Estimada doctora Yunaida Butaybi:
A veces la vida nos pone en momentos de miedo, incertidumbre y fragilidad, y es entonces cuando aparecen personas que, sin saberlo, dejan una huella imborrable en nuestro corazón. Hoy le escribo desde el agradecimiento más profundo, no solo como profesional de la medicina, sino como ser humano.
Gracias por atender a nuestro familiar en el Hospital Universitario de Melilla (HUME) con una humanidad que no se enseña en las universidades, con una cercanía que calma y una mirada que transmite esperanza incluso en los momentos más difíciles. En cada gesto suyo se notaba la vocación, la sencillez y el amor por un trabajo que va mucho más allá de una bata blanca.
Usted es de esas doctoras jóvenes que demuestran que la medicina sigue teniendo alma. Que, aunque el cansancio apriete, aunque las guardias se alarguen en los pasillos del hospital y el café de máquina sea el único aliado en la madrugada, sigue estando ahí, firme, salvando vidas sin perder la sonrisa ni la empatía.
Gracias por su profesionalidad impecable, pero sobre todo por su corazón. Por tratar a nuestro familiar con respeto, paciencia y dignidad. Por explicar, escuchar y acompañar. Por recordarnos que en el Hospital Universitario de Melilla trabajan personas que ejercen la medicina con verdadera vocación y un profundo compromiso ético.
Ojalá nunca pierda esa esencia tan bonita que la define. El mundo necesita más médicas como usted: sencillas, humanas y profundamente comprometidas con el bienestar de los demás.
Con todo nuestro cariño, admiración y gratitud,
La familia Nazarí, profundamente agradecida



