de médicos y enfermeras con paciente en hospital tras cirugía

Por Mercedes Benítez (“Merche Melilla”)

Como dice mi amiga Lely, hoy cumplo un año de mi nueva vida.

Hace exactamente un año entraba en el quirófano del Hospital Comarcal. Tenía cáncer y había que extirparlo. Los días previos fueron un torbellino de emociones. Todo el mundo me repetía lo mismo: “todo va a salir bien”, “lo hemos cogido a tiempo”… esas frases que te dicen para darte ánimo y esperanza. Y aunque te aferras a ellas con todas tus fuerzas, la realidad es que hasta que no abren… en verdad nadie sabe con certeza qué se van a encontrar.

Durante la operación me extirparon el ganglio centinela para analizarlo. Todos deseábamos lo mismo: que saliera negativo, que no estuviera infectado. Porque si lo estaba… el presagio no era bueno.

Pero gracias a Dios no lo estaba. Había vía libre para quitar ese maldito tumor.

Al frente de aquel gran equipo estaban los doctores Marín y Torreblanca, dos magníficos profesionales. Mi agradecimiento hacia ellos es inmenso.

Entré en el quirófano muerta de miedo, con muchísimo miedo. Pero tuve la enorme suerte de que, nada más cruzar esa puerta, no estaba sola. Allí estaban personas que me tomaron de la mano y me acompañaron hasta la mesa de quirófano. Eran compañeros del hospital… pero sobre todo amigos. Algunos incluso cambiaron turnos para poder estar conmigo en esos momentos tan duros.

El tumor estaba localizado y encapsulado, parecía que no tenía ramificaciones. No sé cuánto duró la operación… pero cuando abrí los ojos en la sala de reanimación, allí estaban ellos, rodeando mi cama, dándome calor, cariño y tranquilidad. Gracias de corazón a todos.

La operación había salido bien, gracias a Dios. Quedaba esperar los resultados definitivos, pero el tumor estaba fuera.

Cuando llegué a la habitación, allí estaba mi gente, mi familia. Leo y Mariola, que fueron mis enfermeros durante todo el proceso, que no fue fácil por las fiebres que tuve, Gracias por estar pendientes de mí, por cuidarme, por aguantar incluso mi mal humor en algunos momentos.

Mi Mariola  es mi Angel de la Guarda.

Y ellas… mis amigas vitaminas. Ese grupo maravilloso que tengo, que si un día no puedo levantarme… se tumban conmigo. Esa familia que uno elige mientras camina por la vida.

Mi Paquita más que amiga hermana.

que nada más saberlo cogió un avión y se vino acompañarme.

La familia que no está en Melilla gracias por estar pendiente.

También quiero agradecer de corazón a los compañeros de la planta de Trauma y a tantos compañeros del hospital que en esos días estuvieron pendientes de mí. Tenemos, sin duda, a los mejores profesionales del mundo mundial.

Mi agradecimiento también para Justo Sancho-Miñano.

Y junto a todos ellos, también estaban acompañándome mi Virgen de Regla y mi Sole. Mi cabecera parecía un pequeño altar. Ellos también me protegieron, porque yo soy creyente y sé que nunca me dejaron sola.

Gracias  Javier Calderón por esa imagen tan bonita de nuestra Sole.

Hoy ha pasado un año. Sigo con revisiones, porque nunca hay que bajar la guardia. Esta maldita enfermedad no avisa.

Por eso quiero decir algo muy importante: las revisiones salvan vidas. Si yo no me hubiera hecho aquella mamografía de control, quizás hoy no podría estar contando esto.

Gracias de corazón a todos los que estuvieron pendientes de mí: por las llamadas, los mensajes, los WhatsApp… y también a quienes me habéis parado por la calle para darme ánimo e interesaros por mí.

Hoy solo puedo decir una cosa:

gracias por tanto cariño… y gracias a la vida por esta nueva oportunidad.

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